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Una amenaza, por Mirko Lauer

"Para quienes responden a la criminalidad con nostalgias dictatoriales, las bandas inmigradas y su reguero de fechorías violentas son un argumento intenso para que los métodos del salvadoreño Bukele asomen su cabeza por varias partes de la región".

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Lauer

La compañera de crímenes de un notorio hampón venezolano muerto en un cruce de disparos amenaza de muerte a la Policía que lo liquidó. ¿Es una respuesta enfurecida por haber perdido a su pareja? Es una reacción frecuente. ¿O es el frío intento de levantar un prestigio gansteril que acaba de caer por tierra con esa muerte?

El muerto era un avezado delincuente, y no estaba solo. Se mencionan relaciones operativas con algunas de esas bandas criminales que nos fletó el chavismo sin vergüenza alguna. Debemos suponer que la socia tiene las mismas relaciones, y que bien podría estar hablando desde allí, sin temor a estar corriendo demasiado riesgo.

Con su amenaza de muerte la mujer sugiere, calculadamente o no, que llegado un momento ella podría equiparar su poder de fuego con el de la PNP. También lo imaginamos como un mensaje al universo delictivo que opera en este país. Lo cual a su vez mueve a preguntarse qué tan fuertes son las bandas criminales inmigradas de fuera.

Como los peruanos acompañantes de nuestra economía criminal, se trata de bandas territoriales. Pero además son transnacionales. El nombre de la más conocida, una verdadera “megabanda” usa la imagen de un tren. Suponemos que parte de su negocio es desplazar víctimas, recursos y soldados (una palabra de la mafia) de un país a otro y de regreso.

Las bandas de venezolanos son fuertes en el Perú, en efecto, y su recurso al sicariato evidencia su acceso a algo así como un banco de psicópatas. Es probable que la pareja del muerto, que al parecer funciona como una corredora inmobiliaria criminal y una suerte de proxeneta (¿caficha?), sea parte de ese activo.

Pero las bandas no están allí para proteger a sus empleados que se exponen de semejante manera. De modo que ella a estas horas debe estar fugando, no solo de la Policía sino además de sus propios jefes en el delito. Desde el punto de vista del trabajo de inteligencia, sería muy importante encontrarla viva, y en el Perú.

Para quienes responden a la criminalidad con nostalgias dictatoriales, las bandas inmigradas y su reguero de fechorías violentas son un argumento intenso para que los métodos del salvadoreño Bukele asomen su cabeza por varias partes de la región.

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