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Bicentenario del Perú: los hitos protagonizados por la comunidad LGTBIQ+ a través de la historia

En los 200 años de la Independencia del Perú, recordamos a las personas de la diversidad sexual que fueron invisibilizados de nuestra historia, pero pudieron resquebrajar la hegemonía heterosexual a través de sus obras.

A la izquierda, Francis Day y el constituyente Lauro Muñoz; a la derecha, Juan José Cabezudo. Foto: composición/ Semanario Oiga y Courret en Museo Travesti de Giuseppe Campuzano
A la izquierda, Francis Day y el constituyente Lauro Muñoz; a la derecha, Juan José Cabezudo. Foto: composición/ Semanario Oiga y Courret en Museo Travesti de Giuseppe Campuzano
Katherine Morales

Disruptivas, incómodas y auténticas, las personas de la diversidad sexual representaron un peligro para las élites de la época colonial y La República. Víctimas de una persecución violenta y discriminación fueron borradas de nuestra historia, pero ahora que el Perú llega a su Bicentenario es necesario demostrar que la comunidad LGTBIQ+ siempre estuvo presente en lo que parece una lucha interminable por sus derechos a vivir en igualdad y sin miedo.

Carta sobre los maricones (1791)

A fines del siglo XVIII, en la Colonia, la prensa ilustrada comenzó a mostrarse preocupada por el comportamiento de los hombres de la élite criolla. Sus modos afeminados, el lujo, el uso de encajes, pelucas y maquillaje, una moda francesa, era vista como sinónimo de debilidad. Aquellos hombres, conocidos como petimetres, de acuerdo al artículo Hombres de temperamento delicado de Magally Alegre, ponían en riesgo el modelo de ciudadano: productivo y sostén de la familia.

En este contexto, uno de los periódicos más influyentes de la época, El Mercurio peruano, publicó en 1791 una misiva llamada Carta sobre los Maricones en la que un visitante apodado Filateles se dirige a Leandro para contarle su asombro por lo que vio en las calles y nombra a Lima como Androginópolis.

“Entre los raros y agradables objetos que aquí se presentan á cada paso, me ha hecho la mayor impresión una especie de hombres, que parece les pesa la dignidad de su sexô; pues de un modo vergonzoso y ridículo procuran desmentir á la naturaleza. ¿Que dirían nuestros conciudadanos, si viesen un ente de esta clase que intenta imitar en todo á las mugeres? El ayre del cuerpo, el garbo, los pasos, las acciones, hasta los menores movimientos, todo respira en ellos una afeminacion ridícula y extravagante. Su empeño en contrahacer los accidentes mugeriles, es excesivo. No se, si te movería más la indignación, ó la risa el ver uno de estos”, se lee en la carta.

Entre sátira y burla busca reflejar lo que sucede en la vida cotidiana. Hay una crítica de parte de las personas más acomodadas de la ciudad en cómo estas personas se desenvuelven en la ciudad, estos hombres que son tan femeninos y escandalosos para ciertos sectores de la sociedad”, explica el historiador Gian Carlo Mori para La República.

Cualquier comportamiento que se alejara de la heterosexualidad era una amenaza. Lo “correcto”, lo que la sociedad esperaba eran hombres, esposos y padres masculinos que sean útiles ciudadanos. Por ello, más adelante en la Carta sobre los maricones se narra que el alcalde y los ministros llegaron y tomaron presas a estas personas, los llevaron a la cárcel, les cortaron el pelo y los golpearon.

“El petimetre cumple una función didáctica en la prensa ilustrada peruana, donde él representa los peligros de transgresión de las normas sociales y de género [...] Al invocar la alteridad del petimetre, los autores del Diario de Lima y El Mercurio buscaban promover la reforma de costumbres, en especial la de la élite, y propusieron un modelo de hombre industrioso y trabajador cuya vida se centra en la protección y guía moral de la familia”, explica Magally Alegre en su artículo incluido en el libro Género y Mujeres en la Historia del Perú, editado por Claudia Rosas.

Los criollos y su apariencia andrógina fueron un escándalo, la más grande prueba de la intolerancia a lo diferente y desconocido. Una afrenta a las grandes élites, quienes temerosas de que se ponga en riesgo su ideal de Nación, no quisieron entender qué significaba realmente esta muestra de diversidad sexual.

”El ilustrado, convencido que los maricones tenían como finalidad ser ‘mujeres’ tanto como de la existencia de una mujer única (la europea ilustrada), no consideró que estas representaciones pudiesen parodiar tal representación de mujer o persiguieran significados correspondientes a una cosmovisión distinta”, aclara Giussepe Campuzano, en su artículo Andróginos, hombres vestidos de mujer, maricones…el Museo Travesti del Perú.

Francisco Pro, la tapada transgresora (1803)

Durante la Colonia, las personas homosexuales eran consideradas sodomitas. Vivían ocultos y con miedo de un sistema virreinal fundamentalista que los violentaba por ir en contra de “las leyes naturales establecidas por Dios”. Se los perseguía sin miramientos y los tribunales civiles les “aplicaban la pena capital, sin posibilidad de arrepentimiento”, explica Oscar G. Pamo en su artículo El travestismo en Lima de la Colonia a La República.

Por estas épocas, en una tarde de 1803, Francisco Pro, un joven de casta china, decidió ponerse la ropa de su hermana y salir a la calle. Algunos refieren que lo vieron con la popular tapada que usaban las limeñas. Mientras paseaba por la Alameda de los Descalzos. María Pro lo descubre y le da un par de bofetadas, llamando la atención de los soldados. El joven de alrededor de 21 años fue apresado y luego procesado en el fuero civil.

Su defensor hizo lo posible para que su pena fuera la más benigna. De acuerdo al historiador Augusto Rosas De La Cruz, en un artículo que escribió para IDEHPUCP, se trató de demostrar su inocencia planteando una diferencia entre “sodomita (hombre que practica sexo contra natura) y maricón (hombre travestido de mujer)”. Si bien no se aprobaba que alguien vista con ropa del género contrario, no había una ley que lo prohibiera “debido a un vacío legal”.

Condena de Francisco Pro. Fuente: Museo Travesti

A pesar de esto, Francisco Pro terminó siendo condenado por sodomita y se le impuso la pena de vergüenza pública, es decir, fue paseado por las calles limeñas mientras se pregonaba el delito que supuestamente había cometido: vestir como mujer. La historiadora Celia Miran Soto señala, en su artículo Entre ‘afeminado’ y divertido: una conducta licenciosa en Lima a inicios del siglo XIX, que este caso es interesante, porque es el “único para la época donde se sentenció a alguien por tal motivo, ya que fue encontrado ‘infraganti’”.

El joven, sastre de oficio, fue humillado y despojado de su dignidad, pero su actitud transgresora demostró que el sistema hegemónico heterosexual se estaba resquebrajando, dando paso a espacios donde la ley era difusa y la insubordinación, posible. “Cada una de estas oportunidades fue aprovechada por personas como Francisco Pro quienes aspiraron desde el travestismo la formulación de nuevas identidades que les hicieran sentir menos sujetos al yugo de la dominación colonial”, resalta Rosas De La Cruz.

Juan José Cabezudo, ilustre cocinero gay

Hasta 1850, Juan José Cabezudo fue uno de los cocineros más famosos de Lima, popular por sus exquisitos guisos. Tenía un puesto de comida en el Portal de Escribanos en la Plaza Mayor de Lima. Afro e iqueño, resaltaba también por “lo afeminado de su voz y modales” que le hizo recibir “el sobrenombre de maricón”, cuenta Ricardo Palma, quien escribió un breve texto sobre él.

Se dice que era un gran orador y que tenía un ingenio particular para hacer bromas, su blanco preferido eran las mujeres tapadas. Su gran labia y sazón atrajo a muchos comensales y a artistas que buscaban retratarlo. Es así que el fotógrafo francés Eugenio Courret tomó tal vez la única foto que hay de él.

Juan José Cabezudo fotografiado por Courret. Fuente: Museo Travesti

También fue plasmado en una acuarela del ecuatoriano, radicado en Lima, Francisco Javier Cortés, con una leyenda que decía “Juan José Cabezudo o ‘Comesuelas’, cocinero y ‘maricón principal’ de Lima”. Hecho interesante, pues se demuestra que “hombres como él se sentían seguros para transitar dentro del espacio urbano y para tener una vida económica sin disimular su identidad sexual”, señala la historiadora Magally Alegre en la plataforma Crónicas de la Diversidad.

“Cabezudo antes hubiese sido considerado un sujeto sodomita, pero lo que ocurre con él es que es el primer hito en el que se encuentra enclavado la palabra maricón, o sea, la existencia del maricón como sujeto presente dentro de la sociedad limeña. Este personaje marca la presencia de la diversidad sexual en Lima”, recalca el sociólogo Ronald Álvarez.

"Juan José Cabezudo o ‘Comesuelas’, cocinero y ‘maricón principal’ de Lima”, acuarela de Francisco Javier Cortés.

Cabezudo fue testigo de la Independencia del Perú, el momento clave que puso fin al yugo de la monarquía española. Sin embargo, se desconocen sus experiencias: ¿Cómo se sentía?, ¿conocía al libertador San Martín? Por eso, el proyecto inédito Estampas limeñas de Carlos Jaramillo y Ronald Álvarez ha creado relatos literarios que permiten imaginar, en este caso, cómo el cocinero vivió este histórico evento.

“He visto una sola vez a mi tocayo, don José de San Martin, es buenmozo el hombre, no tardará en conocer a las limeñas, ¡ay, sangre preciosa de nuestro señor Jesucristo!, guárdalo de ver a las tapadas [...]. Aún recuerdo a ese imberbe Francisco no sé cuantitos, que le robó la ropa a su hermana y el muy fresco se fue de tapada a la Alameda ¡Y en plena Porciúncula! Pecadillos de la mocedad, libróse de ser chicharrón de la Inquisición. Menudencia de maricón”. Más adelante en la historia, Cabezudo se expresa sobre la Independencia: “Ya llegó la Patria, espero se me acabe toda la comida. Nosotros los maricones sólo queremos un poquito de esa Patria, la que nos haga felices de aquí a... A doscientos años ¡Malhaya!”, se puede leer en el relato.

Cabezudo ha sido invisibilizado de los recuerdos de la Independencia. No se conoce mucho de su historia, de su identidad, de su orgullo afro y LGBTIQ+. “Es clarísimo que la fuerza que tiene este personaje es la capacidad de reivindicación de la palabra maricón. ¿Por qué denominarse gay o queer, categorías foráneas, y más bien no recuperar la fuerza de esta palabra? Lamentablemente, el racismo y clasismo, hace que la gente pueda sentir más resistencia a sentirse representados por él”, señala Álvarez.

Juan José Cabezudo, ilustre cocinero gay, murió en la indigencia. No se pudo conocer más de su historia de vida, pero ahora su imagen es recordada y reivindicada como muestra de que la diversidad sexual ha estado presente en toda la historia peruana.

Travestis en la Prostituyente (1978)

En diciembre de 1978 un hecho marcó la historia política de la diversidad sexual. Francis Day, Damonett y Gisselle, mujeres trans con talento para el teatro, se dirigieron a la Asamblea Constituyente en el Congreso de la República, donde se elaboraba la nueva Carta Magna, para pedir que cese la discriminación contra la diversidad sexual.

Sin un atisbo de duda y fiel a sus convicciones la vedette Francis Day se entrevistó con el constituyente Lauro Muñoz, quien presidía la Comisión Especial de Derechos Humanos, y le entregó un documento del cual solo queda una paráfrasis hecha por el semanario Oiga.

Toda persona tiene derecho a la vida, a la integridad física y al libre desenvolvimiento de su personalidad. Nadie, en ningún caso, por su comportamiento sexual, puede ser sometido a torturas o tratos inhumanos, humillantes o discriminatorios, pues merece todo el respeto y consideración al que tiene derecho cualquier persona. Toda persona que por su conducta sexual fuere afectada por afirmaciones inexactas o agraviada en su honor por publicaciones de cualquier medio de comunicación, tiene derecho a que se le haga la rectificación correspondiente en forma gratuita …”, se podía leer en el periódico.

La solicitud fue recibida, pero no incluida en la nueva Carta Magna. Nunca se las volvió a llamar, su demanda de justicia fue olvidada. El semanario Oiga cubrió el revolucionario evento al que llamó un pedido razonable, pero desacreditó a Francis, Damonett y Gisselle por cómo vestían, pues fueron de la misma forma en que lo hacían para su popular obra Travestis en la Prostituyente en el Palais Concert en Miraflores, así se explica en el inédito artículo Estampas limeñas.

“En el diario Expreso se criticó un poco también la vestimenta, porque fueron ‘vestidas de mujer’. En aquella época no se entendía todavía que como transgénero ellas eran mujeres y no hombres”, explica el sociólogo Ronald Álvarez.

Nota de Expreso sobre las mujeres trans que fueron a la Asamblea Constituyente. Fuente: Museo Travesti

Las artistas que caminaron hacía el Congreso exigiendo poner fin a los “tratos humillantes y discriminatorios” fueron víctimas nuevamente de esta marginación. Sin embargo, “puede que sea el primer acto o manifestación política pública que se hace en una entidad del Estado [para exigir que se respeten los derechos LGBTIQ], porque antes de ello no hay otra referencia”, agrega Álvarez.

“Los eventos que conocemos en el pasado como Francisco Pro son casos que han sido conocidos, porque intervienen la policía o la justicia en favor de la moral, pero las transexuales de la Constituyente fueron visibles, porque creían en la necesidad de mejorar la condición de vida de todos, de toda la comunidad. Ese es un gran cambio”, señala Giancarlo Mori.

Sin embargo, no se supo más de la vida de Francis Day, Damonett y Gisselle, quienes fueron atacadas y señalas prejuiciosamente, pero rompieron las barreras y marcaron un hito en historia de la comunidad LGTBIQ+ en el Perú, quienes 200 años después continúan en la lucha por el reconocimiento de sus derechos.