El señor de las montañas montañas

arcadio mamani. Desde los seis años las montañas lo fraguaron con fuego. 59 años después, Arcadio Mamani sube al Misti como si fuese a almorzar a esa cresta que pica casi los seis mil metros de altura. Un texto escrito en la National Geographic destaca a este andinista de las geografías más bravas.

arcadio mamani. Desde los seis años las montañas lo fraguaron con fuego. 59 años después, Arcadio Mamani sube al Misti como si fuese a almorzar a esa cresta que pica casi los seis mil metros de altura. Un texto escrito en la National Geographic destaca a este andinista de las geografías más bravas.

Roberth Orihuela Q.

Tenía seis años cuando la muerte lo rozó fríamente. Arcadio Mamani vivía con sus padres en Achoma, uno de los 20 distritos de Caylloma, enclavado en el cañón del Colca. A su corta edad tenía una misión: la de llevar los alimentos a los pastores de  las ovejas y alpacas de la familia. Caminaba casi cinco horas para llegar hasta Cipina, una estancia localizada a más de 4500 metros sobre el nivel del mar. Ese día quedó atrapado en medio de la tormenta. La nieve que caía copiosamente casi lo entierra, lo cubrió hasta la cintura. Por instinto de supervivencia pudo llegar a la estancia, remontando ese paisaje glacial.

Allí los pastores lo protegieron y le salvaron la vida arrullándolo al lado del fuego de la cconcha.

En el segundo asedio, la muerte volvió a fallar. Era su segundo intento de ascenso al Misti, uno de los volcanes que acordona la ciudad de Arequipa. Estuvo planificando y estudiando el ascenso. Tenía 22 años. Las dos experiencias resultaron catastróficas. En la primera oportunidad le dio soroche y en la otra, casi muere desbarrancado.

En esa segunda vez trepó por la ruta más difícil, la cara que da a la ciudad que pasa por el campamento “Nido de águilas”, y luego se internó en una zona rocosa que denominan “La Zeta”.

Llegó a la cruz de la cima, se arrodilló, tocó el metal y su piel quedó pegada en este. Estuvo mucho tiempo allí y luego comenzó el descenso. Ese día, la nieve cubría medio volcán. “Sin darme cuenta, estaba bajando por el lado que mira hacia Chachani. Un descenso muy empinado, y de pronto me veía rodando sin forma de frenar”, agrega. Nuevamente su instinto lo salvó. Abrió los brazos y pudo agarrarse de una piedra que sobresalía del blanco de la nieve.

Esas experiencias le sirvieron para respetar a las montañas. También curtieron su pasión por el andinismo. “Para mí escalar no es un trabajo, sino un gozo, una alegría y diversión”, expresa Arcadio. Y así empezó todo.

Abandonó sus estudios de maestro de Matemáticas y Física en la Universidad Nacional de San Agustín y prefirió irse a la Escuela de Guías de Alta Montaña de Huaraz. Allí llegó gracias a la recomendación de uno de sus amigos.

En Arequipa no solo es guía, también un buscador de personas perdidas en estos andes misteriosos convertidos en la columna vertebral de América.

También participó en las expediciones pro Juanita, una bella doncella de las antiguas culturas peruanas sacrificada para aplacar la furia del volcán Ampato. Arcadio aclara que no participó en la expedición dirigida por el antropólogo Johan Reinhard y en donde se encontró a la momia, sino en las siguientes quince travesías.

“Quien me convocó fue Miguel Zárate, que en ese tiempo trabajaba con Reinhard. Éramos 27 hombres, 20 caballos y muchas cosas más. Estuvimos un mes y hallamos dos momias más”, cuenta Arcadio. Luego Reinhard y Zárate tuvieron un conflicto y es cuando Arcadio se convierte en mano derecha del antropólogo. Desde ese momento la fama del andinista arequipeño cruzó fronteras.

En 1999, llegó hasta Salta (Argentina) para descubrir más tumbas ceremoniales incas con Reinhard. Descubrieron a la doncella y a la Niña del Rayo, de 6 y 7 años respectivamente. Ese año, el arqueólogo estadounidense le dedicó un artículo en la revista National Geographic a Mamani. Destaca de él su fortaleza y resistencia, además de su sexto sentido para dar con las tumbas de las momias.

Tras esto, el andinista vuelve a Arequipa para hacerse cargo de su agencia de guías de Alta Montaña, ubicada en la cuarta cuadra de la calle Jerusalén, en el centro de la ciudad. Allí lo esperamos mientras llega en una camioneta 4x4 manejada por su hijo Juan. Acaba de bajar del Misti pero luce fresco, como si hubiese ido a almorzar. ❧

Los verdaderos guías necesitan protección

Arcadio está preocupado por la proliferación de guías ilegales. Su pasión, cuenta, no solo es llevar a la gente para que conozca la majestuosidad de las montañas, sino educar. “Quiero que los turistas y mis compañeros se den cuenta que somos privilegiados. Eso no ven las autoridades".

"El gerente regional de Comercio Exterior y Turismo, Miguel Apaza, tiene buenas intenciones, pero su desconocimiento le hace cometer muchos errores”, indica el experimentado Arcadio.

Este narra que hace poco Apaza estuvo a punto de formalizar a muchos guías que no conocen las montañas, poniendo en peligro sus vidas y las de los turistas. “A muchas agencias solo les interesa cobrar y buscar a cualquier chico que les cobre poco. Ni siquiera les interesa si el turista llega a la cima. Sólo les interesa el dinero. Eso debe cambiar”, termina.

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