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Wally Funk, de 82 años, llega al espacio y cumple el sueño de toda su vida

La piloto fue rechazada cuatro veces por la NASA cuando era joven, a pesar de tener todas las capacidades para ser astronauta. Hoy se ha convertido en la persona más longeva que llega al espacio.

Wally Funk llegó este 20 de julio al espacio. Capturas de video: Blue Origin
Wally Funk llegó este 20 de julio al espacio. Capturas de video: Blue Origin
Ciencia LR

Este martes 20 de julio, la nave New Shepard, del multimillonario Jeff Bezos, ha cumplido el sueño de Wally Funk, de 82 años, al llevarla al espacio por unos minutos y traerla a salvo de vuelta a la Tierra.

Funk fue parte de la primera tripulación enviada al espacio por la compañía Blue Origin, propiedad de Bezos. El cohete con la nave en que viajaron despegó a las 8.13, hora local, desde una plataforma en el oeste de Texas (EE. UU.).

Después de tres minutos, la New Shepard superó los 100 kilómetros de altitud, la línea imaginaria considerada en la mayor parte del mundo como la frontera entre la atmósfera y el espacio. Los tres minutos siguientes, los pasajeros experimentaron la ausencia de gravedad, o gravedad cero.

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Finalmente, tras 10 minutos de viaje, la nave aterrizó sin problemas en la superficie terrestre.

Esta breve travesía ha significado la culminación del sueño de toda una vida para Wally Funk.

La historia de Wally Funk

Funk creció en Taos, una pequeña ciudad del oeste estadounidense, en Nuevo México. Cuando era niña, le apasionaba la aviación y tomó su primera lección de vuelo a los 9 años.

En la escuela secundaria se le prohibió tomar mecánica, una asignatura reservada a los varones. Pero esto no le impidió obtener una licencia de piloto y graduarse de la Universidad Estatal de Oklahoma, conocida por su programa de aviación. Hoy, la piloto lleva registradas 19.600 horas de vuelo.

A principios de la década de 1960, cuando Estados Unidos se preparaba para enviar al primer estadounidense al espacio, la NASA había seleccionado a hombres para hacerles pruebas como parte del legendario programa Mercury, pero ninguna mujer.

Un médico que participó en el desarrollo de estas pruebas, William Randolph Lovelace, decidió hacérselas a mujeres en su clínica privada para ver si ellas también eran capaces de pasarlas. Trece fueron elegidas para demostrarlo, dándole así un apodo al programa, “Mercury 13”.

Wally Funk era la más joven entre ellas.

“Nos estaban poniendo a prueba al extremo”, recordó en una entrevista de 1999 con la NASA.

Le inyectaron agua en los oídos para provocarle mareos. Tuvo que ingerir tubos de goma. “Sufrí mucho dolor”, recordó, pero “me acercaba al espacio, y ahí era donde quería ir”.

“Mejor y más rápido” que los hombres

Durante otra prueba, Wally Funk fue encerrada en un tanque perfectamente insonorizado, lleno de agua a la temperatura exacta de su cuerpo para que no sintiera nada, en la oscuridad.

“Estaba de espaldas, flotando en esta agua, sin poder usar mis cinco sentidos (...) solo tenía que quedarme ahí”, contó.

La piloto rompió el récord al permanecer allí durante 10 horas y 35 minutos.

Al final, “me dijeron que había hecho el trabajo mejor y más rápido que cualquiera de los hombres”, recordó durante la reciente declaración en video.

Pero el programa fue descartado después de ser rechazado por la NASA y recién en 1983 iría al espacio la primera mujer estadounidense, Sally Ride.

“Fue algo interesante, el hecho de que pudiéramos haber ido y simplemente no nos dejaron. Un perro fue. Un mono fue. Un hombre fue. Las mujeres también podían haber ido”, afirmó Funk en 1999.

Sueños espaciales

Funk se postuló para convertirse en astronauta a la NASA en cuatro ocasiones. Fue rechazada todas las veces. Una de las razones que adujeron fue que no tenía un título en ingeniería y no había completado el programa de vuelo en un avión de combate militar, algo imposible para una mujer en ese momento.

Pero a Funk nunca le faltaron ambiciones: se convirtió en la primera mujer inspectora de la agencia de aviación estadounidense, la FAA, y luego fue la primera investigadora de la agencia estadounidense a cargo de desastres aeronáuticos (NTSB).

Manejó más de 450 accidentes antes de su jubilación en 1984 y enseñó a volar a unas 3.000 personas.

Ahora vive en Texas. Y nunca abandonó su sueño de dejar atrás la gravedad y volar entre las estrellas.

En 1999, cuando se le preguntó sobre su mayor logro, respondió: “Si puedo llegar al espacio, será eso”.

Con información de AFP