Falta recuperar a 180 jóvenes y niños de campamentos senderistas

Tarea pendiente. Un nuevo grupo de 15 asháninkas fue rescatado por las fuerzas de seguridad en Satipo, pero jefe antiterrorista  dice que todavía quedan campamentos con más cautivos. Ya fueron liberados 70.

2 Ago 2015 | 2:51 h

Mazamari, Satipo
 
Ocho niños y siete adultos que integraban una comunidad asháninka en Satipo, que después de haber estado cautivos por varios años fueron abandonados por Sendero Luminoso, han sido recuperados por un equipo especial de las Fuerzas Armadas y de la Policía Antiterrorista.
 
 
El jefe de la Dirección contra el Terrorismo, general PNP José Baella Malca, dijo a La República que el operativo  de rescate se inició en agosto de 2014, y concluyó el 31 de julio de este año con un nuevo grupo de 15 personas liberadas. En total han sido rescatados 70 asháninkas, entre adultos y niños en el Sector 5, ubicado en San Martín de Pangoa, provincia de Satipo en Junín.
 
Baella estimó que por lo menos 180 menores de 17 años de edad todavía se encuentran en poder de los senderistas dirigidos por los hermanos José y Jorge Quispe Palomino.
 
Desde el inicio de la guerra terrorista en 1980, los asháninkas han sido víctimas frecuentes de los senderistas.
 
Luego de la captura de Abimael Guzmán, en 1992, un sector dirigido por los hermanos Quispe Palomino se replegó en el área del distrito de San Martín de Pangoa, Satipo, desde donde comenzó a desplegar acciones armadas por todo el valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem). Los cabecillas usaron a los indígenas como base de apoyo.
 
Ante la arremetida de las fuerzas del orden, que lograron acabar con los líderes “Alipio”, “William” y “Gabriel”, los Quispe Palomino empezaron a abandonar a los asháninkas que estaban cautivos en campamentos de adoctrinamiento y adiestramiento.
 
El 27 de julio fueron recuperados 39 asháninkas. El 31 de julio fue ubicado el último grupo de 15 y trasladado a la base policial de Mazamari.
 

Desnutridos

Todos llevaban puestos sus atuendos característicos de los asháninkas. Se encontraban descalzos, desnutridos y sucios.
 
Los rostros de las mujeres expresaban tristeza, sufrimiento y preocupación. Mantenían la cabeza gacha y se negaban a hablar. No querían ni decir sus nombres.
 
La República intentó entrevistar a una de ellas. Era una mujer de baja contextura y delgada que al ser abordada trató de dar su nombre, pero fuimos impedidos por la Policía.
 
Todas fueron rápidamente conducidas a un ambiente de la base de Mazamari donde se encontraban otras asháninkas que habían sido rescatadas en una operación anterior.
 
"Ellas no pueden hablar porque todavía no se adaptan a este sistema", indicó un alto oficial del Ejército.
 
Las acciones de recuperación fueron obra de un grupo de élite del Comando de Inteligencia Especial y Operaciones Conjuntas (CIOEC) y de agentes de la Dirección Contra el Terrorismo (Dircote).
 
La fiscal Eneida Aguilar Solórzano, titular de la Fiscalía Especializada Contra el Terrorismo y Lesa Humanidad, señaló a La República que durante los interrogatorios a las personas adultas, estas revelaron que cuando sus niños cumplían los 12 años, se los llevaba la “camarada Olga” para integrarlos a las columnas armadas.
 
“Olga” es uno de las cabecillas senderistas más intensamente buscadas por las fuerzas antiterroristas porque es la responsable del control de los campamentos de adoctrinamiento y adiestramiento.
 
El jefe de la Dircote explicó que en las dos últimas operaciones de rescate fueron capturados los camaradas “Roberto” y “Ricardo”, quienes estaban al cuidado de los cautivos para que no huyeran.
 
De acuerdo con informes de inteligencia de la Dircote, el Sector 5 –donde se encontraba el campamento de los asháninkas cautivos– era una zona estratégica para Víctor Quispe Palomino, “camarada José”. En ese lugar se concentraba el mayor número de los indígenas bajo amenaza terrorista y eran obligados a proveer de alimentos a las columnas armadas.
 
El 2 de octubre de 1999, en la zona de Anapati, Satipo,  Víctor Quispe Palomino se dio a conocer cuando emboscó un helicóptero del Ejército durante un operativo del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), para supuestamente recuperar a un grupo de asháninkas.
 

“Este caso es sensible porque se trata de niños”

Según la fiscal Eneida Aguilar, en las operaciones de rescate participaron dos ex senderistas que se sometieron a la colaboración eficaz, quienes condujeron a las fuerzas del orden hasta los campamentos.
 
Los desertores pertenecían a la columna del “camarada Alipio”. Luego de conseguir escapar por sus propios medios, resolvieron cooperar con la Policía Antiterrorista porque buscaban recuperar a sus familiares que se encontraban en los campamentos.
 
La fiscal Aguilar explicó que los ex senderistas participaron en varios ataques contra las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional y que todavía cuentan con familiares en campamentos en la zona andina de Vizcatán.
 
"Este es un caso muy sensible porque hablamos de adolescentes y niños arrancados del seno de sus padres que fueron obligados a entrenarse militarmente para atacar a las fuerzas del orden. Esto es muy doloroso”, dijo la fiscal Aguilar.
 

Claves

Garantías. La fiscal superior coordinadora nacional del Sistema Contra el Terrorismo, Luz Ibáñez Carranza, verificó las medidas de protección para las víctimas y los colaboradores.
 
Identificación. Personal del Reniec inició el proceso para dar con la identidad y la edad real de los rescatados.

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