Sobrevivientes de masacre en el Vraem: “Nos dispararon a matar sin asco”

Horror. Dos mujeres que laboraban en los bares Carla y La Quebradita, donde dirigieron el fuego de sus armas los narcoterroristas de la organización criminal de Víctor Quispe Palomino, relataron a La República que fueron dos grupos los que dispararon simultáneamente a los clientes y propietarios de los locales.

El dato. Ubicación de los locales atacados por los narcoterroristas: primero La Quebradita y más abajo, a unos 30 metros, Carla. Foto: Aldair Mejía / La República
El dato. Ubicación de los locales atacados por los narcoterroristas: primero La Quebradita y más abajo, a unos 30 metros, Carla. Foto: Aldair Mejía / La República
Doris Aguirre

Cruel ironía.

’'No hay bar que por bien no venga’', dice el cartel que da la bienvenida a los que llegan al restaurante Carla, el negocio de las hermanas Marcelina, Dianee y Carmen Ochoa Ccahuana. Los narcoterroristas arribaron hasta el lugar expresamente para matarlas. Con ellas también perdieron la vida dos niñas, las hijas de una de las víctimas. Las hermanas huancavelicanas Ochoa Ccahuana pensaban superarse económicamente con Carla, pero el lugar terminó siendo su tumba.

’'Disparaban sin asco, sin piedad, directamente al cuerpo’', relató a La República ’'Sonia’', sobreviviente de la masacre de la noche del domingo 23 de mayo, en una zona descampada dividida por el riachuelo Chimpinchariato, muy cerca de San Miguel del Ene, de donde habían sido desplazados los restaurantes porque además de alcohol ofrecían sexo. ’'Sonia’' es un sobrenombre para evitar la identificación de la testigo, quien teme por su vida. Ella laboraba en el bar La Quebradita, ubicado cerca de Carla, donde atendían las hermanas Ochoa Ccahuana. Los delincuentes dirigieron sus armas de fuego a ambos locales.

Escenario. El bar Carla era de propiedad de las hermanas Marcelina, Dianee y Carmen Ochoa. Foto: Aldair Mejía / La República

“Estaba en el mostrador cuando de pronto cuatro sujetos, todos jóvenes, ingresaron en el local y empezaron a disparar sin asco, sin piedad, directamente al cuerpo de los clientes que estaban sentados bebiendo cervezas’', dijo muy nerviosa y asustada “Sonia”.

San Miguel del Ene es la capital del distrito del Vizcatán del Ene, en la provincia Satipo, Junín. Está ubicado en la margen izquierda del río Ene y es una de las puertas de ingreso al corazón del Vizcatán, bastión de la organización narcoterrorista del Militarizado Partido Comunista del Perú (MPCP), que lidera el ayacuchano Víctor Quispe Palomino, camarada “José”. Fundó la organización con sus hermanos Marco Antonio Quispe Palomino, camarada ’'Gabriel’', y Jorge Quispe Palomino, camarada ’'Raúl’'. El primero falleció en un operativo militar, en agosto del 2013, y el segundo por enfermedad en enero de este año.

Fuego en la noche

“Sonia”, de 30 años de edad, natural de Huancayo, era la administradora del bar La Quebradita, ubicado en una zona baja y escondida de la población. A 10 minutos de la plaza de San Miguel del Ene.

“Entre la bulla de la música y la balacera, escapé por la ventana trasera del local, si no hubiera muerto con toda la gente. De milagro estoy viva”, detalló a La República, entre llantos, “Sonia”, una sobreviviente quien llegó a la zona a trabajar el año pasado. ’'Sonia’' corrió hacia al pueblo a pedir ayuda a las autoridades.

Según los testimonios, los atacantes se dividieron en dos grupos para atacar simultáneamente a los propietarios y a los clientes de Carla y La Quebradita. Entre los dos establecimientos hay una distancia de 30 metros. Ese día llovió como nunca en San Miguel del Ene.

Instalación. En los bares se ejercía el meretricio en cuartos, en la parte posterior de los locales. Foto: Aldair Mejía / La República

En los dos locales, además del espacio donde se encontraban las mesas y las sillas, en la parte posterior se habilitaron pequeños cuartos donde se ejercía la prostitución. ’'Mary’', otra sobreviviente del ataque, era una de las ’'damas de compañía’' de Carla. Hacía dos meses que recién había llegado desde Huancavelica, de donde también procedían las hermanas Ochoa Ccahuana.

“Ellos mataron primero a los hombres y luego se fueron contra las mujeres que estaban en un ambiente donde se almacenaban las cajas de cerveza. Allí dispararon sin piedad a las mujeres y a sus dos hijos y luego quemaron todo lo que había en el cuarto”, manifestó con voz temblorosa “Mary”.

“No me maten, por favor, no me maten. Si quieren llévense el dinero y todo lo que hay, pero no me maten’', imploró de rodillas “Mary”. Le perdonaron la vida, pero sufrió algunas quemaduras.

Escenario mortal. Los clientes de La Quebradita fueron asesinados a corta distancia. Foto: Aldair Mejía / La República

Uno de los parroquianos conocido como “Chara”, que resultó herido de bala, logró arrastrarse hacia el lado del riachuelo para esconderse, pero murió.

“No sé quiénes son los asesinos, solo llegaron a matar como locos y fugaron hacia el monte en la oscuridad”, confió “Mary”, quien ha solicitado a las autoridades garantías para su vida.

La República registró el lugar de los hechos y encontró un escenario espantoso. El olor a sangre y material calcinado aún se sentía en el ambiente. Los casquillos de los proyectiles todavía permanecían regados en distintos puntos. Los criminales usaron armas largas, sin duda alguna. Y dispararon a corta distancia.

Evidencia. Los asesinos usaron armamento de largo alcance. Foto: Aldair Mejía / La República

En uno de los cuartos del bar Carla, fueron encontrados los cadáveres de las hermanas Ochoa Ccahuana y de las dos niñas. Los cuerpos estaban incinerados, irreconocibles y apiñados.

Las cajas de cervezas quedaron como chicle bajo el fuego. Además, dos congeladoras y una refrigeradora resultaron inservibles. Todavía se podían observar los cables eléctricos quemados y derretidos por el fuego que ocasionaron los narcoterroristas. Solo en medio de todo lo calcinado, un par de sandalias rosadas de algunas de las víctimas quedaron en el ambiente de terror.

Escondite. En este pasadizo del local La Quebradita se encontró el cuerpo de una mujer. Foto: Aldair Mejía / La República

“Había regresado de la iglesia de oración como hermano evangélico, y al llegar a mi casa, al promediar las 9:40 p.m., escuché una balacera. En esos momentos pensé que estaban atacando a los soldados y abracé a mi esposa y mis hijos”, dijo ’'Juan’', un poblador de San Miguel cuya casa se encuentra en la parte alta y a pocos metros del lugar de los hechos.

“El tiroteo empezó primero tiro por tiro y luego se escuchó en ráfagas. Y minutos después hubo un silencio. Al salir de mi casa para saber lo que pasaba, vi que los ‘tigres’ del Comité de Autodefensa corrían hacia el lugar gritando que había una matanza en el ‘cuchipampa’ (burdel)”, indicó “Juan” a este periódico.

En el lugar. El evangelista "Juan" relata lo sucedido la noche del domingo 23 de mayo. Foto: Aldair Mejía / La República

Silencio mortal

Por su parte, “Teodoro”, integrante del Comité de Autodefensa de San Miguel del Ene, aseguró que esa noche del domingo 23 de mayo se encontraba de servicio cuando escuchó la balacera que terminó con la vida de 16 personas.

“Ese día, domingo en la noche, estaba de servicio en uno de los torreones cuando escuché la balacera. Los disparos provenían de la zona de ‘cuchipampa’ donde están los bares y se escuchaba tiro por tiro y luego en ráfaga”, describió ’'Teodoro’'.

Explicó que después de la balacera llamó a sus compañeros del Comité de Autodefensa y en grupo se dirigieron al lugar, donde descubrieron los cuerpos acribillados en charcos de sangre.

Ubicación. Javier Machaca fue encontrado en este lugar. Foto: Aldair Mejía / La República

“El lugar era desgarrador, porque los cuerpos estaban tirados como animales y agujereados por las balas. Todo era sangre”, indicó “Teodoro” sin ocultar su indignación.

“Lo que me chocó fue ver los cuerpos de las niñas, estaban quemados. Fue horrible”, dijo conmovido “Teodoro”.

Ese domingo no había luz eléctrica ni señal telefónica. Prácticamente estaban incomunicados. De eso se aprovecharon los narcoterroristas.

En declaraciones a Canal N, el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general EP César Astudillo Salcedo, confirmó que el ataque fue dirigido por el camarada ’'Carlos’', un narcoterrorista forjado en los campamentos del Militarizado Partido Comunista del Perú (MPCP), dirigido por Víctor Quispe Palomino:

’'Ha sido identificado como el camarada ‘Carlos’, ha sido un ‘pionerito’ (menor de edad, hijo de los narcoterroristas) que ya agarró edad adulta. Hay comunicaciones (radiales) que se han interceptado después de esta actividad (el ataque), en las que estos criminales (del MPCP) comentan lo que han hecho’', dijo el general Astudillo.

Amargura. Familiares de las víctimas en busca de los restos de sus seres queridos. Foto: Aldair Mejía / La República

El jefe del CCFFAA rechazó que el brutal asesinato de 16 personas haya sido “armado”; esto es, un montaje, una farsa, una mentira.

Tanto el juez de paz de San Miguel del Ene, Leonidas Casas Marmolejo, como los integrantes del Comité de Autodefensa de la localidad exigieron la presencia de los peritos de Criminalística de la Policía Nacional para que investiguen el múltiple asesinato y se capture a los asesinos.

“Desde el día en que ocurrieron los hechos, la policía nunca llegó a San Miguel. Ni siquiera han venido los peritos de Criminalística para recoger las huellas o alguna evidencia del trágico suceso”, señaló el juez Leonidas Casas.

Ladrones. Narcoterroristas también se llevaron el dinero. Foto: Aldair Mejía / La República

La autoridad explicó que solo el fiscal de Pichari, Alfredo Casavilca Piskulich, llegó al poblado de San Miguel al día siguiente del masivo crimen.

“En un primer momento, los efectivos de la comisaría Natividad de Jesús, donde denunciamos los hechos, nos prometieron que iban a venir a San Miguel. Sin embargo, solo llegó el fiscal Alfredo Casavilca, resguardado por una comitiva del Comité de Autodefensa”, apuntó.

Una vez que completaron su sangrienta faena, los criminales arrebataron sus celulares y el dinero a las víctimas. También destruyeron una rocola para extraer las monedas.

Alrededor del mediodía del miércoles, un contingente combinado de efectivos del Ejército y de la Marina, del Comando Especial del Vraem, partió de la base de Pichari y se desplegó en San Miguel del Ene para dar protección a los pobladores e iniciar las operaciones con el fin de ubicar y atrapar a los criminales del MPCP de Víctor Quispe.

Despliegue. De la base del Comando Especial del Vraem, en Pichari, salieron las aeronaves con contingentes de efectivos. Foto: Aldair Mejía / La República

En el régimen de Fujimori surgió la banda llamada MPCP

Cuando La República reveló que un helicóptero del Ejército había sido derribado por senderistas en Anapati, Satipo, el 2 de octubre de 1999, el régimen de Alberto Fujimori lo desmintió.

Pero este diario publicó fotografías que demostraban que un equipo del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), que estaba negociando la rendición de los senderistas del Vraem, había sido sorprendido por los hermanos Víctor y Jorge Quispe Palomino. Los atrajeron hasta Anapati y destruyeron la aeronave con el saldo de 6 efectivos fallecidos. La ’'rendición’' iba a ser usada para la campaña reeleccionista de Fujimori. Así nació el autodenominado Militarizado Partido Comunista del Perú (MPCP) de los Quispe Palomino.