Mateo Prochazka: “Lo que se ha cometido es una falta ética tremenda”

Entrevista al médico epidemiólogo , quien comenta los errores que se cometieron durante los ensayos clínicos de la vacuna Sinopharm y reafirma la necesidad de que esta sea un bien público.

Sinsentido. Mateo Prochazka lamenta la falta de transparencia y la mentira de las más altas autoridades involucradas. Foto: difusión
Sinsentido. Mateo Prochazka lamenta la falta de transparencia y la mentira de las más altas autoridades involucradas. Foto: difusión
Enrique  Patriau

El escándalo de las vacunaciones por fuera del ensayo clínico ha disparado la justificada indignación de la gente. Mateo Prochazka, médico epidemiólogo que radica en el Reino Unido, analiza las implicancias éticas. Advierte que no es un tema fácil para él, porque conoce a varios de los implicados.

Antes de empezar, creo que es necesaria una advertencia para los lectores. Usted ha estudiado en la Universidad Cayetano Heredia, y por lo tanto conoce a varios de los implicados en el caso. Así que, imagino, esto también lo afecta de una manera personal.

Sí, en efecto. Yo he estudiado medicina humana en Cayetano Heredia así como una maestría en epidemiología y he trabajado por cinco años en investigación con la universidad en el Instituto de Medicina Tropical y en la en la Facultad de Salud Pública. En ese sentido, conozco a varias de las personas involucradas en la lista, sin embargo, he salido del Perú hace casi cuatro años y no mantengo actualmente afiliaciones de ningún tipo con la universidad o con alguna de las personas mencionadas.

Asumo, por lo tanto, que ver esos nombres involucrados en este escándalo debe ser algo complicado para usted.

Definitivamente. Los nombres incluidos son de personas que han sido mis jefes, mentores, profesores, pero también alumnos y pares. Es una situación difícil.

Hecha esta advertencia, me gustaría que le explicara a la gente por qué, desde el punto de vista científico, lo que ha ocurrido es bastante irregular.

Claro. Es irregular desde el momento en que existen vacunas en paralelo, disponibles fuera del marco del ensayo clínico, que es una de las formas más reguladas de investigación y que pretende hallar evidencias sobre si una intervención funciona o no, en este caso la vacuna. Normalmente cuando se hace un ensayo de este tipo en la que a un grupo de personas se le da un placebo que es una sustancia inerte que no tiene ningún efecto sobre su cuerpo, es porque existe una duda genuina sobre si la vacuna funciona o no…

Ese es el grupo de control.

Exacto. Y tiene como objetivo ver si la vacuna es eficaz o no. En ese sentido, la disponibilidad de una vacuna para proteger al personal de estudio es un sinsentido.

¿Por qué es un sinsentido?

Porque un estudio de ese tipo, justamente, tiene la finalidad de ver si la vacuna funciona o no, y por lo tanto el personal que trabaja en él, al aplicársela, está actuando bajo la premisa de que sí tiene un efecto protector. De esa forma, al administrarle un placebo a otras personas están privándolas de tener ese escudo protector. Claro ejemplo es que, según la prensa, en enero falleció una participante del ensayo que recibió el placebo. La línea de tiempo sugiere que se han seguido enrolando a nuevos participantes para el ensayo y haciéndoles seguimiento, todo eso cuando las vacunas ya protegían al equipo de investigación y a otras personas.

Consecuencia. Prochazka advierte que el escándalo puede hacer que la gente pierda confianza en el proceso de vacunación. Foto: John Reyes/ La República

¿Y no se puede alegar que esas personas que trabajaban en el ensayo no corrían un riesgo también?

Enfrentaban un riesgo, como los miles de médicos y enfermeras expuestos directamente, día a día. Pero, todavía así, ese riesgo no justifica el uso de la vacuna fuera del ensayo. Eso torna el estudio en un despropósito. Si ya crees que la vacuna funciona como para implementarla, entonces no necesitas un grupo de control-placebo.

Fuera de que hay un asunto extraño -la verdad, no sé bien cómo llamarlo- de estar administrando placebos cuando uno ya está protegido con la vacuna.

Definitivamente. Hay un tema ético que se puede resumir así: yo estoy protegido con la vacuna, pero contigo tiro una moneda al aire para ver si te protejo o te pongo un placebo. Parte del problema es que las personas que se ofrecen como voluntarios piensan que tienen un 50% de posibilidades de tener la vacuna y, por tanto, pueden dejar de tener cuidado. Se les da una falsa sensación de protección cuando ya hay evidencia, de repente, de que la vacuna sí funciona.

¿Bajo ningún aspecto es admisible que los miembros de un equipo de investigación se inoculen ellos mismos las vacunas que están -en teoría- testeando?

Es admisible si es que el equipo de investigación decide ser parte formal del proyecto. Evidencia de ello existe en los ensayos clínicos sobre el ébola, en África. Algunas de las personas del estudio decidían ser enroladas y registradas y recibían o la vacuna o el placebo, aunque sin saber qué les tocaba.

Me interesa el tema de los estudiantes inoculados. Entiendo que hay ciertos grises que no necesariamente los que estamos familiarizados con estos procedimientos podemos ver. ¿Hicieron mal al vacunarse?

Los estudiantes han cometido una falta ética grave al recibir una vacuna de este tipo. Probablemente esto ha sucedido desde el desconocimiento, por la confianza en sus jefes y en las instituciones supuestamente destinadas a protegerlos. Al ver las aprobaciones que existían del Comité de Ética de la Cayetano Heredia, de la Digemid, del Instituto Nacional de Salud, posiblemente han dicho: ‘Si me están ofreciendo la posibilidad de la vacuna, me considero en riesgo y están los permisos necesarios, pues adelante’. Tal vez no conocían los detalles regulatorios, pero sí cometieron una falta ética grave, acaso sin saberlo, porque estaban en una posición de privilegio al acceder a un producto que podía salvarles la vida antes que a cualquiera de los peruanos, y sin sentir la incertidumbre de los voluntarios que no saben si les tocó un placebo. Ellos (los estudiantes) sabían, con seguridad, que se les estaba dando una vacuna.

En la carrera médica, los alumnos llevan cursos de ética desde un inicio, ¿cierto?

Por supuesto. Ética está entretejida en los cursos que se llevan en la carrera. En ese sentido, sí, tienen un entrenamiento en ética y tienen la capacidad de tomar decisiones, sobre todo en el manejo de pacientes, en menor medida en investigación. Pero sí es un marco suficiente como para tomar decisiones.

¿Estas clases de ética, desde su experiencia, eran suficientes para saber si estaban haciendo bien o mal?

(Piensa). ¿Suficiente? Pienso que la formación en ética que recibieron es suficiente para entender que estaban en una situación de privilegio que era injusta hacia otras personas.

En el lugar de ellos, ¿se hubiera vacunado usted?

(Piensa). Actualmente, definitivamente no. No se me hubiese ocurrido con la formación que tengo hoy. Creo que hace diez años podría haber juzgado mal la situación en la que estaba. Es difícil tomar una decisión autónoma cuando vemos que las personas por encima de nosotros actúan de cierta forma. Quisiera pensar que no, que no me hubiese vacunado hace diez años, porque es incorrecto. Me nace fuerte el instinto de decir que si me hubiesen ofrecido una vacuna, se la hubiera dado a alguien que sí estaba en riesgo. Eso sería completamente irregular, desde luego, y no lo haría. En todo caso, me hubiese costado poner la vacuna en mi cuerpo.

Si con los alumnos hay estos grises, en el caso de las autoridades o de los líderes de la investigación la cosa es blanco/negro, ¿correcto?

En ética pocas veces las cosas son blancas o negras. Hay muchos consultores o personas periféricas al estudio que desde cierta perspectiva trataron de justificar haber recibido la vacuna. Eso me parece un error, es algo injustificable. Pero es más grave ver que esto llega a figuras más altas, a personas que no tienen nada que ver con el estudio, ¿cierto? Rectores, vicerrectores…

Al entonces presidente.

Al presidente mismo, a la exministra de Salud. Entiendo que ambos puedan haber estado teniendo un cargo de servicio público, sin embargo, la forma en que ellos han estado lidiando con su experiencia de vacunación de cara al pueblo es, francamente, decepcionante. Me refiero a la falta de transparencia, a la mentira, a la irregularidad. Es inaudito.

Por no decir ilegal, posiblemente.

Yo hasta ahora me he ceñido a señalar lo que es ético o no. Sobre temas legales, penales, tendría que hablar con un abogado.

¿Qué piensa de Germán Málaga?

No conozco directamente el contexto, porque no converso con él desde hace varios años. Ha sido mi profesor, sin embargo, como le digo, no conozco mucho del contexto en el que se estaba desarrollando el ensayo. Sí me parece que se han cometido faltas graves en temas relacionados con la toma de decisiones sobre este lote adicional de vacunas. Cada una de las inoculaciones ha debido ser aprobada por el Comité de Ética y que este no tuviese conocimiento de lo que estaba ocurriendo, indica que se ha hecho algo de manera sumamente irregular. Lo que se ha cometido es una falta ética tremenda que, en un contexto distinto, es suficiente para detener la investigación.

En problemas. Germán Málaga lideraba el ensayo clínico. Foto: Antonio Melgarejo/ La República

“Las vacunas deben ser un bien público”

Uno de los argumentos para defender estas inoculaciones es que la vacuna recién fue aprobada para su comercialización en diciembre. Por tanto, lo inoculado en los meses previos no era una vacuna, en estricto. ¿Qué piensa? ¿Le parece válido?

La autoexperimentación sin regulación atenta contra la confianza de la sociedad. No es así como se hace ciencia. Se hace ciencia con métodos rigurosos y sistemáticos, para que el experimento pueda repetirse. Si estas personas están poniéndose la vacuna, sin pensar en que están haciendo ciencia sino solo para protegerse a sí mismas, están atentando contra aquello para lo que trabajan. La ciencia busca generar evidencia para mejorar a la sociedad, y ellos están aprovechando la situación para beneficio individual.

¿Todo esto podría disparar la desconfianza de la gente hacia el proceso de vacunación?

Sí, y por eso deben investigarse estos sucesos, a fondo y de manera rápida. Estamos pidiéndole a millones de peruanos que acepten ponerse una vacuna en sus cuerpos y los sistemas que han intentado generar esa evidencia para que la gente decida vacunarse están fallando. Eso disminuye la posibilidad de que las personas acepten vacunarse, disminuye la confianza. Cuando en el Perú se arma un ensayo tan irregular y con tantas faltas como el que estamos viendo, se invalida el mensaje de que la ciencia es rigurosa, sistemática y ética. Esa es una de las penas más grandes de esta situación.

¿Y la decepción de las personas frente a autoridades que, en su momento, llegaron a tener una muy buena imagen pública?

También. El 2020 ha sido un año muy difícil, pero una de las cosas buenas es que hubo un interés renovado por la ciencia y por su rol en el desarrollo del Perú. Eso le dio plataforma a personas especialistas que se han hecho conocidas desde su ángulo profesional…

La propia Mazzetti era admirada por un sector de la población.

Por supuesto, y yo en un momento he sido parte de esa admiración también. Ha sido lamentable la caída de estos personajes porque, con ellos, se cae además la confianza en la ciencia.

Hay un debate en el Perú sobre si las vacunas deberían ser vendidas por privados o no. Desde su experiencia, ¿qué respondería?

Las vacunas deben ser un bien público. Es todo lo que tengo que decir al respecto.

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