El Perú como paraíso

“La política deja de ser una actividad sostenible en el tiempo para convertirse en un instante”.

Alberto Adrianzén
26 Dic 2019 | 1:27 h

Hace unos días Carlos Campos y Alexandra Porras, ambos de 18 años, murieron al recibir una descarga eléctrica cuando realizaban labores de limpieza en una de las tiendas de la transnacional McDonald’s. Carlos y Alexandra, no hay que olvidarse de sus nombres, eran enamorados. Posiblemente pensaban casarse y, como se dice, vivir juntos hasta que la muerte los separe. Y así fue. La muerte los separó. Pero no fue después de una larga vida en común sino más bien debido a un “accidente laboral”. Ninguno de los dos contaba, como afirman los inspectores municipales, “con los implementos de seguridad (botas y guantes) al momento del accidente”.

A los pocos días, otro trabajador, Jorge Torres de nacionalidad venezolana, moría aplastado por un montacarga en una fábrica en San Juan de Lurigancho. Cuando su compañera, que tiene siete meses de gestación, fue al centro laboral a pedir información, “solamente salen y entran, cierran la puerta, no nos dejan ver, no sabemos nada” (La República: 20/12/19). Los tres trabajaban doce horas diarias y ganaban menos del salario mínimo.

Hace unos días una amiga comentaba en Facebook a raíz del paro de las y los trabajadores de Ripley, Saga Falabella y Cencosud, lo siguiente: “Alguna vez asistí a una reunión de sindicalistas de Cencosud de Colombia, Chile y Perú. Y contaban los chilenos que la empresa aseguraba que lo más fácil era el Perú, no tienen fuerza sus organizaciones sociales, y que le podía sacar la vuelta a sus derechos laborales. Perú era su paraíso”.

Se puede afirmar que los dos jóvenes peruanos y el venezolano murieron debido a la ausencia de medidas y de mejores condiciones laborales, sin embargo, también se puede decir que murieron porque eran “explotados” (palabra que pocos dicen) por su condición misma de trabajadores, como lo demuestran, además, los casos de Ripley, Saga Falabella y Cencosud.

La forma más usada de (sobre)explotación en este “paraíso peruano” es el aumento de la jornada laboral y pagar menos del sueldo mínimo. Ese es el mundo de los que hoy llaman los empresarios sus “colaboradores” y era el “mundo laboral” de Alexandra, Carlos y Jorge.

Ello se debe no solo a que tenemos un capitalismo sin regulación y una reforma laboral que debilitó primero y luego destruyó a los sindicatos (nuestro país tiene una de las tasas más bajas de sindicalización de toda la región); asimismo a la ausencia del derecho de negociación colectiva por rama, a las divisiones mismas de las organizaciones laborales, a la debilidad de un Estado que permite y hasta es cómplice de esta realidad, etc. Y si bien todo ello es cierto, me interesa añadir otros dos puntos claves: una sociedad que tiene un 70% de su población que es y vive en la informalidad lo más probable es que esa misma sociedad esté escindida y segmentada, es decir que sus partes no se comunican ni se reconocen como iguales. El otro punto clave es la existencia de una sociedad neoliberal en la que, como dice Byung-Chul Han, quien se hace responsable y se avergüenza de su fracaso es uno mismo “en lugar de poner en duda a la sociedad y el sistema”. La rebelión no es posible. Salvo la protesta en las redes sociales y en actos únicos. La política deja de ser una actividad sostenible en el tiempo para convertirse en un instante, en una actuación como casi única forma de representación. Bienvenidos a “Perúlandia”.

Nota: Buen año 2020, sobre todo para las y los trabajadores del Perú.