Nobel por los derechos de la mujer

Eduardo Ugarte y Chocano 

Periodista

Eduardo Ugarte y Chocano 

Periodista

El Nobel de la Paz para Denis Mukwege y Nadia Murad  ha sido considerado como un Nobel impecable, pues “La elección de un ginecólogo de 63 años que lleva años jugándose la vida desde su hospital y fundación de Panzi, en Bukavu (Congo), por ayudar a miles de víctimas de violaciones por ejércitos y guerrillas mientras dirigentes locales e internacionales miran hacia otro lado, y de una víctima que, en cuanto logró escapar del IS, dio la cara para denunciar el calvario al que miles de mujeres y niñas como ella han estado o siguen sometidas es un testimonio de apoyo a la lucha contra una de las lacras más olvidadas de la humanidad” (El Mundo), lucha que ahora se recupera en defensa de los derechos de la mujer.

El Comité de Estocolmo, entre 216 personas y 115 organizaciones, recibió como postulantes al Nobel de la Paz a Donald Trump, los coreanos Kim Jong Un y Mun Jae In, el multimillonario George Soros, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados y el papa Francisco… estos, comenzando por Trump que protege a acusados de violaciones y terminando por el papa cuestionado por su pasividad ante los casos de pedofilia en su Iglesia, quedan muy lejos de alcanzar los valores para merecer el reconocimiento. Es que no se trata de dejar pasar este año en las instituciones de derechos humanos sin considerar los movimientos que en todo el mundo se han hecho voluntaria y organizadamente contra la violencia machista, pues gracias a personas como las premiadas es visible esta constante y universalizada práctica contra mujeres y niñas tan grande como su indiferencia para corregirla.

No sé quién podría decir —pero alguien lo diría— que es distinto el tema tratado frente a nuestra realidad, pues los crímenes señalados contra la mujer son resultado de “guerras en que el hombre deja de ser humano y se vuelve bestia” (curioso uso de esta palabra porque en las bestias no se da); sin embargo, solo revisando las características de los últimos feminicidios en nuestro país, nos damos cuenta que tienen por autores a seres con más crueldad que la que puede generar un estado de guerra y defensa de la vida, pues en este caso no se está frente a un soldado enemigo, sino frente a mujeres y niñas indefensas, proclives a ser víctimas solo por una cultura de machismo permitida y alentada por una justicia, educación y castigo ausentes.

Debemos entender que la diferencia entre la guerra y la paz no es la presencia o la ausencia de la muerte, sino la actitud del hombre frente a la vida y al otro, que con su respeto determina nuestra condición de seres humanos (no me atrevo a decir de Homo sapiens sapiens). ß

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