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Antonio Zapata: “Sendero atacó a la Marina de manera más cruel y personalizada”

Entrevista al historiador, profesor y columnista, quien analiza el incidente protagonizado por Héctor Béjar. El autor de La guerra senderista: hablan los enemigos (2017) considera que la franqueza del exguerrillero “lo ha llevado al cadalso”.

El historiador Antonio Zapata afirma que los antecedentes de la violencia política se encuentran en la segunda mitad del siglo XIX. Foto: difusión
El historiador Antonio Zapata afirma que los antecedentes de la violencia política se encuentran en la segunda mitad del siglo XIX. Foto: difusión
Ángel Páez

El incidente protagonizado por el exguerrillero y sociólogo Héctor Béjar, por haber afirmado que elementos de la Marina cometieron actos terroristas, es analizado por Antonio Zapata, quien ha publicado recientes investigaciones sobre Sendero Luminoso y el régimen militar.

¿El terrorismo se originó en los años 70 cuando se atribuyeron actos violentos a la Marina, como dijo el excanciller Héctor Béjar?

No. Después de participar en las guerrillas de 1963 y 1965, Héctor Béjar fue encarcelado, pero el gobierno del general Juan Velasco Alvarado lo amnistió junto con otros líderes sociales. Luego Béjar se sumó al gobierno de Velasco y trabajó en Sinamos (Sistema Nacional de Movilización Social). En esa época comenzaron a registrarse ataques contra diplomáticos e intereses cubanos y circuló la versión de que los autores eran agentes de un sector de la Marina opuestos a las relaciones del gobierno militar con el comunismo. Estos ataques continuaron durante el gobierno de Francisco Morales Bermúdez, como las explosiones a dos barcos cubanos en el Callao, en 1977. Y los atentados contra los almirantes que apoyaban a Velasco, Guillermo Faura y José Larco, en 1975 y 1976. Béjar se refería a estos hechos que en su momento se relacionaron con sectores de derecha de la Marina, que además supuestamente tenían conexión con la CIA (la estadounidense Agencia Central de Inteligencia, por sus siglas en inglés). Pero el origen del terrorismo, de la violencia política, en el Perú se remonta a muchos años atrás.

Precisamente, el terrorismo no fue de uso exclusivo de Sendero Luminoso. ¿Qué referencias históricas existen?

Es cierto, pero tenemos que tomar en cuenta la experiencia reciente. Como el levantamiento senderista vino acompañado de una gran crueldad, especialmente contra civiles, la sociedad condenó a Sendero Luminoso. No era un grupo que usaba métodos terroristas en busca de objetivos políticos sino que eran terroristas en sí mismos. Su fin era el terrorismo. Desde entonces la palabra terrorismo se identifica con Sendero Luminoso. No por gusto los llaman “terrucos”, que es una palabra que los identifica como esencialmente terroristas, no gente usando del terrorismo para conseguir sus fines políticos en busca del comunismo. Es un cambio lingüístico importante de la concepción de la sociedad sobre la violencia política.

¿A qué época se remontan los orígenes del terrorismo en el Perú?

En la segunda mitad del siglo XIX se registraron varios episodios de violencia política. El 26 de julio de 1872 fue asesinado el presidente José Balta. Y el 16 de noviembre de 1878 mataron al exmandatario Manuel Pardo. En la misma época fueron los sucesivos levantamientos con enorme violencia de Nicolás de Piérola. Los especialistas podrían referirse a dicha época. En el siguiente siglo, con la aparición de los partidos de masas, la violencia política creció. Por un lado, el asesinato del presidente Luis Sánchez Cerro, la persecución y encarcelamiento de apristas y comunistas, la revolución y los fusilamientos de Trujillo de 1932, el asesinato del director del diario El Comercio, Antonio Miró Quesada de la Guerra, y su esposa María Laos Argüelles, en 1935, en fin. Antes de Sendero Luminoso, la violencia política fue muy frecuente.

No es frecuente que una institución militar como la Marina emita un comunicado contra un ministro de Estado y que origine su salida. ¿Cuál es su interpretación?

Debemos tomar en cuenta que Sendero Luminoso enfrentó a la Marina de una manera más cruel y personalizada. La confrontación fue mucho más tenaz y violenta. A diferencia de otros institutos armados y de la policía, los senderistas dirigieron sus asesinatos selectivos contra altos mandos navales. No sucedió con el Ejército. Fue el MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru) el que ejecutó al general EP Enrique López Albújar. Pero hubo más caídos en la Marina. Mataron a los almirantes Carlos Ponce Canessa (5 de mayo de 1986), Gerónimo Cafferata (26 de octubre de 1986), y al comandante Juan Vega Llona (6 de diciembre de 1988), quien participó en el debelamiento del motín en El Frontón, en 1986. Entonces, tenemos a una institución naval que ha tenido muchas bajas por su participación en la lucha contra Sendero Luminoso y por lo tanto es muy sensible sobre el tema del terrorismo.

Atentado. Terroristas senderistas asesinaron al almirante Carlos Ponce Canessa en 1986. Foto: La República

Sin embargo, a diferencia del Ejército, la Marina no ha publicado su versión sobre el conflicto armado. El Ejército reunió a un grupo de especialistas y elaboró el informe “En honor a la verdad”. En cambio, la Marina, que cuenta con importantes historiadores, no lo ha hecho. ¿Cuál es su interpretación? Solo se conoce un ensayo del historiador Jorge Ortiz.

A veces es más fácil para una institución decir su versión por intermedio de oficiales retirados. En el caso de la Marina, el historiador, capitán de fragata Jorge Ortiz Sotelo, ha publicado no una historia de la participación de la Marina en la guerra contra Sendero Luminoso sino algo sobre la Infantería de Marina. No es un relato como en el caso del Ejército sino una interpretación. Ortiz sostiene que los gobiernos abdicaron de su responsabilidad de dar dirección política a la guerra y que trasladaron la responsabilidad a las Fuerzas Armadas. Y que, no siendo políticos, se encontraron con que tuvieron que tomar decisiones políticas. Esta es una de las razones por las que se tardó en ganar la guerra, lo que significó un alto de costo de vida, errores, excesos, y otros problemas. Se trata de un emplazamiento a la clase política por su responsabilidad. Pero, sí, la Marina cuenta con destacados historiadores, y podría haber elaborado su propia versión de lo sucedido.

¿El incidente de Béjar no ha “institucionalizado” el “terruqueo” como arma política para descalificar a un oponente?

Sin duda, se descalifican los ideales, métodos y prácticas de Sendero Luminoso, y en el mismo paquete se incluye a la lucha contra la violencia estructural, la injusticia social. Eso es cierto. Las protestas son demonizadas como terrorismo. Pero eso no viene solo de algunos sectores de la Marina. Se identifica a la Marina con la derecha radical, pero no siempre ha sido así.

Veinte años después de terminado el conflicto, el terruqueo persiste. ¿Se debe a que no ha habido reconciliación nacional después de la guerra?

Que no ha habido reconciliación después de la guerra, es un hecho. El terruqueo es una costumbre muy vieja. En 1963, cuando Fernando Belaunde Terry postuló a la presidencia, los seguidores de Manuel Odría publicaban avisos en los periódicos en los que lo terruqueaban, señalándolo falsamente como agente del comunismo internacional. Como también en los años 40 y 50 el Apra fue considerada una organización terrorista, y ahí están los folletos del gobierno de la época que así lo señalan. El terruqueo es vieja costumbre porque agita un miedo al comunismo y el comunismo, según este pensamiento, amenaza a la propiedad privada. Esto se ha repetido muchas veces y la ausencia de reconciliación ha agudizado algo que siempre ha existido. Ahora cualquier propuesta rosada es tachada de terrorista.

(De izquierda a derecha). Almirante Gerónimo Cafferata Marazzi, asesinado en 1986; y contralmirante Juan Vega Llona, ejecutado por terroristas en Bolivia, en 1988. Foto: difusión

“El Gobierno dejó solo al exministro Héctor Béjar”

¿No es peligroso que se haya abierto una puerta para que cualquiera sea juzgado por lo que dijo en el pasado?

Por supuesto que sí. La puerta que se ha abierto permite que mañana cualquiera que haya opinado contra las “instituciones tutelares” no pueda asumir cargos públicos. Y en el caso de Héctor Béjar, sus opiniones fueron de ayer nomás (24 de noviembre del 2020). Yo lo conozco, he sido asesor de su tesis de doctorado, y puedo dar fe de su honestidad intelectual. Siempre ha sido muy franco y esa franqueza lo llevó al cadalso. Pero lo que le sucedió a él se podría repetir en otros casos.

¿Qué le pareció el comunicado de la Marina sobre lo que había dicho Béjar hace casi un año?

El tono es muy airado. Y me sorprende porque no sucedió lo mismo durante el gobierno de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Incluso han sido airados con las caricaturas de Carlín (Carlos Tovar Samanez, de La República). No hemos visto un comunicado de la Marina tan airado como en la época del fujimorismo.

En ese periodo existieron varios casos de corrupción y el sometimiento naval a Fujimori fue evidente.

Claro, pero no salió ningún comunicado. Pero sí saltan con una caricatura.

¿Fue un error designar a Béjar como canciller?

Béjar era un ministro para un gobierno que ha ganado una mayoría nacional, pero estamos hablando de un gobierno que llegó al poder con las justas. El honorable perfil de Béjar no era adecuado para el momento que vive el país.

¿Se aprovecharon de su nombramiento como canciller?

Efectivamente, y lo peor de todo es que lo dejaron solo. Nadie lo defendió. La derecha vio que era un flanco débil y ahí centró el ataque para quebrar al Gobierno. Pudo el Gobierno exigir que se le permitiera ofrecer explicaciones, que argumentara lo que dijo. Lamentablemente, no fue así.

Héctor Béjar ha recibido apoyo en sus redes sociales tras dimitir como ministro. Foto: Aldair Mejía/La República

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