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Pocilga de los injertos de la plaza Bolívar, por Augusto Álvarez Rodrich

Delincuentes que no se cansan de destruir la democracia.

larepublica.pe
AAR

El Congreso culminó ayer la legislatura 2022-2023 manteniendo invicta su capacidad de desprestigiar la democracia, pero profundizando la degradación, lo cual justifica la marcha de hoy para protestar contra la mediocridad y corrupción de ese recinto que, antes que parlamento, parece pocilga.

Pocilga es —la mayoría de los congresistas no lo sabe, pues no pasa por el diccionario— un lugar hediondo y asqueroso, y eso puede ser, incluso, una denominación generosa para este Congreso.

La mediocridad, en efecto, apesta en este Congreso en el que la mayoría es incapaz de articular una intervención con un mínimo de coherencia.

Ver una sesión del pleno o de alguna comisión —como lamentablemente debe hacerlo esta columna por la necesidad de información para su labor— es una experiencia penosa por la sensación de presenciar un establo con personas que balbucean sin conectar ideas.

Aunque peor aún es la constatación de que ahí no se debaten posiciones sobre los principales problemas de la ciudadanía, sino intereses particulares y negociados que hunden al país.

Un ejemplo penoso es la destrucción que el Congreso ha puesto en marcha contra los avances escasos ocurridos en la educación peruana, tanto a nivel universitario para servir a intereses subalternos de algunos congresistas, como —esta semana— la escolar con la norma del nombramiento automático sin examen gracias al lobby del Bloque Magisterial integrado por quienes no han podido pasar esas pruebas, a cambio de sus votos para destituir a una fiscal por razones políticas.

Eso no le importa a la mayoría de los congresistas porque son básicamente unos delincuentes que llegaron al parlamento a robar, por ejemplo, a los trabajadores de su despacho, a quienes extorsionan para quitarles su sueldo para mantener el empleo. Tan delincuentes como sus solidarios colegas con el delito —como el mochasueldismo— a quienes blindan. O que dan leyes para limitar la colaboración eficaz para proteger a otros ladrones como ellos.

Derechistas, centristas e izquierdistas conforman una amplia mayoría, con cada vez menos excepciones, que constituyen la banda de los injertos de la plaza Bolívar que no se detiene en la destrucción de la democracia peruana.

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