Hallazgo sugiere que la Tierra viaja a través de los escombros de estrellas muertas

29 Ago 2020 | 0:50 h
Una nebulosa, extensa área de polvo y gas formada a partir de una supernova. Fuente: NASA.
Una nebulosa, extensa área de polvo y gas formada a partir de una supernova. Fuente: NASA.

Muestras recogidas del fondo del océano indican que en los últimos 33.000 años nuestro planeta ha recibido restos de supernovas, que son las explosiones de estrellas.

La Tierra y todo el sistema solar viajan alrededor del centro de la Vía Láctea. En esta larga travesía, hace decenas de miles de años, nuestro planeta y todo su vecindario se adentraron en una inmensa aglomeración de gas y polvo bautizada como la Nube Interestelar Local, en la que seguiremos en movimiento durante, al menos, diez mil años más.

Los científicos no lograron determinar el origen de la nube anfitriona, pero un reciente estudio dirigido por el profesor Anton Wallner, físico nuclear de la Universidad Nacional de Australia, está cerca de revelar este misterio.

Su equipo buscó en sedimentos de agujas profundas de dos lugares diferentes que datan de hace 33.000 años. Sus instrumentos detectaron hierro-60, un elemento radiactivo que se forma cuando las estrellas explotan en el final de sus vidas, un evento conocido como supernova.

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El hierro-60 se desintegra completamente en 15 millones de años, lo que significa que cualquier rastro de este elemento que se encuentre en la Tierra debe haberse formado mucho más tarde que el propio planeta, de 4.600 millones de años de edad, y llegó aquí desde supernovas cercanas antes de terminar en el fondo del océano.

La supernova AD 1054, se expande por la constelación Tauro. En su centro, la muerte de un astro originó una estrella de neutrones. Crédito: NASA.

Anteriormente, Wallner encontró rastros de hierro-60 que datan de hace 2.6 millones de años y 6 millones de años, lo que sugiere que la Tierra había viajado a través de las nubes radiactivas de supernovas cercanas.

No obstante, otro equipo de investigadores encontró en la nieve de la Antártida hierro-60 que databa de los últimos 20 años. En tanto, una misión de la NASA lo detectó en el espacio que rodea la Tierra durante las últimas décadas.

Estos hallazgos podrían ser indicio de que la Nube Interestelar Local, por la que atraviesa nuestro sistema solar, es en realidad el conjunto de escombros de una estrella que explotó hace mucho tiempo. Por eso, el equipo de Wallner examinó los sedimentos de hace 33.000 años, tiempo aproximado que llevamos dentro de la nube.

Ubicación del Sol en la Nube Interestelar Local. Fuente: NASA.

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El análisis indicó que las cantidades de hierro-60 eran constantes durante todo ese tiempo. Sin embargo, las muestras más antiguas no parecen corresponder a la época en que la Tierra ingresó a la nube.

Una posible explicación, según el documento publicado en PNAS, es que la nube coincida con los restos que quedaron en el medio interestelar de supernovas que ocurrieron hace millones de años.

“Hay artículos recientes que sugieren que el hierro-60 atrapado en partículas de polvo podría rebotar en el medio interestelar”, dijo Wallner. “Así que el hierro-60 podría originarse a partir de explosiones de supernovas aún más antiguas, y lo que medimos es algún tipo de eco”.

Para averiguar el origen de estos escombros estelares, los autores precisan que se deben buscar muestras más antiguas. Si los niveles de hierro-60 aumenta más atrás en el tiempo, sugeriría antiguas supernovas. En cambio, una mayor abundancia reciente indicaría que la Nube Interestelar Local es un remanente de supernova, la fuente del elemento radiactivo.

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