Libertad en el hemiciclo

Mirko Lauer

¿Unos pocos bloques parlamentarios son más convenientes que un archipiélago de pequeñas bancadas? Luz Salgado piensa que sí, aun

que no explica bien por qué. Quien sí dio una explicación convincente fue Fernando Tuesta, tanto así que hace poco más de diez años se estableció la barrera del 5% para llegar al Congreso. Pero igual algunas bancadas ganadoras se fragmentaron.

Por otras vías, hoy hemos llegado al mismo debate. Un grupo de parlamentarios está reclamando contra la nueva ley que impide la libertad de movimiento político del gremio, libertad que significaría tendencias, fragmentación y bancadas más pequeñas en el hemiciclo. Obviamente Fuerza Popular, con más de 70 congresistas en la bolsa y ahora disidencia interna, se opone.

Seguramente un Congreso con pocas bancadas es más fácil de administrar desde la directiva. Pero si esa situación está forzada por una prohibición, entonces va contra la realidad política del Poder Legislativo. La ciudadanía no ha votado por partidos que cuentan con un personal sujeto a ellos, sino por personas libremente agrupadas en listas partidarias.

Si las listas parlamentarias fueran confeccionadas a partir de militantes o afiliados firmes de partidos estables, el argumento de las grandes bancadas podría tener un poco de (nunca mucho) asidero. Pero con listas recogidas en buena medida por los caminos, con poquísima relación entre el membrete y el congresista, la llamada ley antitransfuguismo es una trampa.

Hay democracias donde se alienta la formación y el avance de partidos pequeños, con la idea de que todas las posiciones deben estar representadas en el Congreso. En el Perú preferimos una situación oligopólica, en la cual menos es más, y muchos intereses, puntos de vista, o proyectos son excluidos mediante variados mecanismos.

La ley contra lo que se llama transfuguismo tiene que estar siendo vivida como una especial decepción por parte de aquellos que fueron invitados a las listas parlamentarias bajo el régimen del voto preferencial. Tendrían toda la razón para considerarse socios del partido que los ayudó a llegar, y no meros arrendires en el juego de la directiva partidaria.

Pero si los congresistas paralizados y amordazados no se pronuncian ahora que el tema está en el Tribunal Constitucional, entonces tendrán que seguir así hasta el 2021. La argolla del poder siempre volverá, pero pocos de los demás serán reelegidos.

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