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Javier Cercas: “Siempre hay que luchar contra las mentiras del poder”

Pedro  Escribano

La novela Independencia (Tusquets), situada en 2025, trae a Melchor Marín, el policía protagonista de su anterior novela, Terra Alta. Foto: composición La República
La novela Independencia (Tusquets), situada en 2025, trae a Melchor Marín, el policía protagonista de su anterior novela, Terra Alta. Foto: composición La República

El escritor español ha publicado Independencia, su nueva novela en la que una investigación policial también revela una élite económica y de poder político de Barcelona.

No es un policial, pero tiene mucho de policial. No es política, pero está cargado de hervor político. La nueva novela de Javier Cercas, Independencia (Tusquets), situada en 2025, trae a Melchor Marín, el policía protagonista de su anterior novela, Terra Alta. En este caso, investigará una extorsión sexual a la alcaldesa de Cataluña. La historia se convertirá también en un retrato de la poderosa élite económica y política que anima el deseo independentista de esta región española.

Al principio de la historia, Casas, Vidal y Rosell son una suerte de cachorros vargasllosianos, en este caso de la élite catalana, muchachos formados para ejercer el poder. ¿Coincides en esa lectura?

Sí, por supuesto. Bueno, los cachorros de Vargas Llosa son jovencitos, estos son mayores, aunque parte como jóvenes. Es verdad, tienes razón...

Además, están en un centro exclusivo de estudios, ESADE.

Exacto. Tienes toda la razón, no lo había pensado. Sí, la novela tiene bastante de retrato social duro de una élite económica enquistada en el poder hace mucho tiempo; tóxica, como todas la élites económicas en el poder. Y, en última instancia, tiene lo que dice la editorial del libro, que es un alegato furioso contra la tiranía de los dueños del dinero y de los amos del mundo. La democracia es el mejor invento que hemos creado para protegernos de ellos. Tienes razón, en la novela hay un retrato duro de esa élite.

El rasgo policial de la novela, porque tiene otros rasgos, ¿era el mejor camino para hurgar la política?

No lo sé, es el camino que yo he encontrado. Yo no sé si esta es una novela policial. Borges decía que todas la novelas son policiales. Yo, al menos, puedo decirte que las mías lo son, siempre; las mías y las que a mí me gustan, en la medida en que en todas hay un enigma y hay alguien que quiere resolverlo. En eso consiste el relato policial. Tú mencionabas a Vargas Llosa, la novela La ciudad y los perros es una novela policial desde este punto de vista. Simplemente yo no buscaba escribir novelas policiales, resulta que el protagonista es un policía, eso es cierto y toda Terra Alta e Independencia giran en torno a este policía. Y es verdad que el hecho que él investigue un caso ambientado en la élite política económica barcelonesa es lo que permite la indagación de ese mundo corrupto, violento, de un cinismo feroz. Pero no sé si es una novela policial, si alguien quiere leerla como novela policial, me parece muy bien. Para mí, hay dos tipos de novelas, las buenas y las malas. Todo lo demás es palabrería.

-¿Lo policial es como una lupa para mirar esos meandros de la corrupción, mirar lo sucio de la sociedad?

Sí, es verdad. Tienes razón, pero más que lo policial, la indagación que lleva a cabo el personaje principal, Melchor Marín. Es decir, a través de esa indagación y a través también de la mirada de la contrafigura de Marín, que es Ricky Ramírez, que es el protagonista secreto de la novela –hay dos protagonistas, uno Melchor Marín y el otro Ricky Ramírez, que son uno la otra cara del otro-; a través de ambos personajes, de una investigación policial y del relato que le hace Ricky a Melchor, sí hay una indagación de este mundo, de esta gente sumida en la corrupción enquistada en el poder.

Melchor Marín, que tiene una historia un poco maldita, aquí es una mamá, está abocado también a cuidar a su hija.

Es que Melchor Marín es un personaje esencialmente contradictorio, como lo somos todos de algún modo. Los seres humanos somos contradictorios por definición. Somos capaces de lo mejor y de lo peor. Melchor Marín es así. Alguien lo ha definido como un buen mal policía, como don Quijote era un loco cuerdo. Esa contradicción lo define. Es bueno, muy bueno con los buenos y malo, muy malo con los malos. Puede ser extremadamente violento y, al mismo tiempo, puede ser capaz de una gran ternura. Este personaje me salió así, no buqué que sea así.

Eso que le dice su padre a Ricky Ramírez: “Arrímate a los buenos y serás uno de ellos”, en la novela está planteada como filosofía de vida.

Sí, una filosofía catastrófica de vida. Lo has dicho muy bien. Si yo tuviera que definir esta novela en cuatro frases, diría esta es la historia de un hombre que busca la independencia personal, individual de la manera equivocada. Eso lo que le dice su padre a Ricky es lo mismo que le dijo la madre de Lazarillo de Tormes cuando este se va de casa. Lo que pasa en este caso, lo que Ricky Ramírez entiende y lo que probablemente su padre quiere decirle es “arrímate a los ricos y poderosos, arrímate a la élite económica”, y es lo que hace él. Y lo que hace la élite económica con Ricky es lo que suelen hacer estas élites con quienes se acercan con esos propósitos a ellos. Es decir, utilizarlos para sus propósitos perversos y luego usarlos como papel higiénico. Ricky es lo contrario de Melchor, es una especie de aspirante a pijos, que en Perú lo llaman pitucos. Marín es un antipituco absoluto.

Corre un hilo como de tragedia griega, mientras que Ricky buscaba su justicia, Melchor Marín encuentra en el camino la suya.

La vida es así, ¿no? Cuando buscamos las cosas no las encontramos y a veces no las buscamos y las encontramos. Es puro azar todo. No sé si es el destino es el azar o es que el azar es el nombre que le damos al destino. Melchor se ha pasado obsesivamente años buscando a los asesinos de su madre y va y los encuentra por casualidad. Sí, hay algo de tragedia griega.

La independencia, en su concepto social, histórico, nos lleva a ser libres, pero en la historia de la novela es paradójica. ¿Nos conduce al nacionalismo?

Primero, le puse “independencia” para que todo el mundo me pregunte por qué titula “Independencia”. Segundo, me encanta la polisemia de la palabra, pues es una palabra con muchos sentidos. Aquí, en Cataluña, se le da un sentido político y lo tiene, pero en Latinoamérica y otros sitios, también tiene ese sentido. Pero también hay otros sentidos, personal, individual. Esos títulos, ambiguos, equívocos, polisémicos, me gustan mucho. Shakespeare está lleno de ellos. Yo creo que la palabra “independencia” tiene casi todos los sentidos son positivos, excepto el político. Yo, políticamente, soy dependentista. Creo que cuando más dependamos unos de los otros, mucho mejor. Por eso soy un partidario fervoroso de la Unión Europea, ojalá llegamos a merecer un estado federal en Europa y estoy a favor de aquel el sueño de Bertrand Russell de ser un estado mundial. La idea de la independencia política, es una idea, como tu dices, vinculada al nacionalismo que a principios del siglo XIX, cuando nace, es revolucionaria, emancipatoria, liberadora, progresista y que en el siglo XX se ha convertido absolutamente tóxica y esclavizadora, como demostraron las dos guerras mundiales que destrozaron Europa y medio mundo.

-¿Ese es el carácter político de la novela?

En el fondo, la novelas no es una novela política, pero sí tiene una lectura política. Es decir, lo que le ocurre a Ricky Ramírez es una metáfora de lo que ha ocurrido en Cataluña en los últimos años. En el años 2012, estábamos en Cataluña, España y todo Occidente había una crisis brutal. Las élites económicas, para salir de esa crisis, hicieron lo que hacen siempre en estos casos. Presionaron al poder político para que el poder político les saque las castañas del fuego, les ayude a salir de la mejor manera posible cuidando sus intereses. Sacaron a la gente a la calle, pero, por un lado, ya había gente en la calle, pues había gente muy enfadada. Acuérdate de los indignados, gente protestando, con mucha razón del mundo por la situación tan difícil que estaban viviendo. Luego, porque estas élites tenían a su disposición el gobierno autonómico, muy poderoso, muy descentralizado, y tenían a su disposición los medios de comunicación, la redes sociales, etc., les ofrecieron lo que alguien ha llamado una utopía disponible. Es decir, vamos a crear un país nuevo, independiente, maravilloso, donde todos seremos ricos, guapos, altos y rubios y, además, nos libraremos de esos españoles que nos oprimen y nos roban. La gente se creyó esa utopía. Pero esa élite, cuando hubo problema el 2017, sacaron las empresas de aquí. Más de cuatro mil empresas se fueron de aquí, todos los bancos. O sea, la élite se echó a correr y ahora esa misma élite querría que la gente volviera a casa. Pero eso es imposible o es muy difícil, porque sacar la agente a la calle es muy fácil, pero volverla a meter es muy difícil. Esa es la metáfora de Ricky Ramírez. A él también le engañaron como a tanta gente y ahora están muy furiosas, y tienen razón. Ese es el problema que tenemos en Cataluña. Y esto que ha ocurrido en Cataluña, ha sucedido en muchas partes. La literatura lo que hace es convertir los particular en universal, por eso, insisto, esta novela es un furioso alegato contra la tiranía de los dueños del dinero y los amos del mundo y que actúan con toda impunidad. Insisto, el mejor antídoto o el único, tal vez, para protegerse de esas élites es la democracia. La democracia y leer a Cervantes.

Vivales, amigo de Melchor, mira películas del western. ¿La metáfora es que el dinero es en la política lo que es una pistola en el western?

Claro, el dinero siempre ha sido el poder. Pero eso no es excusa para que el poder político no lo controle. Por eso te digo, frente a esas élites enquistadas en el poder, la solución se llama democracia. La democracia es el poder del pueblo. A los políticos los elegimos para que controlen, domestiquen, sujeten la voracidad insaciable del dinero. El dinero siempre quiere más dinero. El poder siempre quiere más poder. Y la gente que tiene dinero lo que quiere es controlar a los políticos, pero los políticos no tienen por qué dejarse controlar. Y si se dejan controlar, nosotros tenemos que echarlos y elegir a otros. La democracia es de todos, no solo de los políticos.

-A raíz de un discurso que diste el 2019, te acusan de llamar a los militares para intervenir contra los independentista de Barcelona, ¿Javier Cercas está cercado?

No, eso simplemente fue un episodio. Hace mucho tiempo que en Cataluña ocurre esto. Hay gente que no les gustan las cosas que yo digo. Hace poco tiempo lanzaron un bulo contra mí, intimidatorio y luego lanzaron a las huestes digitales. Son cosas que ocurren y desde hace mucho tiempo, porque al gobierno catalán no le gusta cosas que yo digo, entonces incitan a sus huestes, a sus intelectuales contra mí.

-Es el rol del escritor en el debate de los temas álgidos de la sociedad...

Bueno, el escritor es a menudo un aguafiestas, un tipo que cuenta y dices cosas que al poder no le gusta escuchar. A mí no me van a a callar, eso está claro. Yo voy a seguir haciendo mi trabajo, como escritor y como ciudadano. O sea, la misión del escritor y la del ciudadano es la misma: decir la verdad. Solo que la verdad del escritor es distinta a la verdad del ciudadano. La verdad del ciudadanos es, digamos, la verdad histórica, de los hechos, mientras que la verdad del novelista es la verdad literaria. Es una verdad moral, universal. Pero ambas verdades son igualmente incómodas, molestas para el poder. Y cuanto más autoritario es el poder, más molestas son esas verdades. Pero el trabajo del escritor consiste en seguir diciéndolas, tanto como escritor y como ciudadano.

-Como el Quijote, hincando con la lanza....

Bueno, yo como persona no me considero particularmente valiente, pero como escritor debo serlo. Un escritor que no es valiente, se ha equivocado de oficio. Es como un torero cobarde, que también se ha equivocado de oficio. El escritor es un oficio de riesgo. Un escritor que no corre riesgo no es escritor, es un escribano.

-Javier, estás chocando conmigo, mi apellido es escribano....

(Risas) Muy bueno, fantástico. Este chiste no podemos mejorarlo!

El pasado es peligroso en tanto se lo manipula...

Eso es lo que pretende siempre el poder. El poder siempre pretende construir un pasado a su medida y para sus propósitos, porque sabe muy bien que para controlar el presente y el futuro, hay que controlar primero el pasado. Y por eso, nuestro deber como ciudadanos es negarnos a las manipulaciones del poder, de cualquier poder. Todo poder aspira a ser un poder absoluto y nosotros como ciudadanos debemos luchar contra las manipulaciones y las mentiras del poder. Hay que hacerlo porque, como dice el Evangelio, la verdad crea hombres y mujeres libres, lo cual significa que las mentiras crean esclavos. El instrumento que tiene el poder para esclavizarnos son las mentiras. Y eso lo vemos a diario. Por eso, lo primero que tenemos que hacer es luchar contra las mentiras del poder.