Las “paraditas” merecen otra oportunidad para la cuarentena

Roberto Ochoa

@larepublica_pe

01 May 2020 | 3:43 h
Orden y limpieza. Las "paraditas" pueden guardar el mismo protocolo de seguridad de los mercados que están funcionando en algunos barrios de la capital. Foto: Jorge Cerdán
Orden y limpieza. Las "paraditas" pueden guardar el mismo protocolo de seguridad de los mercados que están funcionando en algunos barrios de la capital. Foto: Jorge Cerdán

Solución popular. Por las restricciones de la cuarentena las “paraditas” dejaron de funcionar, pero las expertas y las propias comerciantes coinciden en que son una solución para abastecer a los más pobres evitando el contagio del coronavirus.

Así como existe ese gran mercado mayorista conocido como La Parada, así también en casi todos los distritos de Lima Metropolitana sobreviven las célebres “paraditas”, que hoy en día lucen clausuradas para evitar el contagio del coronavirus.

Sin embargo, no son pocas las voces especializadas que claman por su reapertura para evitar, precisamente, las aglomeraciones en los grandes mercados que han propagado el Covid-19 en los distritos más populares de la capital peruana.

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“Las paraditas son los pobres que abastecen a los pobres”, nos dice Carmen Roca, representante para el Perú de la organización internacional WIEGO, dedicada al empleo informal femenino.

“Las zonas calientes del contagio son las aledañas a los grandes mercados en la vía pública, con cientos de puestos de venta. Este NO es el caso de las ‘paraditas’ que ofrecen alimentos a los sectores populares de más bajos ingresos”, revela.

Como se sabe, los comerciantes de las “paraditas” no trabajan desde que empezó la cuarentena, pese a que sus clientes son los pobladores de los asentamientos humanos ubicados en las zonas altas de los cerros y los vecinos de calles y avenidas de alta densidad poblacional en las zonas más pobres de Lima Norte, Sur y Este.

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“Son pobladores que generan sus ingresos cada día para los gastos del día -añade Roca-, pero desde que cerraron las ‘paraditas’ ahora se tienen que movilizar a mayor distancia, en mototaxis o combis informales, para llegar a los grandes mercados. Es aquí donde se genera el gran contagio”.

Menos contagio

“Si se permitiera el trabajo de las paraditas, la seguridad alimentaria de los más pobres estaría asegurada. Se reduciría el contagio en los mercados porque no habría aglomeraciones. Es una alternativa cercana a la población, menos congestionada de público, y establecida al aire libre”, sostiene Gloria Solórzano, dirigente de la Red Nacional de Trabajadores Autoempleados (Renatta).

Para Solórzano “todos los comerciantes pagan una tarifa diaria por vender en la vía pública al gobierno local. Muchas de ellas ahorran a diario de manera colectiva entre todos los miembros de la asociación, con miras a comprar un terreno en el que construir un mercado, dejando la calle, pues no vamos a dejar de herencia a nuestros hijos un pedazo de vereda”, añade.

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Solórzano lamenta al destrucción de “paraditas” en Comas, donde los alimentos se han encarecido porque sus comerciantes no acuden hasta el Mercado Mayorista de Santa Anita para aprovisionarse porque “está muy lejos”.

Al aire libre

La ventaja de las “paraditas” es que se encuentran al aire libre, cada puesto se arma día a día y puede seguir un protocolo sanitario porque están bien organizadas.

La Dra. Lissette Aliaga es una académica limeña que obtuvo un doctorado en la Universidad de Texas con una tesis dedicada a las “paraditas”. Desde su cátedra en la Universidad de Nebraska, Aliaga sostiene que “su valor como eslabón clave en la cadena de distribución de alimentos es inmenso, pues las ‘paraditas’ son el punto de compra de los ciudadanos que viven en las condiciones más vulnerables. Se aglomeran en promedio a 2 kilómetros de los mercados populares, en zonas donde no existen supermercados, y a menor distancia que cualquier otro tipo de comercio... lo que permite que sus clientes se trasladen a distancias más cortas para abastecerse”.

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Aliaga revela que la mayoría de las “paraditas” tienen 100 puestos y ofrecen principalmente productos perecibles. “Los trabajadores de ‘paraditas’ también tienden a vivir cerca de sus lugares de trabajo y, si bien hacen a diario el recorrido a mercados mayoristas (Santa Anita, La Parada, Unicachi de Pro, Caquetá, Jicamarca), muchos tienen proveedores fijos y hay experiencias de realizar compras conjuntas entre comerciantes, lo que haría posible que se organizaran para minimizar la posibilidad de contagio entre ellos”.

Por su parte, Elsie Guerrero, exfuncionaria municipal con experiencia en la formalización de miles de ambulantes que dieron lugar a la creación de mercados y campos feriales, señala que “en la lucha contra la expansión del Covid-19 deben aplicarse estrategias diferenciadas para mercados y para agrupamientos de comerciantes de vía pública, según sus características. Debemos priorizar el orden y la regulación de los de mayor tamaño, debido a la gran atracción y concentración de público. La autorización y regulación de ‘paraditas’ es una alternativa que promete efectividad en reducir contagios y dar seguridad alimentaria”.

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“Paraditas” que demostraron su eficacia

El caso de los contagios en el gran mercado de Caquetá evidencia la enorme concentración de compradores y demuestra que la reapertura de las “paraditas” podrían descentralizar la compra y venta de productos de panllevar.

Tal es el caso de la “paradita” ubicada entre la tercera y cuarta cuadra de la avenida Belaunde, en el distrito de Independencia. Desde las 7 de la mañana ya tienen ordenados sus puestos con la mercadería comprada, pues los clientes llegan temprano. Funciona con apoyo de la Policía Nacional del Perú y ha establecido un buen sistema de distanciamiento, orden e higiene.