Nadie pone a lo escolares en el centro 2
¿A quién tenemos que educar? A los niños. ¿Cuál es el mejor producto que podemos producir? Seres humanos. ¿En qué debemos invertir, y en qué invierten las familias un alto porcentaje de sus ingresos? En la educación de sus hijos. Pero si esta inversión se va en coimas y en escuelas que no ofrecen calidad educativa ¿estamos invirtiendo bien?
Cada año, el Ministerio de Educación manda a imprimir más de 30 millones de libros de texto, parecidos a aquellos con los que las algunas empresas editoriales realizan, según las investigaciones, negociados y sobornos a escuelas y profesores.
Durante años, esos libros, y más con este gobierno, se han estado imprimiendo. La pregunta que debemos hacernos es ¿qué resultados han tenido? ¿Tiene resultados un cuaderno de trabajo en manos de un niño que no comprende lo que lee y menos sabe escribir? No.
Lo que el Estado está obligado a hacer es montar bibliotecas. Las bibliotecas, y esto pareciera que nadie lo sabe en el Ministerio de Educación, es una servicio de primera necesidad en un sistema que busca educar a su población. La biblioteca de un colegio tiene una vida mayor, sus títulos son diversos, y su uso puede extenderse a los padres de familia, pasando, obviamente por los profesores.
Un libro de texto multiplicado por un millón solo expone a algunos autores ante nuestros hijos. Y estos autores, además, solo resumidos, condensados o reseñados, pues el libro de texto, tal como se produce, es una especie de álbum con figuritas con preguntas por resolver. Puesto así, distribuir estos textos más parece un método de adoctrinamiento que un texto realmente educativo. Además, siempre, (no sé por qué), publican la cara del presidente en la contracarátula. Obviamente está pensado que el libro produzca alegría, placer, y riqueza a alguien que, en este caso, no parecen ser los niños.
Siempre debemos recordar que el Plan Lector busca que los pequeños y adolescentes descubran el placer de leer, que lo dicho ocurre solo si sus primeras prácticas lectoras son gozosas y placenteras lo cual supone poner a su alcance textos con un grado de dificultad informativo y estilístico que estén en su nivel. Tampoco hay que olvidar que el incremento de estos factores debe ser gradual.
Una biblioteca debe diseñarse pensando en quienes la van a usar y no en el curso de Literatura. No olvidemos que el Plan Lector es animación lectora, no un programa para que los chicos lean en dos meses a Shakespeare. A la literatura se llega, lo primero es desarrollar la capacidad de leer y agudizarla con prácticas continuas.
Javier Arévalo.