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¿Por qué un prestigioso científico está convencido de que nos visitó una nave alienígena?

Renzo Gonzales

GCRenzo

16 Feb 2021 | 7:54 h
Avi Loeb es profesor del departamento de astronomía en Harvard. Foto: The Economist
Avi Loeb es profesor del departamento de astronomía en Harvard. Foto: The Economist

Avi Loeb, astrofísico y profesor en Harvard, lamenta que los demás científicos estén cerrados a la posibilidad de que el objeto que visitó el sistema solar en 2017 sea de origen artificial.

En octubre de 2017, astrónomos y astrofísicos de todo el mundo debatían la ‘identidad’ de un objeto extraño. Por su trayectoria y velocidad, se sabía que venía de afuera del sistema solar, pero no mucho más. Ni siquiera se ponían de acuerdo sobre si era un cometa o un asteroide. Al año siguiente, el renombrado astrofísico de Harvard Abraham ‘Avi’ Loeb y un colega suyo sugirieron en un estudio que este visitante interestelar era en realidad una nave construida por una civilización alienígena.

Aquel artículo fue muy criticado por la mayoría de expertos en este campo, ya que, como dijo una vez el astrónomo Carl Sagan, “afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias”. En este caso, si dichas pruebas existieran, era muy difícil conseguirlas: el objeto, nombrado Oumuamua, se alejaba con gran rapidez de nuestro vecindario cósmico cuando fue descubierto.

Loeb, autor de cientos de artículos científicos y convencido de su hipótesis sobre Oumuamua, escribió un libro que se ha publicado este mes, en el cual explica cómo llegó a esa conclusión. Lo ha titulado “Extraterrestre: la humanidad ante el primer signo de vida inteligente más allá de la Tierra”.

El misterio de Oumuamua

Oumuamua, “explorador” en hawaiano (por la ubicación del telescopio que lo detectó), fue considerado primero un cometa. Sin embargo, no dejaba una estela producto de su evaporación. La forma en que reflejaba la luz de Sol permitió determinar su extraña forma, una especie de ‘cigarro’ de 200 metros de largo y 35 metros de ancho.

Representación de Oumuamua. Crédito: ESO.

Por otro lado, los datos indican que era 10 veces más brillante que un asteroide típico del sistema solar, pero no emitía calor ni radiación. No obstante, hubo un detalle que dejó intrigados a los que estudiaban a Oumuamua. Cuando se alejaba del Sol, el objeto se aceleró en vez de ralentizarse por la atracción gravitacional de la estrella.

¿Qué fuerza impulsa al objeto? Para el astrofísico israelí, la explicación más simple es que Oumuamua es de origen artificial: una nave operativa o una vela solar, un artefacto tecnológico avanzado que se propulsa por la radiación del Sol, como IKAROS, construida por la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón y lanzada en 2010 con destino a Venus.

Para otros científicos, es una anomalía que debe explicarse mediante causas naturales, tarea que hasta ahora no ha tenido éxito, ya que las nuevas hipótesis sobre su origen no han sido concluyentes o han sido refutadas.

“El mayor descubrimiento de la historia”

Loeb no cuestiona que se busquen explicaciones diferentes a la suya, sino el hecho de que la mayoría de sus colegas ridiculice la idea de que el objeto era artificial o simplemente no quieran discutir esa posibilidad.

Según sus declaraciones en una conferencia de prensa, percibe que muchos científicos se están empeñando en explicar nuevos fenómenos solo en base a lo que conocen.

“Se puede recopilar mucha información, pero si tienes una idea errónea de cómo recopilar esta información, te estás equivocando”, dijo a La República.

“Necesitan ver la evidencia. Si la evidencia es anómala, tenemos que averiguar por qué”, precisó.

En sus palabras, estamos ante lo que puede ser el “mayor descubrimiento en la historia de la humanidad” y no se está tomando en serio esta posibilidad.

Si bien Oumuamua se fue tal vez para siempre, Loeb considera que no es tarde para comprobar que no estamos solos en el universo. Por eso, propone a los astrónomos que estén preparados ante próximas visitas de objetos interestelares, que no necesariamente deben ser naves pilotadas, sino artefactos de civilizaciones extintas, como las sondas que enviamos fuera del sistema solar y seguirán vagando por la galaxia aún después de que la humanidad llegue a su fin.