Qué hacer con la paz

Tareas pendientes para que no se repita el terror.

13 Sep 2017 | 6:00 h

La derrota del terrorismo, patente después de la caída del cabecilla de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, y su cúpula, trajo al Perú un período de paz, una conquista que si bien no fue completa –tuvimos también que recuperar la democracia y reducir significativamente la pobreza– posibilitó una nueva realidad en la que ya no estaban presentes los atentados terroristas, los paros armados y el desplazamiento forzado.

Fueron abordadas luego muy pocas tareas que la paz demandaba, entre ellas el repoblamiento de las zonas afectadas por la violencia (1996), la liberación de los detenidos inocentes a través de la Comisión de Indultos que presidió el padre Hubert Lanssiers (1998), la creación de la Comisión de la Verdad y Reconciliación-CVR (2001), y el nuevo juzgamiento de los terroristas por tribunales ordinarios luego de que el TC declarara ilegales los tribunales sin rostro, reñidos con los estándares internacionales (2003).

En medio de estas acciones se tomaron decisiones equivocadas cuyas consecuencias pagamos hasta ahora. La primera es la desactivación del GEIN, el grupo de inteligencia de élite que protagonizó la captura de Guzmán, probablemente como una venganza de Fujimori y Montesinos contra la DIRCOTE y su jefe general Ketín Vidal y debido a que por razones de seguridad no fueron notificados del operativo, y porque el jefe máximo de la DIRCOTE se negó a entregarle a Montesinos al detenido. Es obvio que si el GEIN no hubiese sido desactivado habría sido más fácil asestar los golpes definitivos al terrorismo, como la captura de los cabecillas ‘Feliciano’ en la selva central, y ‘Artemio’ en el Alto Huallaga. Recordemos que por la falta de esa inteligencia se produjo la pérdida de un helicóptero en el VRAE y no se pudo actuar eficazmente contra ese remanente subversivo.

La segunda equivocación fue el uso político de Sendero Luminoso, cuya máxima expresión fue el intento de llevar a cabo un Acuerdo de Paz con el terrorismo derrotado, permitiendo que Guzmán y su cúpula se reunieran en prisión, debatieran, redactaran una declaración y la leyeran ante los peruanos, además de los paseos en bote que Fujimori y Montesinos les organizaron a Guzmán y Elena Iparraguirre y la torta de cumpleaños que le regalaron a esta última. Ese afán de usar la victoria de todos los peruanos como un botón del gobierno fujimorista contribuyó decisivamente a la elaboración del nuevo discurso terrorista que ahora se escucha sobre la amnistía a Guzmán y su cúpula, un nuevo “acuerdo de paz” y la legalización de Sendero Luminoso.

Las tareas de la paz siguen esperando, como el juzgamiento y sanción de todos los delitos cometidos en el período de violencia, la reparación de las víctimas, la ubicación de los desaparecidos, la construcción de una memoria democrática que impida el retorno de cualquier terror o autoritarismo que afecte gravemente a los peruanos, y una lucha ideológica firme y eficaz contra el senderismo que pretende legalizarse.

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