Grupo La República

Prensa de guerra 6

Publicado el abril 25, 2012 por asuntosinternos

Qué fácil es escribir sobre la guerra desde un cómodo sillón.

El encuentro que reporteros de “La República”, “El Comercio” y “24 Horas” sostuvieron con una columna senderista encabezada por el “camarada Gabriel”, cuando salieron en busca de un helicóptero derribado cuya pérdida no había sido reconocida por el gobierno, exaltó la crítica de un sector de colegas por haber servido de “caja de resonancia” del grupo alzado en armas. Unos cuestionaron que se le ofreciera tribuna a un criminal que se solazaba por el reciente asesinato de policías y militares, y otros deslizaron que se trató de un montaje. En cualquiera de los dos casos, los críticos nunca preguntaron a los protagonistas lo que había pasado en Alto Lagunas, lo que indica que no les interesaba conocer la verdad sino lucirse en el viejo deporte nacional del raje, la mala leche y la envidia.

Como todo reportero que se respeta, a pesar del temor y el estrés de estar rodeados y encañonados por una agrupación cuyos fusiles pocos días antes habían liquidado a varias personas, cumplieron con su misión.

Esa es la labor de un corresponsal de guerra. Nada más ni nada menos que contar la guerra, aunque le guste o no a alguno de los bandos, ni al propio periodista.

El reportero inglés del periódico “The Times”, George Steer, se infiltró en Guernica después que una horda de bombarderos nazis Ju-52, liderados por el teniente coronel Wolfram von Richtofen, al servicio del golpista Francisco Franco, atacó a la población civil, en 1937. Steer puso en riesgo el pellejo y relató la masacre a todo el mundo. Los franquistas acusaron de “agente comunista” a Steer.

George Steer, 1940.

Después del lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima, en 1945, el ejército estadounidense tendió un cerco para impedir que la prensa informara sobre los efectos de la radiación en los seres humanos. El reportero australiano Wilfred Burchett burló la censura y entrevistó a los sobrevivientes en los hospitales y escribió un desgarrador reportaje, “La plaga atómica”, que publicó el periódico londinense “Daily Express”. Fue el primer periodista occidental en revelar las atrocidades de la bomba. El general Douglas McArthur acusó a Burchett de “propagandista japonés”.

Wilfred Burchett, 1953.

Mientras que el dictador Fulgencio Batista declaraba que Fidel Castro estaba muerto y que su ejército rebelde había sido arrasado, el corresponsal del diario “The New York Times”, Herbert Matthews, lo entrevistó en la clandestinidad en Sierra Maestra, en 1957. No solo constató que estaba vivo sino que avanzaba con dirección a La Habana. El dictador Fulgencio Batista alegó que era falsa la historia y atribuyó a Matthews haber fabricado el encuentro.

Herbert Matthews, 1960.

Durante el conflicto de Vietnam, cuando el presidente John Kennedy anunciaba el inminente triunfo norteamericano sobre los comunistas, el periodista David Halberstam informaba que sucedía todo lo contrario. El pueblo vietnamita odiaba a los invasores estadounidenses y perdía la guerra. Kennedy exigió al director del diario “The New York Times” que relevara a Halberstam porque sus despachos estaban repletos de mentiras, glorificaba al enemigo y dañaba la moral delas tropas norteamericanas. “Es un traidor a la patria”, le dijo. El director se negó. Halberstam continuó en Vietnam y se ganó el premio Pulitzer, en 1964.

David Halberstam, 1963.

Seymour Hersh, en este caso un periodista independiente, en el sentido de que no trabajaba para ningún gran medio de comunicación, descubrió que las tropas estadounidenses masacraron a más de 400 pobladores de una aldea agrícola llamada My Lai, en represalia por una emboscada de los vietcong, en 1968. Gran parte de las víctimas eran niños. Un juicio militar secreto se ventilaba contra los asesinos para que el público no se enterara de lo sucedido. La gran prensa de Estados Unidos, alineada a favor de la guerra contra los comunistas de Vietnam, no le dio crédito a la información bajo el argumento de afectaba el patriotismo estadounidense. Hasta que el periodista Joe Eszterhas, del diario “The Plain Dealer”, de Ohio, consiguió y publicó fotografías de la matanza, lo que confirmó lo revelado por Hersh. En 1970 le dieron el Pulitzer.

Seymour Hersh, 1975.

Recientemente, el corresponsal del periódico madrileño “El Mundo”, Javier Espinosa, fue víctima de acoso por parte del régimen de Siria por reportar las atrocidades cometidas por las tropas del tirano Bashar Al-Assad en la ciudad rebelde de Homs. Creyeron que lo habían matado y difundieron la noticia. Espinoza estaba vivo, a diferencia de dos colegas, uno de la revista “Paris Match” y otra del diario “Sunday Times”, que cayeron víctimas de un bombardeo.

Espinoza sobrevivió para decir una gran verdad: “Periodismo es ir al lugar del conflicto y contar todas las historias que se encuentran”. Eso es lo que hicieron los reporteros que tropezaron con “Gabriel”. El periodismo de guerra no se hace desde un mullido sillón.

MJO Comentarios desactivados

Publicado el septiembre 15, 2011 por asuntosinternos

Manuel Jesús Orbegozo en uno de los encuentros con Ernest Hemingway.

Manuel Jesús Orbegozo se dio el lujo de entrevistar a William Faulkner, Gabriela Mistral, Ernest Hemingway, Robert Frost, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez en un país donde se lee poco y se olvida rápido. Cazurro, inteligente y sentimental, el estilo de MJO es incomparable. Conocía a fondo al personaje, manejaba el verbo activo como un futbolista frente al arco y detectaba estados de ánimos imperceptibles ante los ojos de cualquier otro mortal. La crónica sobre Hemingway en Cabo Blanco es excepcional. Pertenece a su primera época. En un tiempo en que se pide a los periodistas escribir poco para no aburrir al lector, reproducimos la historia de MJO con Hemingway en un paraje del desierto piurano, para que aprendan qué es periodismo esos que leen poco o nada y calientan asientos en las redacciones. Salud con pisco, maestro.

El Merlín que nunca “picó”

Ese día, Hemingway no “picó”.

Sé, positivamente, que el viejo Ernest fue tras mi anzuelo, pero no “picó” porque la “carnada” no estuvo bien preparada y porque él es un “sota” de merlín. Hemingway, que vive por la boca, no podía morir como un pez.

La “carnada” decía lo siguiente:

Talara, 14 de abril de 1956.

Sr. Ernest Hemingway

Presente.

De mi admiración:

He venido expresamente a esta ciudad para presentarle el saludo de los escritores de mi país, agrupados en el “Círculo de Escritores del Perú”, y a la vez, invitarle a visitar la Capitanía de la República y el Cusco, Capital Arqueológica de América.

El “Círculo de Escritores del Perú” aprovechará de esta oportunidad para inaugurar en Lima, en homenaje público de admiración a su talento merecedor, últimamente, del Premio Nobel de Literatura, un busto suyo, obra del escultor nacional Ccossi Salas.

Los detalles de su viaje a Lima y del homenaje lo ultimaremos personalmente.

De usted, atto. Y S.S.

Manuel Jesús Orbegozo.

Hemingway me miró de pies a cabeza en un dos por tres y sonrió. Infló sus carrillos de conejo y volvió a sonreír. Todo fue sonrisas. Me extendió la mano luego de pasarse la caña de pescar a la izquierda. Eran las cinco de la tarde y acababa de desembarcar en su segundo día de pesca en Cabo Blanco.

Hemingway se devoraba la “carnada” con los ojos, pero no se animaba a “picar”. Le brincaba el corazón ante la carta. Gozaba con la invitación. Pero dudaba. A los mejor se acordaría de Juan José de Soiza que hizo lo mismo para entrevistar a Clemenceau. Y no “picó”.

Se me escabulló de las manos, como un pez.

Mary Hemingway, me decía al siguiente día: “Hemingway iría al Cusco y a Lima, pero le tiene más miedo a los homenajes que a los tigres”.

En el fondo, yo lo había arruinado todo.

EL VIEJO SANTIAGO TRAICIONADO

“Al calamar hay que comerlo en su tinta”, dijo en su diario el periodista Jorge Donayre. Y así fue. A Hemingway “nos lo comimos en su tinta”.

Yo fui con Hemingway a alta mar. Me embarqué sin que se diera cuenta, en la lancha “Pescadores Dos” a la que subí de “pavo”. A la que subí con un portaviandas, y donde hasta tuve que esconderme en un W.C., pero de lujo.

Hemingway iba de pie en la cubierta de la “Miss Texas” del Club Cabo Blanco. Iba mirando el horizonte. Con su “jockey” metido hasta las orejas y su “short” que permitía verle las largas y poderosas piernas de andarín. Llevaba los brazos al aire como unas banderas, mostrando una musculatura de leñador. Bajó después de una hora y se puso a jugar con su caña e pesca.

-Total, esa es la vida, Ernest Hemingway: Juego, jugar…

Jugar a atrapar a un pez después de una hora de espera o de lucha. O al revés. Porque esa es su vida.

Juego de azar. Tirar el anzuelo y ponerse a esperar como un chino. La lancha cabriolea en una interminable “pega cortada” con el mar. Detrás viene un pez de mentira y otro de verdad. Un pez grande y un pequeño. Cumpliendo cada cual con esa ley casi bíblica de que el pez grande se comerá al chico.

Allí iba Heminway jugándole sucio al merlín que quería pescar para su película. Porque la carnada era un pez de metal. Yo lo vi. Era un pez brillante, nuevecito. Hemingway quedaba mal. No les jugaba limpio a los peces.

Hemingway se movía lentamente. Cuando llegó al aeropuerto, un compañero dijo que parecía un oso polar. No se equivocó. Así se movía en la lancha. Y no por no poderlo hacer a la velocidad de un balazo o de un “upper-cut”, sino porque él es así. Recordé la opinión de un escritor y le dije a propósito, con el pensamiento:

-Usted es frívolo, Mr. Hemingway.

-No –protestó él- recuerde la obviedad de los movimientos de los animales. Los animales pueden ser obvios pero no ridículos ni frívolos.

Eran las tres. Ocho horas estábamos ya en el ejercicio. Hemingway se escurrió dentro de la lancha, aburrido o arrepentido de estar traicionando al personaje de su “Viejo y el mar”. Porque el viejo Santiago estaba solo con su pez y su inmensidad. Y Hemingway no. Hemingway estaba acompañado, en una lancha de lujo y con amigos. Con su whiskey, sus sándwiches de jamón y huevo duro. Él no estaba solo. Pensaría en el viejo Santiago y su mar y debió sentir remordimiento. Debió aburrirse con la compañía de los demás.

Por eso se metió de cabeza en la lanchita veloz.

De izquierda a derecha, Mario Saavedra-Pinón (El Comercio), Jorge Donayre Belaúnde (La Prensa) y MJO (La Crónica), con Hemingway y Mary Welsh, su esposa.

¿HEMINGWAY ES SNOBISTA?

Desde la “Pescadores Dos” se veía el rostro del viejo Ernest. El sol era un herrero que atizaba sobre la tez del escritor. Estaba al rojo. De repente se alegró a fondo. Cada metro de cordel que halaba hacía cambiar en gesto a la tripulación. Todo se apagó como un volcán, cuando Rufino Tume , el Capitán, gritó: “No es merlín, es gibia”.

Mary Hemingway, obscureció, también, su alegría gigante. Hace diez años que es su mujer. Contó: “Nos conocimos en Londres, cuando él y yo éramos corresponsales de guerra. Solíamos conversar mucho de la vida, metidos en unos pesadísimos capotes militares, mientras la neblina se empecinaba en tumbar el “Bin-ben”. Nos enamoramos a primera vista. En 1945 nos separamos para reunirnos en Cuba”. “Es la cuarta y última mujer”, dijo por su parte el novelista cuando llegó.

-¿Hemingway es humano por naturaleza o por esnob?

La mujer de “Papa, como le llaman al viejo Ernest, cariñosamente, no se molestó por la pregunta. Cuando recibió el Premio Nobel, dicen que dijo que Sandburg era el más llamado a recibirlo. Hemingway entregó al chofer y a todos sus servidores diez sueldos de gratificación.

-¿Y a usted, señora?

-Me ofreció una escopeta que esperamos comprarla en París, y un cheque de dos mil dólares.

-¿Y todavía tienen dinero?

La pregunta estuvo demás. Mary Hemingway repitió las palabras que su marido dijo dos días antes: “Ya no nos queda nada”.

LA MUJER DE HEMINGWAY

Hubo un momento en que Mary Hemingway volvió rapidísimamente la cabeza y me sorprendió contemplándola. Yo me escondí detrás del humo de su cigarrillo para no caer in fraganti.

Estaba desde mucho rato atrás con una sonrisa de cuarto creciente, mientras en la otra lancha, su marido tiraba del cordel y estaba feliz. Cuando Hemingway no sacó nada, su sonrisa en creciente se convirtió en menguante. Su alegría, en efecto, estaba en función de la de él. Era una confirmación de lo que dos días atrás me dijo en el campo de aviación, cuando le pregunté si se casó con el novelista o con el hombre. “Me casé con el hombre al que amo y no con el novelista al que admiro”.

Eran las tres y ya me moría de hambre. Mi hambre reclamaba desde desayuno. Cuando ella me invitó a almorzar, yo volé. Comí sándwiches de jamón con queso. Una pasta amarilla que no me gustó. Y cerveza. Para finalizar me dio una servilletita de papel que yo agradecí con risa a medida agua.

Después, Mary Hemingway con su pantalón pescador y sus piernas nadando en aceite de almendras, con su blusa marinera y su sombrero de Catacaos, volvió hablar del novelista. Relató sus aventuras en el África con accidentes y todo, en los que casi pierden la vida. Habló de su afición a las corridas de toros, a España y a la amistad con Dominguín.

Allí supe de Hemingway, desde la hora en que se levanta hasta las películas que ve, desde su gusto por el “chifa” hasta su desinterés por saber de Faulkner, etc. Allí supe de su odio a la guerra y de cuántos whiskeys por día sabe beber. Allí supe mucho.

Portada del libro en el que se compilan los primeros artículos de MJO.

CÓMO ESCRIBIR UNA NOVELA

A Hemingway, el día que llegó a Talara, se le preguntó:

-¿Es usted capaz de dar una receta para escribir una novela?

Él contestó:

-Hay que vivir y hay que inventar.

-¿Cómo inventar?

-Inventar sobre lo que se ha vivido. Hay que escribir las propias experiencias y agregarles un poco de fantasía.

-De acuerdo a este concepto, ¿cuánto hay de realidad y cuánto de fantasía en sus obras; por ejemplo, en “¿Por quién doblan las campanas”?.

-Estuve en la Guerra Civil Española como corresponsal, desde que comenzó hasta que terminó. La conclusión puede sacarla usted mismo.

-Hubo oportunidad para que el viejo novelista se pusiera pensativo y triste. Para que pensara en el Gary Cooper izquierdista y repitiera aquello de “La muerte de todo ser me disminuye porque soy parte de la humanidad. Por eso, no me gusta preguntar, “¿Por quièn doblan las campanas?”.

Y en seguida se sintió como que exclamaba:

-¡Están doblando por ti!

LA MUERTE ES UNA PROSTITUTA

Después le pregunté por “El Viejo y el Mar”. Él respondió:

-Lo escribí en 80 días. Lo pensé 13 años. ¿Está conforme?

-Lo que quiere decir que…

-Primero hay que vivir y luego escribir sobre una verdad profunda que eso tiene más valor que la literatura misma.

-¿Cuál será su próxima aventura?

-No sé, las aventuras vienen a buscarme.

-¿Usted es republicano o demócrata?

-Ni lo uno ni lo otro. Mis antepasados fueron políticos, yo no. Mi abuelo era un “fregado”. Fue un republicano que nunca se sentó a la mesa con un demócrata,

Esa mañana el cielo de Talara estaba ligeramente nublado. Por algo en un rincón del cielo aparecía un pedazo de arco iris. Había frío. Alguien relacionó la hora con “cortar la mañana”. Entonces, a sabiendas, se le preguntó si le gustaba el trago. Claro que dijo que sí.

-¿Y no le hace daño?

-Nunca me ha hecho daño. Además, los periodistas aguantamos cosas peores.

-A propósito:

-Como periodista, ¿cuál ha sido su mejor noticia?

-La liberación de París. Yo iba en el ejército de Patton.

Hemingway no escamoteaba ninguna pregunta. Al conminársele a que haga la descripción de Hemingway, contestó:

-Hace muchos años que no me miro al espejo.

-Y de sopetón:

-¿Y la muerte?

-Es una prostituta más –dijo con arte el viejo novelista.

En el minuto fatal, en el último minuto que estaba con nosotros, Hemingway fue genial. Al preguntarle por cual era el mayor éxito de su vida, expresó rotundamente y filosóficamente:

-Durar.

Luego, se fue.

LA BOTELLA DE PISCO

Se fue en la camioneta manejada por Platter. Se perdió en la perspectiva de un caminito rural. Iba ansioso. Quería estar pronto con el merlín de su célebre obra.

Esa misma mañana, mientras los dados saltaban sobre una mesita única del único Hotel Talara donde hay que hacer grandes esfuerzos para creer que se está en un retazo de la patria, acordamos los periodistas que viajamos desde Lima a entrevistar al famoso escritor norteamericano, regalarle una botella de pisco. “Venga la botella, dijimos y nos encaminamos a dársela. Sobre la etique escribí: Mientras lloren las uvas yo beberé sus lágrimas”. Y más al pie, al ladoi de un enorme merlín negro que dibujo (Jorge) Donayre, escribí a 18 puntos: “A Ernest Hemingway, de sus admiradores y noveles colegas peruanos”. Y firmamos.

A la dos de la tarde llegamos al local del Club de Pesca de Cabo Blanco. Lujoso local hecho solo para ricos. Llegamos guiados por una fila de colas de merlín, puestas en unas picotas. Cuando alcanzamos la explanada del club, la alegría con que Platter festejaba a Hemingway, se fue de narices. Diría: “Me arruinaron”. Hemingway al contrario nos recibió muy bien.

Cuando tuvo la botella en sus manos, leyó la inscripción y dijo: “Yo beberé estas lágrimas y después guardaré la botella”. Posó para unas fotos y luego bajó al mar. Se perdió el el océano. Iba feliz.

La mujer del campeón de pesca Kid Farrington, que días después en el Hotel Crillón me dijo que a Hemingway le habían dado una fama exagerada de borracho, iba con él. A la Farrington le contesté que la historia se encargará de juzgarlo y, por último, que “Hemingway puede darse los lujos que quiere”.

UN CRIOLLO “VIEJO SANTIAGO”

Mientras tanto, los periodistas nos acercamos a Cabo Blanco. Cabo Blanco es una caleta que está entre la amenaza del mar y el amaparo de un pedazo de cerro terroso. Cabo Blanco es un símbolo de puertito mísero. Corchos redondos flotando en un mar de atarrayas al pie de casas de horcones y tortura. Unos, dos, cien pescadores bronceados de un sol cincuenta de estatura. Dueños del mar más que de la tierra conversando en grupos de a ocho. Tumes y Querebalus zurciendo sus redes. Y un pescador con cinco cervezas en la cabeza preguntando por quién irá a ser el nuevo Presidente, mientras un chancho hociqueaba la calle real y un gallinazo miraba cincuenta metros a la redonda.

Allí, en la caleta de Cabo Blanco, había un “viejo Santiago”. Un setentón y un muchacho de quince años que jalaban a esa hora crepuscular una red interminable.

Nada pescó esa vez aquel viejo. Iban también para 84 los días que el mar le jugaba una mala pasada. Pero es una historia muy común, peruana, demasiado vulgar para inmortalizarla en una obra.

HABÍA UNA VEZ…

Esa segunda tarde Hemingway desembarcó sin cobrar su codiciado merlín. Él no había pescado nada. Yo tampoco. MI “carnada” y la suya, no habían surtido efecto. Ambos parecíamos derrotados, pero no. La esperanza quedaba pendiente.

Hemingway atravesó el muelle. Dos pescadores levantaron la cabeza y lo miraron como a un gringo más, como a un turista más de lo que llegan a Cabo Blanco a llevarse mil kilos de un solo anzuelazo.

Casi al final del muelle dos perros se estaban sacando el alma. Peleaban por sus cosas. Fue allí donde Hemingway se paró. Impasible. Abstraído. Él, que había visto pelear a los hombres, se detuvo para ver pelear a los perros. Estuvo, como en la Guerra Civil Española, desde el principio hasta el fin.

-¿Cuál es la receta para escribir una novela?

-Hay que ivivr y hay que inventar.

-¿Cómo inventar?

-Inventar sobre lo que se ha vivido. Hay que escribir las propias experiencias y agregarles un poco de fantasía.

Entonces, pareció como que Hemingway comenzó una nueva obra: “Había una vez, dos perros… etc.”.

Revista Cultura Peruana, Lima, 1956.

Ollukitoleaks 1 4

Publicado el marzo 07, 2011 por asuntosinternos

Eudocio Martínez Sánchez, “Olluquito”.

“Y aunque ya lo vieron
nadie ha visto nada”.

Tite Curet Alonso.

En el origen está la explicación. El 15 de marzo de 1993, el asistente de la empresa aduanera Perú Mundo, Fernando Ruíz Díaz, cumplía con despachar cien toneladas de harina de pescado de propiedad de la Pesquera Hayduk, de Eudocio Martínez Sánchez, “Olluquito”. En un descuido, uno de los camiones del almacén aplastó un saco y esparció el contenido. Ruíz se dio cuenta de inmediato que no se trataba de harina de pescado no solo por el olor sino también por el color. Tomó una muestra de la sustancia y  acompañado de otro testigo, el aduanero Luis Alfaro Andía, se dirigió a las oficinas de Hayduk en busca del gerente de Ventas, Dante Cossío Guevara. La presencia de Fernando Ruíz con la droga entre las manos causó conmoción en las instalaciones de Hayduk, donde se encontraba uno de los gerentes, Walter Martínez Moreno, hijo de “Olluquito”.

Luego de debatir entre sus funcionarios, Martínez y Cossío le plantearon una propuesta a Ruíz: denunciar juntos ante la Policía Antidrogas el hallazgo del estupefaciente. El aduanero Ruíz, por no perder a un cliente importante –unos días antes, el tres de marzo despachó con éxito a Colombia 100 toneladas de harina de pescado de Hayduk–, aceptó. Sería su desgracia. Lee el resto de la entrada →

La mano del amo 2

Publicado el febrero 02, 2011 por asuntosinternos

El último número de “Cara&Sello” dedicado a denunciar que Toledo es adicto a las drogas.

En las pasadas elecciones municipales, Alexander Kouri Bumachar aseguró categóricamente, y sin ruborizarse, que no tenía ninguna vinculación con José Olaya Correa, director del semanario “Cara&Sello”. La publicación se dedicaba a destrozar la candidatura de Lourdes Flores Nano en el tiempo que la postulante de Unidad Nacional lideraba las encuestas. Lo cierto es que la empresa “Fratellos Ravenna”, de propiedad de la esposa de Olaya, Myriam Ravenna Córdova, facturó al gobierno regional chalaco presidido por Kouri 117 mil soles, de acuerdo con el Ministerio de Economía y Finanzas. Claro que sí había relación. Ahora la historia parece repetirse. Lee el resto de la entrada →

Wikimori 16

Publicado el diciembre 18, 2010 por asuntosinternos

El amor en los tiempos de Wikileaks. Nuevos cables revelan la 'orgía de corrupción' en los tiempos de 'Fuji' y 'Vladi'.

Los secretos del régimen de Fujimori y Montesinos en los cables filtrados por Wikileaks podrían hacer trizas la candidatura de Keiko Fujimori II.

La prensa le ha dado mayor resonancia al cable de la Embajada de Estados Unidos en Lima sobre la personalidad del mandatario Alan García, que a las comunicaciones secretas y confidenciales que se refieren a la corrupción durante el régimen de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. La verdad es que el ex embajador norteamericano en el país, James Curtis Struble, no reportó nada relevante ni nuevo para los peruanos sobre García –de momento, porque todavía faltan más de 1,500 cables–, aunque para los mandamases de Washington la información ha debido ser pasto de comentarios y carcajadas en cenas y cócteles. Sin embargo, los que saben leer entre líneas –que es una especialidad en extinción en el periodismo nacional-, han encontrado extraordinario material sobre lo que los servicios secretos estadounidenses sabían de la dictadura. Y eso es lo que asusta a la candidata Keiko Fujimori, que no ha dicho esta boca es mía respecto a los cables que desnudan al régimen de su padre. Lee el resto de la entrada →

Vargas Llosa salvado por el periodismo 6

Publicado el noviembre 04, 2010 por asuntosinternos

Toda la influencia del periodismo en los libros del Premio Nobel de Literatura 2010

El periodismo salvó la carrera literaria de Mario Vargas Llosa. La aparición de El sueño del celta (2010), lo confirma. El novelista conoció la historia del británico Roger Casement cuando leyó una biografía de uno de sus escritores favoritos, Józef Teodor Konrad Korzeniowski, más conocido como Joseph Conrad, el autor de El corazón de las tinieblas (1902). Al escritor le entusiasmó mucho más la cautivadora biografía de Casement al enterarse que estuvo en Perú para reportar los escalofriantes abusos que los caucheros inflingían a los indígenas amazónicos.. Como si se tratara de un veterano reportero de guerras, Vargas Llosa viajó a todos los escenarios, desde los que Casement informó sobre los horrores del dominio del hombre blanco sobre los nativos. Luego de haber entrevistado a decenas de especialistas y expurgado bibliotecas en Londres, Dublín, Madrid, Iquitos, y Kinshasa, entonces recién comenzó a escribir su decimoséptima novela. Una vez más, el periodismo le dio material para la ficción. Redescubrió el valor del periodismo para crear ficción después de haber publicado cinco novelas, todas construidas con la experiencia vivida: La ciudad y los perros (1963), La casa verde (1966), Conversación en La Catedral (1969), Pantaleón y las visitadoras (1973) y La tía Julia y el escribidor (1977). Después dio un espectacular giro. Recurrió al reporterismo callejero, a la investigación periodística, al viejo oficio con el que se inició a los 15 años en el diario “La Crónica”, para emprender una nueva etapa literaria con una novela sobre la rebelión de los Canudos, en Brasil. Para forjar La guerra del fin del mundo (1981) retomaría el periodismo, al que había abandonado durante veinte años, para buscar historias verdaderas y transformarlas en ficción. Transformado en reportero de la historia, durante cuatro años se dedicó como un poseso a reconstruir lo que sucedió en los fatídicos años 1896 y 1897 en los áridos sertones, por donde anduvo el fantasmal Antonio Conselheiro. Leyó todo lo que se había escrito sobre el tema, revisó los archivos con documentos originales donde están registrados los hechos e hizo un viaje hasta los escenarios donde se desenvolvieron los episodios violentos. Luego de haberse informado concienzudamente hasta dominar los detalles como un perito, Vargas Llosa se despojó de la condición de periodista para contar como diestro novelista su propia versión de lo que llamó La guerra del fin del mundo (1981). Lee el resto de la entrada →

Prensa vendida 8

Publicado el octubre 01, 2010 por asuntosinternos

La prensa vendida se rinde al dinero, se arrodilla al poder, miente profesionalmente. Renuncia al interés público, glorifica la patraña, traiciona a la verdad.

Ladra, muerde y oculta el hocico. Y suele asaltar en manada.

Ataca al norte y al sur, al este y al oeste, a la izquierda y a la derecha; según el gusto del cliente.

La prensa vendida cuenta con una fauna de periodistas. Los plumíferos de las dictaduras, los mastines del crimen organizado y los sumisos que acatan órdenes de arriba. Pero también hay sicarios del periodismo. Son los que reciben información fabricada de sus clientes, la reelaboran con lenguaje periodístico y la publican como noticias de importancia.

Lo peor de la prensa vendida son los periodistas.  Los dueños nunca conseguirían sus propósitos si no contaran con periodistas genuflexos. Si hay prensa vendida es por culpa de los periodistas. Son los que no rechazan la falsedad, los que aceptan la injuria, los que ponen su rúbrica al libelo para aparentar libertad de prensa.

Todos creíamos que durante el fujimontesinismo se perpetró la mayor degradación del periodismo y que no volvería a repetirse el siniestro periodo en el que buena parte de la prensa aplaudió el abuso gubernamental, elogió la demolición de la dignad de las personas, atizó el miedo para justificar un régimen que violentaba los derechos de la ciudadanía. Nos equivocamos.

En la campaña electoral por la alcaldía de la capital se ha registrado peores episodios.

Sólo bastó que una candidata, que no es favorita de la prensa vendida, se despuntara en las encuestas, para que se desatara la furia de una maquinaria de embuste, engaño y difamación contra la otra aspirante. Es que a la prensa vendida le importa un bledo las normas elementales del ejercicio periodístico como el equilibrio, la buena fe, la transparencia y la lealtad a la verdad.

Como resultado, la prensa vendida se dedica minuciosamente a destrozar, minuto a minuto, centímetro a centímetro, desde los titulares hasta las caricaturas, a la postulante que no es de su predilección. Algo parecido ocurrió en la competencia entre Mario Vargas Llosa y Alberto Fujimori y entre Lourdes Flores y Ollanta Humala. Los favoritos de la prensa vendida, perdieron.

En cualquier sociedad demnocrática la prensa apoya una candidatura, pero desde las páginas editoriales y las columnas de opinión. Diferencia claramente entre la información y el punto de vista. No embauca a los electores en beneficio de un favorito.

La prensa vendida se alimenta de los malos periodistas. Mientras existan malos periodistas, habrá prensa vendida. La única manera de combatir a la prensa vendida es haciendo buen periodismo. Es difícil hacer buen periodismo, pero se aprende. Algún día la prensa vendida será un periódico de ayer.

CANTAN LOS ESPÍAS 11

Publicado el mayo 13, 2010 por asuntosinternos

Qué tontos fuimos. Nos tragamos el cuento de que los espías de Business Track (BTR) descubrieron los negociados de Rómulo León Alegría y Alberto Químper Herrera de manera fortuita, cuando “chuponeaban” las conversaciones de Hernán Garrido Lecca y el supuesto “lobby” que ejerció a favor de la cementera mexicana Cemex. No era así. Lee el resto de la entrada →

Todos Vuelven 13

Publicado el marzo 25, 2010 por asuntosinternos

Mientras me dedicaba a identificar a las personas que aparecen en la memoria de contactos del teléfono celular del jefe de los “chuponeadores” de Business Track (BTR), Elías “Chito” Ponce Feijóo, tropezó con los nombres de Alex Kouri y su hermano Alberto “Beto” Kouri, la estrella protagónica del primer “vladivideo” que salió a la luz pública. También encontré a Enrique “El Negro” Vidal Vidal, el reconocido periodista montesinista que hoy organiza las principales presentaciones mediáticas del presidente de la Región Callao. Entonces caí en la cuenta que los viejos operadores del montesinismo han regresado de la mano del candidato a la alcaldía de Lima.

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Tú me acostumbraste 12

Publicado el marzo 10, 2010 por asuntosinternos

Los “vladivideos” certifican que Vladimiro Montesinos era el padrino en la sombra de Alex Kouri Bumachar. Las imágenes registran a la autoridad chalaca en una de las peores posiciones de un político: la sumisión. Kouri dependía de las directivas, consejos y decisiones de Montesinos. Pero, como lo demuestra el “vladivideo” del 28 de enero de 1998, también aprovechó la capacidad del jefe de facto del SIN para disponer de fondos. Como otros, Kouri también buscó a Montesinos por dinero. Lee el resto de la entrada →



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