Promesas incumplidas y una traición: la historia entre Franz Kakfa y su amigo Max Brod

03 Jul 2020 | 17:08 h
De no ser por Brod, Kafka hubiera destruido su obra y hoy no podríamos hablar de asuntos kafkiano. (Foto: composición Biografías y Vidas)
De no ser por Brod, Kafka hubiera destruido su obra y hoy no podríamos hablar de asuntos kafkiano. (Foto: composición Biografías y Vidas)

A 137 años del nacimiento del autor de La metamorfosis, El proceso y otros escritos, sus obras nunca hubiesen visto la luz tras su muerte de no ser porque Brod rompió una promesa.

Este 3 de julio se conmemora el 137 aniversario de nacimiento del escritor checo Franz Kafka. Su legado literario ha sido uno de los más estudiados y consultados por académicos e investigadores. Pero estos no estarían al alcance si es que su íntimo amigo Max Brod no lo hubiese “traicionado”.

Gracias a este personaje hemos conocido la personalidad acomplejada del autor de novelas como El proceso y otros manuscritos que nunca hubiesen llegado a nuestras manos de haber sido incinerados.

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“Mi última petición. Todo lo que dejo atrás en forma de cuadernos, manuscritos, cartas, borradores, etcétera, deberá incinerarse sin leerse y hasta la última página”, escribió Kafka a su amigo Brod, en 1912. El autor indicó que los únicos libros que debían sobrevivir eran La condena, El fogonero, La metamorfosis, En la colonia penal, Un médico rural y Un artista del hambre.

¿Quién era Max Brod?

Nació el 27 de mayo de 1884 en Praga, en cuya universidad cursó estudios. Conoció al autor de origen judío en los pasillos de la facultad de Derecho de dicha institució. Gracias a él, el ilustre vanguardista se introdujo en los circuitos intelectuales de la ciudad.

Kafka dio muestras de su gran afecto a través de las misivas que intercambiaron a lo largo del tiempo, las mismas que fueron recopiladas en Correspondencia. Cartas a Max Brod.

Max Brod y Frank Kafka en una tarde de playa. (Foto: El Español)

La amistad entre Brod y Kafka

Max sabía que Franz tenía un miedo terrible a la muerte porque aún no había vivido lo suficiente debido a que lidiaba con los tormentos de su vida pasada. Con la desaparición del praguense en 1924, se vio envuelto en una encrucijada que ponía a prueba sus 22 años de amistad. Primero, porque el novelista era incapaz de realizar por sí mismo la extinción de sus obras, y la responsabilidad recayó sobre él, y también porque de no hacerlo estaría traicionando la voluntad de su amigo.

Finalmente, tras el entierro, Hermann Kafka, padre del escritor, firmó un contrato que otorgaba a Brod el derecho a publicar póstumamente las obras de Franz. “Debería haber designado a otro albacea si estaba total y completamente decidido a que se cumplieran sus instrucciones”, alegó el progenitor.

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¿A quién le pertenece la obra de Kafka?

El 20 de diciembre de 1968, Brod murió en Tel Aviv y el patrimonio retórico pasó a manos de su secretaria, Esther Hoffe, a quien el estado de Israel llevó a juicio en 1973 por los manuscritos que había heredado y cuyo pedido se justificaba en el origen judío de Kafka. El juez favoreció a la mujer; no obstante, tras su muerte la polémica se reavivó, ya que la obra quedaba en manos de su hija Eva Hoffe.

Eva Hoffe, su padre Max (izquierda) y Max Brod (derecha). (Foto: El Español)

Tras largos años de lucha, el 7 de agosto de 2016 un juez dictaminaba que debía entregar todo el legado de Brod a la Biblioteca Nacional de Israel. El magistrado explicó que su veredicto se basaba en la ausencia de algún tipo de parentesco entre el autor checo y la hija de Esther.

Dos años después, el 4 de agosto de 2018, Eva falleció a los 84 años. No tenía ganas de seguir luchando tras el veredicto. Según llegó a comentar, se sintió como si la hubieran “violado”.

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