Narrativa. El arte verdadero y otros cuentos, libro póstumo de Jorge Ninapayta, expone aspectos de la infelicidad humana., Conocí a Jorge Ninapayta de la Rosa en las aulas de San Marcos, en los años 80, cuando había coches bomba, apagones y huelgas infinitas en esa casa de estudios. Estudiar literatura nos hizo cómplices de lecturas, conversaciones sobre las clases de Antonio Cornejo Polar, Fernando Vidal o Edgardo Rivera Martínez, entre otros, que extendimos también en una amistad cultivada en el Patio de Letras, en donde, casi siempre, estaba con su entrañable amigo el ahora crítico literario Paúl Llaque Mininguillo. Eran años en que, por ejemplo, Mario Bellatín era un muchacho veloz que venía de la Universidad de Lima para entroparse como alumno libre con la tribu literaria sanmarquina. Recuerdo estas escenas a propósito de que acabo de leer El arte verdadero y otros cuentos (Ed. Peisa), libro póstumo de este amigo escritor a quien la muerte emboscó con un cáncer en plena madurez literaria, el 8 de junio del 2014. Jorge Ninapayta, que nació en Nasca (1957), era un escritor de fuste, con el ego en su sitio, sin aspavientos ni mayores ruidos como ahora parece ser el estilo. Su escritura mereció el Premio Cuento de las Mil Palabras, de Caretas (1994). Asimismo, el Premio Internacional Juan Rulfo (París, 1998). En vida publicó Muñequita linda, conjunto de narraciones donde está el inolvidable cuento “García Márquez y yo”. También la novela corta La bella y la fiesta y el libro de investigación Lima en el ensayo literario peruano. O sea, los créditos de escritor de Ninapayta están allí, no es nuestra condición de condiscípulo y amigo la que nos permite opinar que El arte verdadero... confirma las virtudes cuentísticas ya demostradas en Muñequita linda. El arte verdadero reúne seis cuentos, en los que, a manera de pulsión continua, el fracaso es una suerte de mueca en los rostros de cada uno de los protagonistas. Todos ellos se hallan ante el espejo de su existencia, donde la felicidad pareciera ser una pared lisa, insalvable. Y lo hace con una prosa precisa, medida, casi ribeyriana, donde uno haya equilibrio en la dimensión humana del personaje con la exactitud del lenguaje. “Que sigan los éxitos”, el primer cuento, narra la historia de Lorenzo del Águila, un viejo modelo de piernas (para zapatos) en retiro que quiere retomar los años de glamour. El intento le depara tener noticias de un hijo del que no sabía que existía. No lo llega a conocer en persona. Constata que los tiempos para modelo ya son otros. El relato finaliza cuando Lorenzo repara la vieja cañería de su baño, acaso tan averiada como su vida. En “El arte verdadero”, que da título al conjunto, trata del cantante Patricio y su novia Belinda. Un cantante de un teatro de poca monta donde él no se siente reconocido y menos está contento porque el espectáculo esperado no es el suyo sino una obra de teatro semiporno con meretrices retiradas. La ironía es que Belinda se incorporará, feliz, al elenco de la obra esperpéntica. Ese sinsabor del protagonista también está en el francés Jean Paul Rouchtil, del cuento “Pan francés”. Traído exclusivamente a Lima para establecer la mejor receta del pan francés, al final, después de fórmulas fallidas, Jean Paul no presentará la suya, sino la receta casera de una amiga. Él recibirá en público un diploma por su aporte, pero en sus adentros le tortura mentirse. En “Muy agradecido” y “Todo relativo”, el fiasco, igual, enrostrará a los personajes. El libro sería redondo sin el cuento “Hechicera”, que si bien mantiene la atmósfera, su trama resulta previsible. Pero no hay problema, este cuento es solo la excepción del conjunto.