Activista

Greta, la niña del cambio

Les jala las orejas a los líderes globales, y falta a clases para protestar por el cambio climático. La sueca Greta Thunberg, la activista con asperger de 16 años, acaba de ser nominada al Nobel de la Paz.


Renzo Gómez

Domingo, 17 de Marzo del 2019

A los ocho escuchó por primera vez del calentamiento global. A los once, enterada de qué trataba, dejó de hablar y de comer, perdiendo diez kilos en dos meses. A los quince decidió que no iría más al colegio para protestar a las afueras del Parlamento de su país. En víspera de los 16 se plantó frente a los líderes del mundo, en la COP24 de las Naciones Unidas, y les dijo sus verdades. El viernes, con 16 y un par de meses, inspiró una huelga escolar en más de cien países. Y, de paso, en la misma semana fue nominada al Nobel de la Paz.

La sueca Greta Thunberg y el poder de una voz que habla solo cuando es necesario. Diagnosticada con mutismo selectivo, TOC y asperger, la hija de un actor y una cantante de ópera no admite tibiezas por su síndrome, y lo agradece. El hecho de percibir la realidad en blanco y negro, sin matices, ha desbaratado eufemismos. No puede dejar pasar las cosas.

“No quiero tu esperanza. Quiero que entres en pánico. Que sientas el miedo que siento todos los días. Y luego quiero que actúes como lo harías en una crisis. Como si tu casa estuviese en llamas. Porque lo está”, dijo en enero pasado, en un discurso potente, en el marco del Foro Económico Mundial de Davos 2019.

Greta convenció a su familia para que se convirtieran en veganos y dejaran de volar para reducir la huella de carbono. Pero no se queda en individualismos. Sabe que la gravedad del problema se encuentra en la industria y las potencias.

“Debemos reconocer que hemos fracasado. Ni los políticos han sido capaces de revertir la situación con medidas ni la prensa ha podido generar conciencia en la población”.

Con las trenzas firmes y la blusa a cuadros, Greta Thunberg está harta de las ideas optimistas. El 20 de agosto del 2018, cuando cursaba el noveno grado, decidió faltar a clases durante tres semanas hasta las elecciones generales de su país. Pacífica, se sentó junto a un cartel que decía: Skolstrejk för klimatet (Huelga escolar por el clima).

Concluidos los comicios, comenzó a protestar solo los viernes. Sus padres la comprendieron. Y paulatinamente, su gesto diminuto cobró grandes proporciones. Este viernes tuvo lugar el paro climático global escolar en más de 1,500 ciudades de un centenar de países. Han sido los más chicos quienes le han demostrado madurez a los grandes para hablar claro y fuerte.

Las demandas de los estudiantes varían de acuerdo a cada país, pero convergen en un punto: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

“Algunas personas, algunas empresas, saben exactamente qué valores intransferibles han sacrificado para continuar produciendo cantidades inimaginables de dinero. Y creo que muchos de ustedes pertenecen a ese grupo”, espetó Greta en el foro de Davos.

Días antes de la huelga escolar, la jovencita fue propuesta por tres políticos noruegos al Nobel de la Paz. De conseguirlo, sería la más joven de la historia. Hasta entonces, el rótulo le pertenece a la paquistaní Malala Yousafzai que lo honró a los 17 años, en el 2014.

“Propusimos a Greta Thunberg porque el cambio climático, si no lo frenamos, será la principal causa de las guerras, los conflictos y el flujo de refugiados que vendrán”, explicó el diputado Freddy André Ovstegård. “Greta Thunberg lanzó un movimiento de masas en el que veo, quizá, la principal contribución a la paz”.

Greta ha confesado hace poco que halló inspiración en los alumnos del instituto Parkland de Florida, donde perdieron la vida 17 personas, en febrero del 2018, a causa de un tiroteo. Así como en Rosa Parks, la afroamericana y defensora de derechos humanos que en 1955 se negó a cederle su asiento a un hombre blanco en Montgomery, Alabama, en el contexto de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos.

“Sin mi síndrome no sería posible porque probablemente hubiera sido como todos los demás sin pensar mucho en esto”, dice Greta, a quien le asusta un poco ser aclamada por donde va. No está dentro de sus pretensiones ser un ícono, aunque ya lo sea. En un planeta donde los grandes hablan bajito o disfrazan la realidad conforme a sus intereses, Greta Thunberg es la niña del cambio (R. G.).


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