19 de Enero de 2016 | 16:00 h

Túpac Yupanqui, el mascarón de proa del buque escuela vela Unión

El equipo de Rumbos estuvo en los astilleros de los Servicios Industriales de la Marina (Sima) en el Callao, para conocer el resultado del arduo trabajo de la escultora Pilar Martínez Woodman.

El buque escuela a vela Unión tiene a Túpac Yupanqui, el inca navegante, como mascarón de proa. Foto: Luis Pérez

El buque escuela a vela Unión tiene a Túpac Yupanqui, el inca navegante, como mascarón de proa. Foto: Luis Pérez .

Luis Pérez / Revista Rumbos

Príncipe, guerrero y emperador. El heredero de Pachacútec impone respeto. Nadie se atrevería a desafiar su importancia. Mucho menos obviar su presencia. Solo queda admirarlo. Propios y extraños se rinden ante su majestuosidad. Todos se quedan atónitos. Murmuran. Guardan silencio.

 
Y es que Túpac Yupanqui, ‘el resplandeciente’, ha regresado después de un largo viaje en el olvido histórico, para emprender nuevos rumbos exploratorios y navegar por las aguas oceánicas, no con el propósito de dominar nuevas tierras, como lo hacía antes, sino para ser un mensajero de paz y de unión.
 
 
Pilar Martínez Woodman aprendió a querer a Túpac Yupanqui mientras esculpía el mascarón. Foto: Luis Pérez
 
Esa es la misión que tuvo desde un principio la escultora peruana Pilar Martínez Woodman, cuando emprendió la tarea de diseñar con la imagen del inca Túpac Yupanqui, el mascarón de proa del buque escuela a vela Unión, construido en los astilleros de los Servicios Industriales de la Marina (Sima).

Trabajo y emoción

“Su espíritu está ahí, intacto, pero los tiempos cambian. Ya no estamos para más derramamiento de sangre. Túpac Yupanqui, en sus viajes por los diferentes países, llevará paz”, revela Martínez Woodman, mientras observa con evidente emoción, como su obra es colocada y soldada en la proa de la Unión por los técnicos del Sima.

Los técnicos del Sima fueron los encargados de colocar el mascarón de la Unión. Foto: Luis Pérez

La escultora está anonadada, admirando el fruto de su trabajo y sensibilidad. Los marinos la felicitan por su estupendo trabajo. Ella sonríe sin dejar de mirar su creación. La ve por todos los ángulos: “impacta y cuenta una historia”, dice.

Ahora ella cuenta su historia: “la escultura es de bronce y pesa más de una tonelada. Está trabajada bajo una técnica de patinado con cera de abeja. Es el resultado de la cooperación entre historiadores, antropólogos y escultores. Definitivamente, teníamos que saber quién era el Inca. Y lo que descubrimos es que fue un grande. Un explorador, un conquistador, un navegante como ninguno”, explica entusiasta.  

Inca navegante

Y es por eso que la Marina de Guerra del Perú decidió rendirle un homenaje, a través de su presencia en el buque escuela a vela Unión, el más grande de Latinoamérica, al inca que navegó mar adentro con 20.000 soldados, según varios cronistas españoles. Esa expedición marítima lo llevaría a la Polinesia.

Muchos más logros: “realizó diferentes campañas por los cuatro suyos del Tahuantinsuyo. ¡De todas salió victorioso! También llegó a la isla de Pascua (Chile)”, detalla la escultora, quien se atreve a confesar que durante el proceso creativo “he llegado a enamorarme de él, por su historia, por lo mucho que tenemos en común”.

Martínez cuenta que planeaba viajar a la Polinesia desde mucho antes de que fuera elegida para trabajar el mascarón; pero diferentes sucesos le impidieron realizar la travesía. En aquel momento, no imaginaba que, unos meses después, sería la encargada de darle forma a la escultura del personaje histórico al que se le atribuye ser el primero en llegar a ese lugar del mundo.

“Ahora que lo concluí, sé que tengo su permiso para realizar mi viaje soñado. Iré con mi esposo, quien también anda fascinado contando por todos lados la historia de Túpac Yupanqui”, narra y se ríe.

El inca que inspira

El inca mira fijamente al horizonte. Foto: Luis Pérez

¿Y cómo te inspirante?, pregunta un contralmirante. “Meditando, siempre lo invocaba. Este es el resultado. Si lo vemos mucho, nos vamos a sentir identificados en él”, responde. “A parte de que su indumentaria es tal y como nos narra el cronista Guamán Poma”.

Pero en la obra también hay espacio para la creatividad. Es por eso que en el mascarón hay simbología moche, ichma, nasca y de otras culturas precolombinas. También resalta la presencia del Dios Inti (Padre Sol), sobre el personaje principal. El astro muestra siete rayos. A los pies de Túpac Yupanqui se encuentra la piedra de los 12 ángulos.

El inca luce una capa que se asemeja a las alas de los ángeles, lo que le da un toque místico. En su mano izquierda lleva un escudo y su brazo derecho está en alto en señal de poder, mientras que su mirada escudriña el horizonte. Sus ojos imponen respeto, entonces, solo queda admirarlo, quedarse atónito, guardar silencio.

Los datos

El mascarón tiene una dimensión de 4.20 metros (desde el sol hasta la piedra de los 12 ángulos), similar dimensión presentan cada uno de los lados de su capa (babor-estribor)

El buque escuela vela Unión será presentando a la nación el 27 de enero. Hasta junio estará en etapa de prueba. Luego visitará diferentes ciudades de Latinoamérica, llevando lo mejor de la cultura e identidad peruana.

 

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