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Envejecer: el mar de humillaciones, por Julissa Mantilla

Maricarmen, de 87 años, fue desalojada de su hogar en Madrid tras haber vivido allí 71 años. Un fallo del Tribunal Supremo permitió el desalojo al vencer el plazo legal de cesión de alquiler.

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Maricarmen de Madrid | Difusión | La República

Maricarmen tiene 87 años y ha pasado 71 de ellos en el departamento del que fue desalojada hace poco en Madrid. En 1956, solo su padre firmó el contrato de alquiler ya que la ley impedía que un matrimonio pudiera arrendar así que, con su muerte, hubo una primera cesión del alquiler a la madre. Cuando ella falleció, Maricarmen recibió la segunda cesión de arrendamiento y según la ley vigente, en esos casos solo hay un plazo de dos años para mantener el arriendo. Como el plazo venció, el Tribunal Supremo autorizó el desalojo.

Maricarmen se negaba a irse del lugar donde había vivido, crecido y envejecido y que era parte del edificio que en 2018 fue vendido a la empresa Urbagestion con la idea de construir apartamentos que serán vendidos por mucho más dinero del que se invirtió. Es un negocio redondo, menos para Maricarmen, su vida y sus recuerdos.

Ella es parte del numeroso grupo de mujeres que nacieron y envejecieron con leyes machistas que no les reconocían derechos como alquilar o comprar propiedades, que les asignaron labores de cuidado sin consultarles, que las condenaron a matrimonios infelices y a maternidades no deseadas, porque esa era la garantía de no quedarse solas y, por ejemplo, no ser desalojadas. Y en países como el Perú, donde la pobreza se inicia desde el nacimiento y las oportunidades tienen un color y un apellido específico, la vejez es la culminación de una vida de sufrimiento en la cual la dignidad pasa a segundo plano. No todas las vejeces son iguales y la vejez de las mujeres es aún más dura y solitaria.

Por eso, es muy valioso el proyecto uruguayo de vivienda colaborativa por medio del cual las mujeres mayores envejecen juntas sin perder autonomía y que cuenta con el apoyo de la intendencia de Montevideo. Esta es una esperanza para las mujeres que han vivido con libertad y que se niegan a que, como dice el poema de Silvina Ocampo, envejecer signifique cruzar un mar de humillaciones. 

 

 

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