Quedarse solo

30 Dic 2017 | 6:00 h

Los buenos gobernantes consolidan alianzas, no opositores. PPK, sin embargo, ha hecho todo lo contrario. Con su reciente decisión no solo sembró nuevas dudas sobre el valor de su palabra, sino que se ganó el rechazo definitivo de quienes le permitieron llegar a palacio y mantenerse en él.

No se puede olvidar que PPK afirmó de distintas formas que no transaría con el indulto. Hasta firmó un compromiso con organizaciones que en el momento decisivo le hicieron ganar la elección presidencial. A ellas abandonó sin mayor explicación.

Lo mismo hizo con los que se fajaron en su defensa la semana pasada. El informe médico del indulto estaba en el MINJUS días atrás, aun así la vicepresidenta y el mismo MINJUS lo negaron. El indulto que luego se otorgó en tiempo récord y con vicios que ponen en juicio su legalidad ya estaba en marcha, pero se decidió engañar a quienes defendían la institucionalidad y a su gobierno.

La forma en que se otorgó el indulto constituye también una ofensa para las víctimas que esperan justicia. PPK ni se tomó la molestia de mencionarlas durante su opaco mensaje del 25. En vez de llamar delito a lo que fue delito, habló de “errores y excesos”, y a la memoria la calificó de “emociones negativas heredadas del pasado”, en lo que pareciera un intento de reescribir la historia, demostrando una ausencia de empatía inaceptable para quien debería unir a una nación que llega a su bicentenario con heridas que esperan cura.

PPK ha pretendido revestir de humanidad un evidente acuerdo de sobrevivencia política. Su ardid nos ha llevado a una crisis mayor. Quienes lo insultaron y vapulearon semanas atrás le sonreirán algunos días, pero no dejarán su rol opositor. A cambio traicionó a quienes se la jugaron por él, ahora enfrenta una calle caliente y llevó la credibilidad del gobierno al nivel más bajo. Las renuncias de varios altos funcionarios hablan por sí solas.

(*) Regidor por Lima.

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