Lavar a Keiko

La crisis terminal de la comisión Lava Jato.

4 Dic 2017 | 6:00 h

La comisión Lava Jato se ha convertido en una caricatura. Es el remedo de un grupo que investiga la corrupción, y el ejemplo exacto de lo que no se debe hacer desde el Congreso cuando se emprende la delicada tarea de indagar las actividades ilegales de personas que abusando de su cargo y posición les han dado la espalda a los peruanos.

La comisión fue designada para investigar los sobornos, coimas y dádivas en relación con las concesiones, obras y proyectos adjudicados a las empresas brasileñas Odebrecht, Camargo Correa, OAS, Andrade Gutiérrez, Queiroz Galvao y otras, desde el inicio de sus actividades hasta la fecha por cualquier forma de contratación con el Estado peruano. No obstante, a 11 meses de su instalación solo puede exhibir un desempeño mediocre y parcializado que deja un precedente lamentable de la crisis de la institución de la investigación parlamentaria.

El grupo es formalmente multipartidario y en su composición no se refleja cuantitativamente la mayoría absoluta fujimorista. De sus 7 miembros, dos son de Fuerza Popular, y uno por cada una de las bancadas siguientes: PPK, Frente Amplio, APP, Apra y Acción Popular. No obstante, en su seno se ha formado una clara tendencia cuyo propósito es dejar el manejo de la comisión a Fuerza Popular y al Apra, con la indiferencia del resto.

El demostrado interés del grupo es la indagación de las denuncias que comprometen a sus adversarios y, al mismo tiempo, impedir que se investigue las denuncias contra Keiko Fujimori y Alan García. Este diario ha documentado que, de los 86 invitados a la comisión, 25 fueron en relación con el gobierno de Alejandro Toledo, 19 sobre denuncias respecto del gobierno de Ollanta Humala, y 10 acerca de los casos de la Línea Amarilla y la campaña por el NO, durante la alcaldía de Susana Villarán en Lima Metropolitana. En cambio, solo se han recogido 8 testimonios respecto al gobierno de Alan García, en tanto que sobre las acusaciones contra Keiko Fujimori solo se ha tenido la comparecencia de esta, en una sesión vergonzosa en la que no hubo preguntas documentadas y en cambio una actitud solícita de la mayoría de sus miembros.

Las sesiones de la comisión demuestran la ausencia de orden, planificación y rumbo. Esta falta de eficacia y objetividad, lamentablemente ha terminado arrastrando a parlamentarios reconocidos por su implacable lucha contra la corrupción, patentizados en los casos de la corrupción de la Vía Expresa del Callao, o el grupo criminal Orellana Rengifo, u otros que en el pasado cercano plantaron cara a las arbitrariedades cometidas en el gobierno de Ollanta Humala. En ese contexto, es visible el papel de comparsa que desempeña el vicepresidente, miembro del Frente Amplio.

Las bancadas de los grupos democráticos deben ser coherentes con su discurso en favor de una lucha implacable contra la corrupción y dejar de prestarse a una dañosa sustitución de la investigación por un esquema de venganza y apaño. El tiempo de esa farsa ha concluido.

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