Revolucionario implante cerebral hace que mujer ciega reconozca formas y letras

Una técnica que no interviene en los ojos ni en los nervios ópticos ha resultado exitosa por primera vez en una mujer invidente de 57 años.

Hace 16 años, Bernardeta Gómez sufrió una septicemia que la dejó completamente ciega. Foto: Russ Juskalian / UMH
Hace 16 años, Bernardeta Gómez sufrió una septicemia que la dejó completamente ciega. Foto: Russ Juskalian / UMH
Ciencia LR

Bernadeta Gómez, una mujer española de 57 años que quedó ciega a causa de una septicemia grave, pudo percibir después de 16 años patrones de formas básicas, letras y personas gracias a la tecnología de un implante cerebral. El logro científico es el primero de su tipo puesto a prueba en una persona invidente que resulta exitoso y que no interviene en ojos ni en nervios ópticos.

Si bien las alternativas más comunes y al alcance para recuperar la visión son las retinas artificiales —como el implante Argus II—, no son una solución para personas que han sufrido daños severos en la conexión entre su retina y corteza cerebral. Este era el caso de Gómez, quien incluso no podía ver la luz.

Sin embargo, después de décadas de avances en la comprensión del sistema visual humano y el desarrollo de implantes humano-eléctricos —como el marcapasos o el implante coclear para el oído—, un grupo de científicos españoles dio el siguiente paso: intervenciones en el córtex occipital derecho, la región visual del cerebro.

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La tecnología consta de dos instrumentos. Por un lado, incluye un neuroimplante con 100 diminutas puntas de electrodos —cada una de aproximadamente un milímetro de alto— que se instala en la corteza visual del cerebro (tras la oreja, en la parte superior). Estas funcionan enviando señales eléctricas al cerebro —entre una y cuatro neuronas por cada electrodo— y recogiendo una respuesta.

Por otro lado, se complementa con unas gafas con retina artificial que convierten el estímulo óptico en eléctrico. Anteriormente, esta tecnología solo se había aplicado en personas con parálisis o incapacitadas para comunicarse.

El dispositivo solo permaneció seis meses después, ya que se desconoce en cuánto tiempo los electrodos pueden durar sin degradar el implante o el cerebro del usuario.

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Detección de fosfones

Eduardo Fernández, líder del grupo de investigación, viene estudiando qué tipo de señales produce la retina humana. Para eso, lleva sus experimentos en personas muertas, ya que sus retinas suelen permanecer activas hasta unas siete horas después del deceso.

En ellos estudia los fosfenos, unas manchas luminosas que persisten en la retina cuando no hay luz que las justifique y que suelen ser espontáneas en personas ciegas. Gómez recibía estos estímulos cuando ocurría un ruido o un sobresalto, pero también de modo aleatorio.

En los experimentos, la mujer ciega pudo distinguir letras como la L, C, V y O, y acertó en un 70% de las veces. No obstante, se desconoce por qué ignoró las otras. Además, en la detección de patrones y formas, la paciente pasó de un porcentaje de acierto del 81,4% al 100%.

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Tras el exitoso caso de Gómez, los investigadores pretenden reclutar a nuevos voluntarios invidentes para continuar con la investigación