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El gobierno de la distracción

Mientras el debate político persigue la última estridencia, los problemas que matan no tienen respuesta.

Editorial
Editorial

Desde que asumió el gobierno, el oficialismo ha operado con un patrón que hoy ya es previsible. Ni bien empezó su mandato, cada semana, alguien vinculado a Keiko Fujimori o Fuerza Popular y aliados, empezaba una nueva controversia.

Entre los más representativos han estado la tentativa de traslado del Lugar de la Memoria del Ministerio de Cultura al de Justicia generó debate durante días. El pedido de facultades legislativas amplísimas —que ningún parlamento comprometido con su rol de fiscalización aprobaría en bloque sin debate previo— sigue ocupando discusión en la agenda pública.

Paralelamente, las transmisiones en TikTok de la presidenta y las puestas en escena espectaculares en las redes sociales del gobierno, sin decisiones de fondo que realmente impacten en las urgencias que enfrenta el país, complementan esta serie. Siempre hay algo nuevo.

Es un mecanismo de distracción que es eficaz precisamente porque no requiere coordinación perfecta. Basta con que exista el ciclo: la controversia ocupa el espacio, la oposición reacciona, y cuando eso se agota ya hay una nueva estridencia disponible. El objetivo es consumir el tiempo y la atención de los ciudadanos que deberían ir a otra parte que afecta más directamente la vida misma. Al final, el gobierno no rinde cuentas de nada urgente.

La politóloga y vicedecana de la Escuela de Política, Economía y Asuntos Globales de IE University, Catalina De Vries, sostiene que en la política contemporánea la atención es poder: quien controla de qué se habla controla el debate (The Guardian, 2026). En el Perú, cada vez que la exigencia sobre la inseguridad toma fuerza, una nueva controversia aparece y la desplaza. Lo mismo ocurre con los incendios y con el fenómeno El Niño, que son en suma cuenta, emergencias reales que no encuentran respuesta porque las cortinas de humo no les deja espacio.

Mientras tanto, el Sistema Nacional de Defunciones registra 392 homicidios entre el 28 de julio y el 10 de octubre, los primeros 75 días del gobierno actual. Más de cinco muertes diarias. El 72% causadas por arma de fuego.

Hasta el momento, no hay una política articulada frente al sicariato y los incendios no tienen respuesta de fondo. Solo la réplica de un comando conjunto unificado al mismo estilo de su antecesora Dina Boluarte.

Esos 392 homicidios en 75 días, y 497 denuncias por secuestro solo en setiembre, son el costo de esa indiferencia por gobernar la distracción creada por ellos mismos.

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