Cuando el arte cura

Alonso Marín J.

alonso.marin@glr.pe alonsomarin7

25 Oct 2020 | 12:41 h
En el escenario era una. Hoy, frente a una pantalla, se ha reinventado. Foto: Livushé
En el escenario era una. Hoy, frente a una pantalla, se ha reinventado. Foto: Livushé

La vida era distinta sobre el escenario; sin embargo, la pandemia le ha dado una oportunidad a los artistas escénicos, como Nazaret Ortiz: reinventarse y transmitir lo mejor de sí a través de una pantalla.

El escenario. La audiencia, ávida por arte. La interpretación de un personaje. El juego. La interacción. El aplauso final. Allí, inmersa en ese ambiente, Nazaret Ortiz encontraba el lugar en el que podía sacar a relucir su niña interior, donde se expresaba como era y, por sobre todo, donde compartía lo mejor de sí.

Pero el escenario ha cambiado, ya no es más el que conocía hace meses. Se ha transformado, forzado por un virus que continúa su azote en el mundo entero. Ahora, frente a una pantalla, a veces a kilómetros de distancia de su audiencia, se vio obligada a hallar la manera de acercarse, de explorar nuevas estrategias y de convertir a la tecnología en su aliada, mientras continúa su lucha diaria por difundir arte en un país que lo olvida muchas veces.

“Una oportunidad”. Así define el efecto que ha traído el nuevo coronavirus en el campo artístico y escénico. Para ella, acostumbrada a utilizar todo el escenario que casi siempre tenía a disposición, a valerse de su cuerpo, rostro y gestos para proyectar sentimientos y emociones, el reto ha sido más que grande.

Pero hay una fórmula que funcionó antes y funciona ahora: el juego. “Mientras crecemos dejamos de lado el juego, que es tan importante y nos ayuda a mostrar nuevamente el niño que cada uno lleva dentro, y que lo vamos perdiendo con el paso de los años”, reflexiona.

Quizá, muchas veces, sean las responsabilidades, o la necesidad de “madurar” por exigencia de otros; tal vez, el pedido de dejar de lado “ciertas actitudes”. Aunque, por encima de todo, la sociedad misma es la que opaca ese lado nuestro. Allí es cuando llegan artistas escénicos como Nazaret quien, junto a sus colegas, buscan aflorar la infancia de las personas a través del proyecto Palpita Teatro.

Una iniciativa que, poco a poco, como lo explica ella, va rindiendo frutos y tiene como objetivo primordial repartir cultura en su audiencia.

“Arte es todo lo que hace palpitar mi corazón”, afirma, con una sonrisa que parece inagotable, incluso durante una pandemia que, en muchas ocasiones, también se siente así.

En medio de todo, considera que siempre hay una ventana de oportunidad, una salida. Y qué mejor forma de graficarla que a través de un payaso, personaje muy recurrente en sus puestas en escena.

Y, quizá, también pueda ser un ejemplo de esperanza. “Al payaso se le cae un techo encima y en vez de lamentarse lo primero que hace es levantar la cabeza, mirar hacia ese vacío que antes no estaba y decir: Mira, ahora puedo ver las estrellas”.

Ante la adversidad, resistencia; ante los golpes, resiliencia. Quizá, muchas veces, solo hace falta darle un nuevo vistazo al cuarto en el que estamos cuando la puerta de este se cierra. Uno nunca sabe si, escondida por ahí, hay una pequeña ventana, con una ligera abertura, que nos abre el camino hacia adelante. O, por lo menos, así lo cree Nazaret.

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