El tiempo de las mujeres

“Uno de los desafíos más importantes es la reorganización social de los cuidados para alcanzar la plena corresponsabilidad entre Estado, mercado y familia”.

Columnista invitada
08 Abr 2020 | 6:00 h

Por: Natalia Manso Álvarez

Primer día de mercado para solo mujeres, sábado 4 de abril. Caminé al supermercado que me toca por cercanía, el Wong de La Aurora en Miraflores. Iba pensando que si normalmente, y estimo a ojo, veo que 7-8 de cada 10 compradores son mujeres, por lógica matemática habría cola pues pasábamos de poder comprar los siete días a la semana, a tan solo tres.

Bingo, desde la puerta, rodeando todo el contorno del mercado, la cola se extendía calle arriba y se perdía en lontananza. Pregunté a dos señoras – salían victoriosas y acaloradas– cuánto esperaron para ingresar: de hora y media a dos horas. Al menos se mantuvo la distancia de seguridad gracias a las amplias avenidas miraflorinas, lujo del que carecen muchas de las calles y barrios de Lima.

Me pregunto para qué sirven los miles de soles que el Estado, las ONG y organismos multilaterales gastan en estudios, líneas de base y encuestas para obtener diagnósticos sociales que aparentemente se guardan en un cajón a la hora de tomar decisiones como la de dividir los días de compra en función del género.

El pasado 2 de abril, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó el informe “La pandemia del Covid-19 profundiza la crisis de los cuidados en América Latina y el Caribe”. Entre otros aspectos, nos recuerda uno muy importante: todas las personas dependemos de los cuidados de otros durante la mayor parte de nuestras vidas, lo que conlleva una relación de interdependencia entre las personas que los reciben y las que los proveen, de forma remunerada o no remunerada, que debería entenderse como el derecho a “cuidar, a ser cuidado, a no cuidar y a autocuidarse”.

Según Naciones Unidas, a 30 de marzo 113 millones de niños se quedaron sin escuela en América Latina. Niños y niñas que ahora requieren 24 horas diarias de dedicación, que implican un aumento considerable de la carga de tiempo dedicado al trabajo doméstico, en especial la que recae sobre las mujeres, las cuales emplean el triple del tiempo que los hombres a dichas tareas. Según la ONU, en Latinoamérica ellas ya destinaban entre 22 y 42 horas semanales a la casa y sus integrantes, antes del Covid-19.

Estas desigualdades se acentúan en tiempos de crisis en los hogares de menores ingresos, pues cuentan con mayor número de personas dependientes, agravadas por la dificultad de mantener el distanciamiento social por falta de suficiente espacio físico. La brecha aumenta aún más en los hogares con una mujer como única cabeza de familia, más de 7 millones en el Perú, según el INEI. Además, las mujeres que viven sin acceso a agua potable, dedican entre 5 y 12 horas semanales más al trabajo doméstico que las que residen en hogares con agua.

La proporción se repite en todos los ámbitos cruciales para salir de esta desgastante pandemia: siete de cada diez horas de cuidados recaen en manos de mujeres, siete de cada diez trabajadores del sector salud, educación y retail son mujeres. Mamás, enfermeras, maestras, cajeras y caseritas nos están manteniendo a flote día a día, con entereza y disciplina.

Como señalado por CEPAL, uno de los desafíos más importantes que tiene la región es la reorganización social de los cuidados para alcanzar la plena corresponsabilidad entre el Estado, el mercado y la familia. Es fundamental que las medidas que se tomen consideren el tiempo de las mujeres como un bien finito y muy valioso que se erige como uno de los pilares que nos mantendrá en pie para aguantar el golpe y poder salir de esta encrucijada.

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