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Secretos de la biblioteca

Maritza Espinoza

Ezio Neyra en una de las modernas bóvedas del cuarto piso de la Biblioteca Nacional. Fotografía: Michael Ramón
Ezio Neyra en una de las modernas bóvedas del cuarto piso de la Biblioteca Nacional. Fotografía: Michael Ramón

En un año, la Biblioteca Nacional del Perú cumplirá 200 años, los mismos que cumple la República. Su nuevo director, Ezio Neyra, nos conduce por sus ambientes que son una fascinante mezcla de pasado y futuro, de lo digital y lo impreso, donde lo único inalterado e inalterable es la palabra.

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“La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden)”. Jorge Luis Borges / La Biblioteca de Babel

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La bóveda de la Biblioteca Nacional de San Borja es una curiosa fusión de pasado y futuro. Por dentro, hileras de lomos de antiguos libros carcomidos por los siglos, volúmenes únicos e incunables salidos de la Edad Media. Por fuera, modernisimas y blancas, las puertas de las bóvedas que los custodian y que parecen salidas de una película de ciencia ficción.

Y, en medio, altísimo y con ese aire hipster tan distante de la imagen que uno tendría del director de una biblioteca, Ezio Neyra, el escritor que, desde hace pocas semanas, se encarga de conducir esa institución por cuya dirección pasaron Jorge Basadre, Manuel González Prada y, el más emblemático, Ricardo Palma.

No lo buscó, pero hace un buen tiempo que el destino de Neyra estaba ligado a los libros. No solo fundó la Asociación Civil Niño Lee, sino que, hasta hace un par de años, estuvo a cargo de la Dirección del Libro y la Lectura del Ministerio de Cultura, desde donde logró impulsar la feria La Independiente, el Premio Nacional de Literatura y la mesa para la Ley del Libro, esa promesa mil veces postergada por todos los gobiernos.

• ¿Esperaba dirigir la biblioteca? ¿Todo escritor lo sueña?

No lo esperaba, pero cuando surgió la posibilidad, inmediatamente me interesé y sentí que estaba, por un lado, preparado para el reto y, por otro, con muchas ganas de aceptar y empezar a trabajar. Pero no sé si todos los escritores quisieran este cargo. La experiencia que te da ser escritor no te prepara para un trabajo como este. Se requieren otras expertises.

• Me refiero a esto de vivir entre libros, como Borges (sin duda el director de biblioteca pública más famoso).

Eso sí. En los pocos espacios de tiempo que me quedan he ido a conocer algunos de los libros valiosos de la biblioteca. En un recorrido que hice, encontré la primera edición de Los Heraldos negros dedicada a José María Eguren. ¡Una belleza! Imagínate. Dos de nuestros más grandes poetas en un solo libro.

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La escena cobra velocidad de cámara lenta cuando Laura Martínez, jefa del Departamento de Custodia de la BN, se abalanza para evitar que la punta de mi dedo índice choque con un antiguo tomo que se guarda en una de las bóvedas. Ante mi sorpresa, sonríe y me explica: “Cualquier daño en un libro es irreversible”.

Las bóvedas ubicadas en el cuarto piso son, además de modernas, inexpugnables. Solo tres personas tienen acceso a ellas, entre ellos el director de la BN y la propia Martínez.

Los antiquísimos volúmenes se resguardan a una temperatura entre 18 y 20 grados y se manipulan con el cuidado más extremo, siempre usando guantes y unas espátulas especiales para pasar las hojas.

No es para menos. Allí están auténticas joyas bibliográficas, como la colección del expresidente argentino Agustín Pedro Justo, que Jorge Basadre compró después de que un incendio en 1943 dejara la biblioteca sin libros. También está parte de los volúmenes saqueados durante la Guerra del Pacífico que, posteriormente, fueron devueltos por el Gobierno chileno. Entre estos está un libro autografiado por Hipólito Unanue. Además, dos grupos de la Biblia Políglota: la del cardenal Francisco Jiménez Cisneros (1520) y los ocho tomos de la Biblia Regia editada por Benito Arias Montano y auspiciada por Felipe II entre 1568 y 1572. O Crónicas de Aragón, de Gualberto Fabricio Vagad, un incunable invaluable del año 1400.

Gracias a todos los mecanismos de seguridad, se ha logrado disminuir el robo de libros, una de las plagas de gestiones anteriores, a cero. “A pesar de eso, no se puede descansar de los intentos de seguir reduciendo el riesgo”, acota Neyra y agrega: “No se puede decir que todos los trabajadores de la BN o todos los bibliotecólogos sean ladrones de libros. Hay muchos muy valiosos, muy comprometidos, muy con la camiseta puesta. Y son la gran mayoría”.

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• ¿Qué ha cambiado de la visión de una biblioteca del siglo pasado hacia acá?

Ha habido, y eso excede a la biblioteca, un cambio de paradigma de lo impreso, o analógico, a lo digital. Y obviamente la BN y muchas instituciones han ido hacia ese lado. Pero todavía hay una deuda, porque es necesario fortalecer todo lo que tiene que ver con digitalización.

• La biblioteca era un espacio solitario –el lector y su libro–yahora se quiere plantear como un espacio comunitario...

La biblioteca tiene muchas funciones, entre ellas ser ente rector del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas, y las bibliotecas deben ser consideradas no solo como infraestructura cultural, como ha sido históricamente, sino como infraestructura social: espacios donde los ciudadanos vengan a acceder a la información, pero que también le sirvan para conocer a sus vecinos, conversar con su comunidad, crear un ideal de pertenencia e identidad comunitaria.

De la misma idea es Alejandro Neyra, uno de sus antecesores, quien nos dice: “Mi interés estuvo sobre todo en mejorar la sala Delfina Otero para personas con discapacidad visual, algo que por suerte llegué a realizar, y en crear una verdadera red de bibliotecas públicas, al menos una en cada región, algo que aún está por hacer”.

¿Su gran obstáculo? “No haber logrado convencer a las autoridades regionales y de gobiernos locales de que la inversión en las bibliotecas es la mejor inversión pensando en el bienestar de la población”.

Ezio Neyra, sin embargo, es optimista y se muestra dispuesto a convocar a quien sea necesario para lograr su objetivo. “Mi estrategia va a ser hablar con todas las personas con las que tenga que hablar y tratar de convencerlas. Y que pensemos en estos temas como algo que debería ser demandado desde la sociedad civil. Hay que saber comunicar a la población que el derecho a la información es un derecho fundamental”.

• ¿Y los recursos? ¿No serás el nuevo ‘Bibliotecario Mendigo’ (apodo de Ricardo Palma tras el saqueo de la biblioteca)?

(Risas) Para que el Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas sea de calidad debe haber un esfuerzo de la Biblioteca Nacional, pero buscando aliados en diferentes niveles de gobierno, en instituciones del Estado, en la empresa privada y en la sociedad civil organizada.

Y su afán por el diálogo lo ha demostrado sobre la marcha, conversando incluso con la Asociación de Bibliotecólogos que cuestionó su nombramiento con un argumento que le trasladamos a modo de pregunta:

• ¿Solo un bibliotecólogo puede manejar una biblioteca?

La historia demuestra que no, porque ha habido otros profesionales a cargo de la biblioteca. Por supuesto que hay muchos bibliotecólogos capacitados para ejercer un puesto de esta magnitud, pero tampoco creo que solo por el hecho de ser bibliotecólogo ya estés capacitado para la gestión de la institución".