Resistencia, responsabilidad y coraje

La entereza de los peruanos en el punto más alto.

Editorial Editorial
08 Abr 2020 | 5:56 h

El presidente Martín Vizcarra ha señalado que nos encontramos en el tercio final del ascenso a la meseta de la curva de contagios y que las dos semanas siguientes serán difíciles, por lo que ha pedido a la población disciplina en las medidas de aislamiento social obligatorio porque de lo contrario ni esas dos semanas a serán suficientes porque se habrá impuesto la irresponsabilidad.

El ministro de Salud, Víctor Zamora, ha reiterado que las próximas dos semanas serán muy duras y difíciles porque los casos de contagio aumentan progresivamente, de modo que la epidemia se hará presente en nuestro país en toda su plenitud.

Estos anuncios se han confirmado en las últimas horas, con los reportes que indican que los casos bordean los 3 mil, con más de un 50% de casos registrados en los últimos días, es decir, que el crecimiento exponencial se ha iniciado. Los 490 pacientes hospitalizados y los 109 en cuidados intensivos también revelan que se ha iniciado una presión intensa sobre los servicios hospitalarios que, como se ha indicado reiteradamente, presentan un déficit de camas, equipo y ventiladores.

Ha llegado el momento de poner en tensión las fuerzas de la sociedad peruana y colocarlas en el punto más alto de la resistencia, responsabilidad y coraje. Los días que vienen estarán llenos de noticias tristes y desagradables, acompañadas de imágenes que testimoniarán, al mismo tiempo, el dolor y la impotencia frente a un enemigo silencioso, y la precariedad de nuestro sistema de salud, víctima de las políticas reduccionistas.

Nos toca actuar con coraje. La primera muestra de ella es persistir en el aislamiento y observar las reglas de cuidado en nuestro entorno familiar íntimo y en la comunidad. Esa cuota de responsabilidad, lamentablemente, no ha sido una conducta general desde la declaratoria de la emergencia el 15 de marzo pasado.

Resistir en esta etapa significa sobrellevar y tolerar con entereza este momento amargo, plantar cara a la adversidad y asumir el papel que nos concierne, persuadidos de que es imprescindible brindar a otros, especialmente a quienes dependen de nosotros –hijos, padres, menores de edad y trabajadores bajo nuestra responsabilidad–, las muestras necesarias de temple que exige esta circunstancia. Ello no implica que dejemos de ser vigilantes y cesemos de exigir a nuestras autoridades que se desempeñen a la altura de este momento histórico, sino empezar haciendo lo que nos corresponde.

El Perú espera mucho de nosotros. No defraudemos a la patria y a quienes esperan que seamos parte del bien común.

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