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La felicidad de dar

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Por José Luis Pérez Albela
Médico


La felicidad está más en dar que en recibir, y cuando reciba poco es porque tal vez está dando poco cuando puede dar más. No son ricos todos los que tienen en abundancia sino los que sienten la abundancia. Se es rico cuando el dinero no es motivo de preocupación.

Si usted tiene dos soles y no se lamenta de no tener más entonces es más rico que el que tiene 2 millones de soles y no puede dormir porque no tiene 4 millones. La pobreza no es carencia: es un estado de ánimo y está en la mente no en el bolsillo.

El pobre hombre rico se angustia porque está pensando que le van a robar, está desesperado por ganar más, porque siente que las cosas cuestan mucho, le preocupa el consumo de la electricidad, del gas, etc. o siempre está buscando el modo de bajar el salario de sus colaboradores.

A este hombre le duele que su mujer le pida dinero, se angustia por el gasto de sus hijos, por las peticiones de aumento de sus empleados, tiene los síntomas que sufre tal vez el más humilde de sus servidores. No hay diferencia entre este hombre y un pordiosero. La única finalidad del dinero es dar comodidad, alejar temores, permitir una vida de libertad y espiritualidad, tranquilidad en el alma. Si no se disfruta de esas ventajas, se tenga cuanto se tenga se es un pobre hombre rico.

Piense cada día generar armonía, si quiere ser rico séalo. El dinero es una energía que tiene que circular por eso hay que diezmar. El 10 por ciento de lo que tiene compártalo, así uno da sin esperar recibir. La miseria es peor que la pobreza, por eso hay ricos que son pobres, porque son miserables.

Hay un poema que dice así: “el dinero es muchas cosas nunca lo esencial, proporciona comida pero no apetito, medicinas pero no salud, relaciones pero no amigos, servidores pero no lealtad (...) una casa suntuosa y bonita pero no felicidad en un hogar de armonía; lujo pero no alegría; diversiones ocasionales pero no la paz interior y la verdadera dicha que es el gozo que es más que el placer; un funeral caro pero no una muerte digna en paz profunda; un crucifijo pero no un Salvador; una iglesia pero no el cielo”.