“Militares nos violaron en nuestras casas, en el cuartel y en el campo”

Caso Manta y Vilca. Jóvenes entre 14 y 16 años fueron agredidas sexualmente por miembros del Ejército como práctica antisubversiva. Hoy, 33 años después, las víctimas darán sus testimonios a un tribunal que procesa en reserva a 14 militares.

1984. Sede de la base militar del Ejército en Manta.

1984. Sede de la base militar del Ejército en Manta..

2017. Dos de las nueve víctimas que denunciaron a nivel judicial dieron su testimonio a La República. Una sala itinerante recogerá más declaraciones.

2017. Dos de las nueve víctimas que denunciaron a nivel judicial dieron su testimonio a La República. Una sala itinerante recogerá más declaraciones..

Elizabeth Prado

"En Manta, los militares nos violaron en nuestras casas, en el cuartel y también en el campo cuando teníamos entre 14 y 16 años. Ellos nos trataban de terrucas, nadie nos podía defender, ellos eran la autoridad", relató por primera vez a la prensa una de las tres mujeres que mañana darán su testimonio ante la Sala Penal Nacional lo que les ocurrió en 1984.

T.A.B. tenía 16 años y estudiaba primero de secundaria en la comunidad huancavelicana de Manta. Recuerda que en julio de 1983 llegaron los senderistas y sembraron temor porque cada noche accionaban explosivos y al amanecer aparecían pintas y carteles con amenazas de muerte. Los siguientes meses se agravó más la situación porque empezaron a reclutar a los jóvenes.

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Ella huyó a Huancayo. En marzo del siguiente año, viajó a la ciudad de Huancavelica para canjear su boleta por una libreta militar. Allí se enteró que los militares habían ingresado a Manta y que muchas casas del poblado estaban quemadas.

Retornó preocupada por su madre y sus hermanitos. Encontró su casa aún humeante y a su madre llorando desconsolada. Un familiar los ubicó en una casa abandonada y les prestó frazadas, un par de ollas y algunos víveres para que cocinen.

"Ahí estábamos viviendo. Una tarde, mi mamá y mi hermanita se fueron donde mi tío. Ya era como las 7 de la noche. Yo estaba acostada en mi cama. En ese momento entró un militar gritando: 'terruca, dónde está tu jefe, ahorita ha salido, dónde ha ido, avisa conc...'. Yo le dije: joven, yo no soy de Sendero Luminoso, al contrario, he huido de ellos", describió T.A.B, quien ahora tiene 51 años.

"Me agarró con fuerza, pero como yo ya estaba parada me defendí. Esto lo enfureció. Me gritaba 'terruca' y me dio bofetadas. Otros cuatro entraron y me tiraron al suelo. Me inmovilizaron de mis manos y mis piernas. Yo gritaba y me vendaron la boca. El militar me violó, yo me mordía la boca porque un militar terminaba y comenzaba otro. Esa fue la primera vez que me violaron", contó a La República.

La segunda vez ocurrió en la propia base militar.

T.A.B y su sobrina de 14 años fueron a pedir el salvoconducto que necesitaban para salir hacia Huancayo. Cuando llegaron al lugar las hicieron pasar a una habitación donde un oficial les gritó: 'terrucas, conc..., ya pasen. Ahora no vas a salir viva', le dijo y la aventó a una cama.

'A cuánta gente has matado', le inquirió, abofeteándola. Luego puso un cuchillo en su cara, después un revólver en su cabeza, y le preguntó con cuál de ellos quería morir.

El oficial no escuchaba sus ruegos. La obligó a desnudarse, amenazándola con cortar su vestimenta.

"Me asusté y empecé a quitarme la ropa. 'Conc... terruca ahora vas a ver', dijo y se sacó su polo y su pantalón. Llamó a unos soldados y les ordenó violar a mi sobrina. Mientras a mí me violaba, a un costado de la cama los soldados hacían lo mismo con mi sobrina. Terminó de violarme y se paró. El soldado seguía violando a mi sobrina. Entonces el militar pisó con furia la espalda del soldado gritándole que siga. Después le jaló de su polo y le mandó a que me viole y él pasó a violar a mi sobrina", recordó.

Lo que siguió fue delirante. El oficial al que llamaban 'Ruti' hizo traer cerveza y puso música. Obligó a las menores a beber y a bailar con él y unos soldados. Ya estaban mareadas cuando llegó una chica que se acercó amorosa al oficial. Ambos se acostaron en la cama mientras los soldados y las víctimas seguían bailando.

De pronto el oficial los botó de la habitación, pero antes dijo a los soldados que formen dos filas para que las sigan violentando.

La sobrina de T.A.B. terminó siendo presa sexual de los militares. Tuvo dos hijos producto de las violaciones.

 

A los 14 años

 

Otra víctima de esta insania es M.A.B. Fue violada cuando tenía 14 años.

"Con una amiguita estábamos haciendo la tarea de noche, alumbrándonos con un mecherito. De pronto, entraron los soldados. Entré en pánico. Un soldado agarró a mi amiga y otro a mí. No sé si el mechero se cayó o lo apagaron pero todo estaba oscuro. Me llevaron a un rincón y a mi amiga a otro. Yo gritaba, no sé si fuerte o despacio, pero peleaba para defenderme. Nos violaron. Cuando terminaron escuché decir: 'Ya, Pato, vámonos'. El otro contestó: 'Vámonos, Ruti'. Nos quedamos llorando. Ese día una mitad de mi cuerpo vivía y otra parte no; se había acabado mi niñez", narró.

Volvió a ser violentada cuando se dirigía a su casa y en el camino un soldado la interceptó. Esta vez quedó embarazada. Tuvo un hijo al que inicialmente no quiso. Hoy le da pena porque siente que también es una víctima.

Refirió que en Manta mandaban los militares. Estaban en el izamiento de la bandera, en el aniversario del colegio. Eran autoridad. "A dónde me iba a ir, no podía apartarme", lamentó. Rememoró que cuando niña soñaba con ser profesora o abogada. Jugaba a tener su casita y ahí se veía como una profesional. Hoy, a los 47 años, no ha podido lograrlo.

"Todo eso lo han destruido. Sé que Dios va a hacer justicia y sé que las autoridades van a entender todo lo que pasó. Es un hecho real que ha sucedido en mi pueblo, no es un cuento. Se supone que los militares fueron a protegernos de Sendero Luminoso, no a malograr la vida de niñas", señaló.

El dato

  • Entre los años 1984 y 1995 la violencia sexual fue una práctica reiterada por parte de los miembros del Ejército contra las mujeres de Manta y Vilca. En estas comunidades se instalaron bases militares para luchar contra Sendero Luminoso.

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