Javier Cercas: “Escribí esta novela como un ejercicio de exorcismo"

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16 Mar 2005 | 14:00 h

VISIÓN DE UNA GUERRA. Javier Cercas afirma que Susan Sontag le animó a incluir en su novela sucesos de Vietnam.

Perfil

NOMBRE. Javier Cercas.
NACIMIENTO. Nació en Ibahernando, Cáceres, en 1962. Trabajó durante dos años en la Universidad de Illinois, y desde 1989 es profesor de literatura española en la Universidad de Girona.
OBRAS. El móvil (1987), El inquilino (1989), El vientre de la ballena (1997), Soldados de Salamina (2001) y La velocidad de la luz (2005).


MUNDOS SUBJETIVOS • El escritor español en su reciente novela La velocidad de la luz presenta a dos personajes, un escritor y un ex combatiente de Vietnam, entretejidos por el bien y el mal.
• Uno vive el acoso del éxito y el otro la culpa de la guerra.

Rosa Mora. El País.

La velocidad de la luz cuenta la historia de un muchacho que quiere ser escritor y que, como Cercas, se fue a una universidad del Medio Oeste estadounidense para dar clases de español; que allí hizo amistad con Rodney Falk, un veterano de Vietnam, misterioso y atormentado, cuya historia quiso escribir. Una historia fascinante que se mezcla con la suya propia hasta convertirse en un solo argumento. El narrador, sin nombre, publicó una novela ambientada en Illinois (como Cercas con El inquilino), se casó y tuvo un hijo (como Cercas) escribió más libros, y el último, centrado en un minúscu-lo episodio de la Guerra Civil, le proporcionó el éxito, le lanzó a la fama y cambió su vida. (...)

–¿Qué es lo que le interesaba contar al principio?

–Me fascinaba escribir sobre un personaje con pasado. Conocí a una persona como Rodney, muy excéntrica, muy especial. Es una escena que yo viví: un día llegué a la universidad y me encontré como compañero de despacho a un ex combatiente de Vietnam. Me hablaba de Orwell; España le interesaba muchísimo y Heming-way era Dios para él, como para el personaje de la novela. Un día me lo encontré pegando carteles en los que el partido trostkista, al que él pertenecía, convocaba una huelga contra la General Electric. ¡Qué disparate! Cuatro locos contra un monstruo como la General Electric... Esa escena siempre me rondaba por la cabeza.

¿Por qué eligió Vietnam?

Me encontré con Vietnam, como antes me encontré con la Guerra Civil. Cuentas las historias que se te ocurren, que te afectan, no vas a buscarlas. A mí ésta me llegó porque me encontré con una persona que había estado en esa guerra, como podía haber estado en otra.

–¿Habló del tema con Susan Sontag?

–Después de lo de Salamina fui un día a cenar con ella, que fue muy generosa conmigo. Era una mujer muy áspera, pero muy interesante. Y, así en privado, me preguntó qué estaba escribiendo, y yo le conté que esto, y le dije que tenía dudas, porque una cosa como Vietnam no me afecta. Ella había estado allí, y me dijo que, precisamente, porque mi perspectiva no es la de un estadounidense, le parecía interesante: tienes que hacerlo por eso, me dijo.

–El mal y la culpa.

–No hubiese podido escribir esta novela antes de Soldados de Salamina. Los procedimientos son aparentemente similares, pero las dos son muy distintas. En Salamina se hablaba de cómo en circunstancias extremas alguien es capaz de un acto de piedad, de compasión. Y aquí se habla de cómo cualquiera de nosotros, uno de los nuestros, porque Roddy es uno de los nuestros, es capaz de las mayores monstruosidades.


Seguir siendo el mismo

-Rodney dice que es imposible sobrevivir con dignidad al éxito.

-Es como si dijeras ¿qué hubiese pasado si...? En esto consiste para mí escribir una novela: yo estoy en tal situación, tengo éxito, entonces es como si me inventara un yo hipotético... En cierto sentido, esta novela es como un ejercicio de exorcismo. El éxito ¿en qué te puede convertir?: en un mamarracho, te puedes creer Napoleón Bonaparte, te puedes creer un gran escritor, cuando todo el mundo sabe que el éxito es un puro azar (...).

-Y, de verdad, ¿cómo ha vivido el éxito de Salamina?

-Lo he vivido bien, le veo muchas más gracias que desgracias. Ahora bien, negar que el éxito tiene componentes peligrosísimos, de corrupción, venenosos, eso es negar la evidencia. Dicho entre paréntesis, mi éxito ha sido limitado, pequeño, compárelo con el de un futbolista, o con el de un cantante de rock and roll. ¿El éxito es una catástrofe? Sí, pero también es una bendición, las dos cosas, y para mí ha sido más una bendición. El éxito te da ganas de decir: pero si todo esto es mentira, si es una farsa. Tú continúas siendo el mismo, lo que has hecho continúa siendo idéntico.

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