Hace trece años, Fujimori convocó elecciones y desactivó el SIN

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15 Sep 2013 | 23:55 h

Un vídeo de corta duración fue capaz de remecer los cimientos de una dictadura que creyó tener todo bajo control, al comprar las líneas editoriales de la mayoría de medios de comunicación y someter a casi todas las instituciones del país.

La noche del 16 de septiembre del 2000, Alberto Fujimori tuvo que aceptar, en un mensaje a la Nación, que perdió, pero lo hizo a su modo, negando lo evidente, seguro que todo pasaría con el anuncio de la desactivación del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) y la convocatoria a nuevas elecciones generales.

Dos noches antes, la alta dirigencia del Frente Independiente Moralizador (FIM) proyectó en un ambiente del hotel Bolívar imágenes en el que se ve a Vladimiro Montesinos dar 15 mil dólares a Alberto Kuori , en ese entonces flamante congresista de Perú Posible, para que integre la bancada fujimorista de Perú 2000.

Queda para la anécdota que la solicitud de la congresista Martha Chávez para que el vídeo sea sometido a un peritaje porque en una película vio que era fácil hacer un montaje. “Hay que investigar video Kouri - Montesinos porque en Forrest Gump se hizo montaje con presidentes muertos”, expresó en esa oportunidad.

Fujimori Fujimori aseguró desconocer las operaciones que realizaba su mano derecha en la tétrica salita del SIN, al punto que pidió, de la boca para afuera, una investigación seria sobre el caso para que se determine responsabilidades y los culpables paguen condena.

Lo cierto es que el entonces primer mandatario tenía conocimiento que la reunión entre Montesinos y Kouri no era la única que había sostenido su asesor. Sabía que ese primer ‘vladivideo’ era la punta de un iceberg.

Este fue su mensaje, el último mensaje como presidente de un país al que le hizo mucho daño:

"Buenas noches.

En los últimos diez años hemos tenido que hacer frente, como cualquier Gobierno, a crisis políticas de diversa magnitud. Ese cotejo con la realidad siempre ha merecido de mi parte una profunda reflexión y un severo análisis.

Esto explica mi silencio de estos días frente a los últimos acontecimientos políticos, pero lo más importante: hemos afrontado todas las crisis —incluyendo esta, también— asumiendo como premisa los supremos intereses del Perú.

Esta semana, a través de un vídeo, se ha hecho una grave denuncia ante la cual mi posición, clara y tajante, no es otra que la de respaldar una severa investigación para determinar responsabilidades ante la ley. Ello, no obstante, quiero señalar que este es por sobre todo un hecho político que obviamente ha tenido un fuerte impacto en la estabilidad de mi gobierno y del país.

Mi candidatura a la presidencia de la República tenía el legítimo propósito de representar a un importante sector de la ciudadanía con pleno derecho a coincidir con nuestra propuesta de gobierno, así como otros peruanos tienen el derecho a disentir de ella. El clima de tensión se prolongó más allá de los comicios, incluso con acciones de extrema violencia que, sin embargo, no pudieron impedir que el 28 de julio se instalara el nuevo gobierno.

He reconocido más de una vez que atravesamos por dificultades coyunturales, lo que también ocurre hoy en otros países del mundo, por eso, a partir del mismo 28 de julio nos pusimos inmediatamente a trabajar para honrar nuestro compromiso con el pueblo. Sin embargo, fuerzas e intereses políticos —que no aceptan ni aceptarán quedarse al margen por cinco años más—, fuerzas e intereses que representan políticas distintas al gobierno, distintas a la nuestra, pretenden un cambio de gobierno en el más breve plazo.

Es mi obligación moral, como presidente de la República, tomar una decisión ante esta situación que, además de frenar el proceso de recuperación económica, atenta contra las legítimas expectativas de progreso de los peruanos.

A pesar de haber sido elegido por una mayoría ciudadana, no quiero constituirme en factor de perturbación y menos en obstáculo para fortalecer el sistema democrático. Por ello, tras una profunda reflexión y objetiva evaluación de la coyuntura, he tomado la decisión, primero, de desactivar el Sistema de Inteligencia Nacional. Y en segundo lugar, de convocar en el inmediato plazo posible, a elecciones generales, medida esta última que espero sea acogida y entendida en su real contexto por los organismos competentes. En estas elecciones generales, demás está decirlo, no participará quien habla, sino todos aquellos que se sientan capaces de ejercer la Primera Magistratura o las funciones congresales.

El pueblo, estoy seguro, sabrá con prudencia escoger el mejor destino. He gobernado el Perú durante diez años. Ni los retractores pueden dejar de reconocer logros fundamentales, que no los enumeraré. Ustedes los conocen. Estos logros son mi gran satisfacción y la prueba tangible de la dedicación y el cariño que he puesto a la obra de gobierno, especialmente aquella en favor de mis compatriotas más necesitados. Ello me basta como recompensa moral. Pocos gobiernos en la historia del Perú han heredado desastre como nosotros lo hemos hecho, para convertir estos y viejos lastres históricos en oportunidad de desarrollo y viabilidad nacional.

Deseo que el Perú, mi país y al que he entregado diez años de trabajo intenso procurando la máxima eficiencia para levantarse de sus escombros, no retroceda en término de paz y desarrollo. Si el Perú retrocede en estos términos, ¿qué sentido tendría el enorme sacrificio de civiles, policías, militares y autoridades a todos nivel, sin cuyo concurso abnegado no habría hoy paz interna ni externa?

Mis dos períodos de gobierno —lo reconozco— no están exentos de errores u omisiones. Ellos pueden haber postergado la atención de los legítimos intereses de algunos sectores de la ciudadanía, lo que ciertamente lamento. Y a quienes votaron por nuesta propuesta de gobierno, con esperanza y entusiasmo, les agradezco profundamente. Y pido comprensión. Se trata no de renunciar a nuestros ideales y principios, sino de dar un paso realista para que los peruanos puedan seguir construyendo su futuro en democracia, entendiendo por democracia lo que ustedes entienden y desean: oportunidades reales, concretas, para los sectores menos favorecidos.

Confío en que el pueblo sabrá, con madurez, continuar el camino del progreso. En ese camino también estaré yo hasta siempre identificado con el pueblo.

Muchas gracias.

Buenas noches".