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Un río -otro-que no puede esperar, por Diego García-Sayán

El fenómeno de El Niño se intensifica en Perú, con pronósticos de un Superniño que aumentan la preocupación por posibles inundaciones. Las autoridades advierten sobre 52 puntos críticos, especialmente en la cuenca del Chillón.

Rio
El fenómeno de El Niño podría afectar a 1'248,412 peruanos por inundaciones, huaicos y deslizamientos, advierte el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci). Diez regiones están en riesgo.


El Niño ya no es una amenaza remota. Lo siente todo el Perú. Está en marcha y los pronósticos oficiales obligan a tomarlo muy en serio. Es un Superniño. Los climatólogos más destacados del mundo (como la National Oceanic and Atmospheric Administration) así lo han señalado.

 

¿Y qué por acá?

ENFEN mantiene la alerta de El Niño Costero y ha estimado la alta probabilidad de que alcance magnitud extraordinaria entre setiembre de 2026 y enero de 2027. Una pregunta elemental se impone, incluso en Lima: ¿estamos haciendo a tiempo lo necesario para impedir que nuestros ríos vuelvan a convertirse en agentes de destrucción?

¡El Chillón! ¿suelto en plaza?

El Chillón, por ejemplo, genera motivos serios de preocupación. Basta recorrer algunos de sus tramos o mirar las imágenes difundidas recientemente por televisión: acumulación de sedimentos, basura y escombros, cauces reducidos y sectores en los que resulta difícil imaginar cómo podría discurrir normalmente una avenida extraordinaria.

No es una impresión alarmista. La Autoridad Nacional del Agua identificó el 30 de julio 52 puntos críticos en la cuenca del Chillón, 21 de ellos en Lima Metropolitana: San Martín de Porres, Los Olivos, Comas y Carabayllo. A pedido de la Municipalidad de Ventanilla se añadió otro punto próximo a la desembocadura, en playa Márquez. La calificación oficial es elocuente: hay sectores con peligro alto y muy alto de inundación, erosión y huaicos.

¿Qué se está haciendo?

Hay intervenciones, aunque insuficientes. El Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego informó el 6 de setiembre que comenzó los trabajos de limpieza y descolmatación en Puente Macas I y II, Santa Rosa de Quives. Son 1.730 metros de cauce y 3.460 metros de bordes, con una inversión superior a S/1,35 millones. Acción necesaria, pero localizada y orientada principalmente a proteger terrenos agrícolas.

Pero, ¿qué ocurre aguas abajo, donde el Chillón atraviesa zonas densamente pobladas y finalmente llega al Callao? Allí una inundación no amenazaría solamente cultivos. Afectaría viviendas, carreteras, servicios y áreas estratégicas. Particular atención merece el corredor de Néstor Gambetta y Márquez, próximo a la desembocadura.

¿Y el autobombo del sector privado? El Gobierno anunció con entusiasmo una alianza con el sector privado. Los principales gremios empresariales ofrecieron maquinaria pesada, motobombas, almacenes, logística y equipos técnicos. Toditito… Se creó, incluso, un llamado Comando El Niño privado, cuya articulación fue encomendada al exministro Carlos Neuhaus, con participación de Confiep, AFIN, Capeco, Asbanc, AGAP, la Sociedad Nacional de Minería y otras organizaciones.

Iniciativa positiva... Pero las emergencias no se enfrentan con anuncios.

Bien El respetable Neuhaus ha aparecido públicamente recorriendo trabajos preventivos en el Rímac y Hombro a Hombro ha advertido que el tiempo se está acabando. Su director ejecutivo, Juan Manuel Arribas, señaló que existen entre 1.700 y 1.800 puntos críticos en el país y que el Estado estaría priorizando apenas 500 o 600. El gobierno habría indicado al sector privado intervenir donde el aparato público ya no alcanza.

Indispensable la transparencia. ¿Qué está haciendo concretamente ese “comando privado” en el amenazante Chillón? ¿Qué tramos le han sido asignados? ¿Cuántas máquinas están trabajando allí? ¿Cuánto material se ha retirado? ¿Cuáles puntos críticos estarán despejados antes que aumente más el caudal?

Porque no basta anunciar un tablero de control. Ese tablero debería ser público y actualizarse semanalmente. Los ciudadanos tendrían que poder saber qué punto crítico está siendo intervenido, quién es responsable, cuánto se ha avanzado y cuándo terminarán los trabajos.

Hay, finalmente, una pregunta especialmente delicada: el aeropuerto Jorge Chávez. No existe aún información técnica pública que permita afirmar que un desborde del Chillón alcanzaría directamente sus pistas. Pero tampoco parece prudente descartar el riesgo simplemente. El hecho es que ese río colmatado pasa a pocos metros de la pista de aterrizaje. Una avenida excepcional, con el cauce colmatado y un desborde en la cuenca baja, podría extender agua sobre la planicie del Callao y afectar infraestructura estratégica.

La pregunta debería contestarse ahora, no durante la emergencia: ¿existe un modelamiento hidráulico actualizado que establezca hasta dónde llegaría el agua ante un desborde extremo del Chillón y descarte que pueda afectar el aeropuerto? Si existe, que se haga público. Si no existe, habría que hacerlo urgentemente.

Con El Niño no se puede empezar a improvisar cuando empieza a llover. El Chillón está allí. Los puntos críticos están identificados. La colmatación puede verse. Las máquinas anunciadas también deberían poder verse.

Fin: La pregunta no es ¿dónde está el peligro?. Es si llegaremos antes que el agua.

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