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Katharine Graham, la dama de hierro del Post

Steven Spielberg dedica su última película para relatar el épico episodio en que Katharine Graham, la dueña del The Washington Post, publicó documentos desafiando la prohibición de Nixon.

Ángel Páez

Domingo, 11 de Febrero del 2018

"Nixon odiaba a la prensa, al Post y el Times en concreto, e iba a hacer todo lo posible para cazarnos como fuera", escribió en sus memorias la propietaria de la empresa que publica el diario The Washington Post, Katharine Graham. Lo peor para el periodismo es tenerle miedo al gobierno. Y Graham lo sabía. No publicar o cesar de publicar por miedo al gobierno es una traición a los lectores que confían en el periodismo. Cuando los diarios The New York Times y The Washington Post se enteraron de que el presidente republicano Richard Nixon los odiaba infinitamente, y que haría todo a su alcance para arruinarlos, no desperdiciaron la oportunidad para defenderse como suelen hacer los mejores periódicos: exponiendo las miserias del enemigo de la prensa. La oportunidad para demostrarlo llegó con los Papeles del Pentágono.

Neil Sheehan había trabajado como corresponsal de guerra en Vietnam durante dos años para la agencia de noticias UPI, y por la excelencia de su desempeño el Times lo contrató y pasó un año más en el terreno del conflicto. En el teatro de operaciones, Sheenan conoció al oficial Daniel Ellsberg, y ese vínculo cambiaría la historia.

El 2 de marzo de 1971, poco después que Nixon cumpliera dos años de su mandato, Ellsberg llamó a Sheehan para encontrarse en Washington. Ellsberg le confió que trabajaba en la institución RAND Corporation y que había participado en la elaboración de un estudio ordenado por el Departamento de Defensa, o Pentágono, sobre la evolución de la guerra en Vietnam durante los gobiernos de Eisenhower, Kennedy y Johnson. Estos presidentes ocultaron al país que la guerra en Vietnam era un fiasco y que usaban el conflicto para sus intereses electorales y politícos, y Nixon repetía el guion. Le dio una copia a Sheenan y el 13 de marzo de 1971, para humillación del Post, el Times publicó la primicia.

Como todo gran director, Ben Bradlee, del Post, buscaba alguna forma de conseguir su propia exclusiva de los Papeles del Pentágono, cuando Nixon logró por intermedio del Tribunal Federal la suspensión de la publicación de los documentos secretos. A Bradlee se le presentó la extraordinaria ocasión de conseguir una copia mientras duraba la prohición. Y así fue. El editor Ben Bagdikian logró contactarse con Daniel Ellsberg y obtuvo ejemplares del informe. Todo estaba listo para que el Post lanzara su propia versión de los Papeles del Pentágono. Entonces cundió el miedo.

 

Con el viento en contra

 

Por un lado, Katharine Graham había puesto a la venta acciones de la empresa editora del periódico para salvarlo del hundimiento económico, y, por otro, existía un fallo judicial que obligaba a no difundir los Papeles del Pentágono. ¿Estarían dispuestos Graham y Bradlee a arriesgar la quiebra de la compañía y pasar una temporada en la cárcel por desacato? "No publicar la información cuando la teníamos era como no salvar a un hombre que se estuviera ahogando o como no decir la verdad. No publicarla sin luchar constituiría una renuncia que marcaría al Post para siempre, catalogándola de herramienta al servicio de la administración que estuviera en el poder", anotó en sus memorias el director del Post, Ben Bradlee.

Graham lo entendió perfectamente. No publicar era someterse al autoritarismo de Nixon, ceder a la humillación de callarse, traicionar a los lectores.

"Empezamos a preocuparnos cada vez más sobre la libertad de prensa y sobre la actitud autoritaria de la Casa Blanca, que pensaba que solo el gobierno tenía para determinar qué debía saber el pueblo norteamericano", apuntó Graham en sus memorias.

Con el corazón en la mano, Steven Spielberg retrata con eficacia en la película The Post la ansiedad, el nerviosismo y el éxtasis que estimula el dilema de elegir entre la continuidad de la empresa editorial como negocio, o publicar documentos secretos que contienen una historia que el gobierno oculta a los ciudadanos.

"Yo sigo pensando que la publicación de los Papeles del Pentágono fue la obligación de un periódico responsable", señaló Graham.

Spielberg reproduce en varios tramos las cintas que grabó Nixon en privado en su despacho de la Casa Blanca, en los que se escuchan los insultos y amenazas al Times y el Post y jura que los hará papilla. Justo al año siguiente de la publicación de los Papeles del Pentágono, el Post destaparía el escándalo de Watergate, una investigación a la que sumaría el Times. Ante las evidencias, Nixon tuvo que renunciar. Esto solo pasa cuando el periodismo no le tiene miedo al abuso de poder. Por eso Spielberg termina la película con la escena en la que los ladrones de Nixon son descubiertos en Watergate. Dicen que el cadáver de Nixon acabó cubierto por ejemplares del Post y el Times.

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