EN VIVO - Sigue todas las incidencias de la Asamblea General de la ONU en Nueva York

Pedro Ugarte: “Lo que vemos de cultura general es la punta del iceberg”

El escritor cusqueño Pedro Ugarte Valdivia, ganador del Premio Copé Internacional 2008, nos presenta Bitácora del extravío, libro que reúne cuentos realistas y fantásticos.

Pedro Ugarte Valdivia adelantó para La República que su siguiente obra literaria se construirá con base en el tópico de las 'traiciones'. Foto: composición / Editorial Altazor
Pedro Ugarte Valdivia adelantó para La República que su siguiente obra literaria se construirá con base en el tópico de las 'traiciones'. Foto: composición / Editorial Altazor
Bruno Cueva V.,Estéfany Luján,

“Si viéramos realmente el universo, tal vez lo entenderíamos”, había dicho Jorge Luis Borges refiriéndose a que el hombre moderno está ocupado en asuntos banales y no le presta atención a lo verdaderamente esencial. Sin embargo, Pedro Ugarte Valdivia, quien se alzó con la XV Bienal Internacional de Cuento 2008 (Premio Copé), siempre explora cada escondrijo entre la realidad y lo fantástico para crear historias a través de su pluma.

Como prueba de esa búsqueda ambiciosa publicó Relámpago inmóvil, su primer libro de relatos breves, con el sello de editorial Altazor, en 2016. Aquella vez, Cronwell Jara, poeta, escritor y tallerista peruano, remarcó en los comentarios de la contratapa que esa obra estaba compuesta “con genialidad y destreza de un demiurgo o alguien parecido”. No exageró al atreverse a decir, líneas atrás, que Ugarte Valdivia es un alquimista de la palabra.

Este 2021, el literato y economista cusqueño nos entrega Bitácora del extravío, un compendio de 14 cuentos que emocionan y conmueven al lector mediante los gritos internos de sus personajes, las relaciones humanas, los quiebres espacio-temporales, las injusticias sociales y el desastre ocasionado por la COVID-19. En seguida, el diario La República les ofrece lo mejor de la entrevista:

Siempre llama la atención cómo organizas tus relatos al separarlos en partes o capítulos

El libro Bitácora del extravío tiene 14 cuentos. Las dos primeras partes son de corte realista y la tercera parte, Todas las angustias, es fantástica. Los relatos están distribuidos cronológicamente.

El primeros es Vínculos lejanos, que lo escribí con base en una leyenda urbana. La escuché cuando era niño, en el año 64. Trataba sobre un pistolero fantasma en Lima. Todo lo que se dice en los primeros ocho cuentos es totalmente verídico. Y lo demás, una costumbre mía, se relaciona a lo fantástico.

Este libro obedece a mi intención de publicar cada dos años. Empecé con Relámpago inmóvil, en el 2016, y alguien cercano al leer el libro me hizo una observación. Me dijo: “Qué escritor tan curioso eres. Tu tierra, Cusco, no está”. Así que en 2018 publiqué un libro dedicado a mi tierra: Espadas en la memoria. Bajo ese mismo ímpetu, Bitácora del extravío está dedicado a Lima.

Portada del libro Relámpago inmóvil, donde Pedro Ugarte, con su cuento homónimo, ganó el evento internacional de Copé. Foto: Petroperú.

Precisamente hace alusión a esta pandemia. Narra la crudeza del acceso a salud que lamentablemente está regido por el dinero.

Me considero afortunado porque don Ricardo Gonzáles Vigil me llamó el año pasado, en abril, y me dijo que estaba organizando un libro con varios escritores sobre el coronavirus. Yo he sido siempre refractario a escribir por encargo. Pero le pedí una semana para pensarlo. Indagué acerca del tema y vi la Sopa de Wuhan, un compendio escrito por antropólogos. Todos ellos anunciaban el fin del capitalismo, la muerte del neoliberalismo, el cambio del capital mundial. Me dio cólera, yo soy economista. Dije: “Yo voy a hacer mi propia versión”. Por ese razonamiento, acepté. En 60 días escribí el cuento (Bitácora del extravío). El libro (de Gonzáles Vigil) se llama Cuentos peruanos de la pandemia.

En Relámpago inmóvil hay una relación con la publicación Bitácora del extravío. Coméntanos de dónde surge tu fascinación por Vlad Tepes, el verdadero Drácula.

Leí a Bram Stoker hace unos 30 años. Tengo un cuento llamado Signos y sombras, de Sarah Hellen (la mujer vampiro enterrada en Pisco). Me quedó timbrando en la cabeza.

Hace 10 años hice Vínculos lejanos (historia abridora). El personaje principal es un individuo sádico, malvado. Yo me cuestioné: “¿Quién es el epítome de la maldad?”. Pensé en Drácula. Además, Bram Stoker era de lo más peculiar. Él tenía una fijación con los vampiros. No me extrañaría que reaparezca en otro de mis cuentos (el autor irlandés).

¿Te animarías entonces a realizar una colección de relatos basados en Drácula?

Ojalá pudiera decirte que sí. Trabajo lentamente. Si me propusiera a escribir un libro de cuentos de acuerdo al canon, con un denominador común, creo que no podría. Yo hago selecciones de todo lo que tengo.

Así como tocaste temas actuales, tu cuento Azul de Prusia versa sobre el terrorismo, un episodio pasado. ¿En qué te inspiraste?

Lo escribí hace 20 años. Ha sido una composición de ideas. Hay varios ingredientes que han ido ingresando a través del tiempo. Azul de Prusia es el color del vehículo que destruye el terrorismo; y que, al final, acusan a un muchacho injustamente y lo condenan. Invoco también a que no haya ninguna concesión con el terrorismo.

Hablemos ahora del relato Grafiti confidencial. Muchos escritores creen que la literatura se trata de ganar concursos cuando en realidad cada quien puede encontrar su propia voz sin necesidad de ser admitido por otros (los jurados). ¿Has querido mandar algún mensaje?

Ojalá los concursos fueran totalmente imparciales. Me da la sensación que hay asuntos extraliterarios que corrompen el arte. La literatura es producto del tiempo, esfuerzo y dedicación. Lo importante al escribir es satisfacer un hambre interior que nosotros tenemos. Que sea meritorio, bello, memorable. Cuando tengo una idea que me come por dentro y la pongo en el papel, y la corrijo, me doy cuenta que he exorcizado los fantasmas en mí.

Más importante que ganar un concurso, es jamás perder la emoción, la esperanza. La calidad siempre será reconocida. Si no es la sociedad, serán por lo menos los amigos o parientes. Yo creo lo siguiente: lo que nosotros vemos de la cultura general es únicamente la punta del iceberg, el 10%. Hay un enorme trabajo intelectual en muchas partes que no llegaremos a ver, obras valiosísimas que no van a salir a la luz.

Yo nunca me he propuesto a dar mensajes. Cada cuento mío tiene una base cierta, no he sido capaz de crear algo desde el absoluto vacío.

¿Eres de continuar los trabajos rechazados en concursos o los abandonas?

Nunca me he desanimado. Es importante identificar aquel tema que tiene aire, condiciones para ser ampliado. Lo que uno no puede dejar de hacer es ambicionar una buena obra. No me ha dolido perder, sino quedar detrás de alguien que no lo merecía. Eso sí lo confieso.

Pedro Ugarte Valdivia ha sido finalista en la XII Bienal de Cuento con su relato El lienzo. Foto: Cortesía de editorial Altazor

En tu obra destaca la credibilidad. Hay pintores, arquitectos, banqueros. ¿Cuánto tiempo te toma averiguar sobre esos temas? ¿Es natural en ti, como una erudición?

Yo indago. Estoy trabajando acerca del tema ‘el traidor’. Reúno todas las ideas antiguas y modernas, los conceptos del individuo. Luego, imagino las escenas, dependiendo de mi humor, en cualquier orden, pues la estructura es crucial.

Hago un listado de palabras que se usarán en la historia. Encuentro afinidades. Es una acción impostada. Cada cuento me toma mucho tiempo. Tengo lectores especiales. Ellos me ayudan a clarificar las ideas para que sean personajes verosímiles, de carne y hueso.

Tengo que construir un narrador que sea un experto en el tema que se trata: si hablo de esgrima, debe parecer un maestro de esa disciplina. Me esfuerzo en que parezca un erudito quien lo está contando.

Se te criticó por utilizar un lenguaje muy técnico. ¿Puedes ampliarnos tus comentarios al respecto?

La literatura es una actividad personal. No voy a hacer ninguna concesión, escribo para mí, para satisfacerme. No estoy escribiendo para ahora, sino para muchísimos años después. Tengo la ilusión que en 30 años, 40 o 50 años alguien vea ese papel escrito y lo entienda.

Empleo un lenguaje que está en el diccionario. Cada palabra nos enriquece, no necesariamente para utilizarla.

Si a alguien no le gusta, lo siento mucho. Lo que para algunos es ambrosía, para otros es veneno. No me duelen las críticas.

La tercera parte del libro narra fenómenos fantásticos. Existen autores que se encasillan en un solo género y tú siempre estás abierto a varios temas.

Sí, afortunadamente, yo no soy académico. Soy un economista aficionado a la literatura. Me acuerdo que Cronwell Jara me hablaba mucho del tema fantástico. Lo conocí cuando yo había sido finalista en el Premio Copé con El lienzo (2002); allí un muchacho recibe una pintura a la que va a ingresar.

Cronwell Jara ganó el premio Casa de la literatura peruana en el año 2019 y el Copé de cuento en 1985 con La fuga de Agamenón Castro. Foto: Handrez García/Casa de la Literatura

Tengo facilidad respecto a eso porque hay cosas misteriosas que me gustan. Imagino, por ejemplo, a un médico que en vez de escuchar latidos, escucha una música. No tengo restricciones para crear. He elaborado 186 cuentos (...) no me encasillo en algo. ¡Incluso tengo un cuento sobre ovnis! Se llama Destellos en la niebla.

No sé por qué a los textos fantásticos les llaman cuentos B. Hay una especie de menosprecio. Pienso en El vagabundo de las estrellas, de Jack London, una maravilla... mueve las emociones, las ideas.

Al final del libro, en Todas las angustias, se hace referencia a José María Arguedas y César Vallejo.

Todas las angustias es un cuento sumamente elaborado. Le dediqué como ocho o diez años de trabajo y reescritura constante. Es de los temas más peruanos que tengo. El epígrafe es de Ciro Alegría: “La vida humana está entregada al azar: vivimos, morimos y a veces resucitamos sin explicación posible”.

El cuento es un diálogo que tomé de una carta que escribió Arguedas. Me conmovió mucho. Todas las angustias son todas las sangres, todos los temores, todas las penas. Es mi homenaje, mi tributo, mi cariño hacia ellos.

¿El arte en general es tu proceso de catarsis?

La literatura y el arte son actividades sanadoras. Vivimos en un país complejo, con amarguras cada día. Creo que son refugios. Hay momentos en que nos recogemos en nosotros mismos. A mí me pasa.

Asocio lo que pienso con las cosas materiales que puedo tocar. Si escribo enfocado en un péndulo, hago lo que sea por poseerlo, me estimula.

Llegué por descarte a la literatura. He tocado violín, he intentado con la armónica, escribí poesía... y fracasé. Un día un amigo me pidió que me ponga de pie y dijo: “Jure, jure usted que va a escribir”. Le he cumplido.

Soy volátil, creo que nunca escribiré una novela, no estaría dos años en el mismo tema. El cuento es afín a mi forma de ser.