Siempre con el pueblo en el camino de Haya de la Torre

Política LR

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06 Oct 2020 | 21:29 h
Haya de la Torre presidió la Asamblea Constituyente de 1979. Foto: Archivo del Congreso
Haya de la Torre presidió la Asamblea Constituyente de 1979. Foto: Archivo del Congreso

Los militantes, simpatizantes apristas y ciudadanos firmantes de esta declaración comprendemos, nos unimos y solidarizamos con la lucha del pueblo por sobrevivir, así como por la realización de un cambio profundo para lograr la justicia social en nuestra golpeada nación.

Millones de peruanos libran hoy ese combate heroico al enfrentar la muerte, el hambre y el desempleo, organizándose en las ciudades y el campo, sabiendo que el orden económico actual es injusto y conlleva a la protesta social.

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Los apristas —más allá de las fronteras del partido—, participan con todo su corazón en esta lucha y son parte de las multitudes que quieren reconstruir con justicia y trabajo nuestra sociedad.

Levantan su voz en contra de la desigualdad y la exclusión de una globalización que beneficia al capital más que al trabajo. Por eso su protesta y una voluntad de cambio que tiene nivel internacional.

Entendemos que la pandemia amenaza a la especie humana y significa un enorme reto para la civilización. Millones de contagiados, centenares de miles de muertos, ponen a prueba la capacidad de los sistemas políticos y económicos para responder a la gravedad de la crisis.

La enfermedad muestra en el Perú las carencias del modelo neoliberal impuesto por la dictadura de Alberto Fujimori en 1993, que se perpetúa hasta nuestros días.

El sistema de salud precarizado por las políticas privatistas resulta incapaz de atender la urgencia causada por el virus. Las cifras oficiales de fallecidos, ya de por si desastrosas, parecen duplicarse de acuerdo a las propias fuentes gubernamentales.

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Medio año de emergencia sanitaria dio al traste con el supuestamente exitoso modelo económico. Millones de peruanos quedaron sin empleo, desamparados sin mayor protección, ante las políticas públicas claramente limitadas e insuficientes.

La consecuencia de ser un país mal constituido sale a luz descarnadamente. La carta política que la dictadura promulgó tras un referéndum fraudulento en 1993, trajo como consecuencia que más del 70% del trabajo del país sea ilegal o informal, que apenas un 20% de la población económicamente activa labore bajo contrato o que arrastremos un deficiente régimen tributario, evadido o eludido frecuentemente por los más ricos. Encima el privilegio del lucro devino en una gigantesca e imparable corrupción.

La pandemia expone el deterioro de la salud, la educación, la seguridad social, la limitada infraestructura en transportes y comunicaciones, así como la perdida de la vivienda como derecho fundamental. En tanto el gobierno y congreso son inoperantes e incapaces de brindar solución a los problemas mas urgentes.

Somos conscientes de que el Partido Aprista Peruano, surgido en la historia desde la lucha por las ocho horas, la reforma universitaria y la libertad de conciencia, debe recuperar el sitial que le corresponde como la gran fuerza de izquierda democrática al servicio de las causas populares, para rescatar los principios sociales fundamentales consagrados en la Constitución de 1979, firmada por nuestro jefe y fundador Víctor Raúl Haya de la Torre. Constitución que hoy mismo inspira y estudia el socialismo chileno para cambiar la carta de la dictadura de Augusto Pinochet, a través de un plebiscito nacional que se realizará el próximo 25 de octubre del 2020.

Ello significa plantear un estado de derecho, social y democrático, que permita generar las condiciones para que los derechos fundamentales se hagan realidad. Por tanto se trata de formar un Estado constituido a partir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas —como consagra la constitución firmada por Haya de la Torre– que se orienta a ofrecer bienes públicos, como salud, educación, seguridad social, de alta calidad, además de apuntar a una renta básica universal.

La situación exige cambiar el carácter subsidiario del Estado, puesto al servicio de los monopolios y los oligopolios, por otro, social y democrático, que propicie una economía competitiva y diversificada, el respeto a la propiedad privada, que garantice la inversión extranjera en beneficio de todos los peruanos, que luche contra los efectos negativos del cambio climático, por la igualdad y las libertades individuales.

En la huella de nuestros fundadores, de los miles de mártires —apristas y no apristas— caídos en las luchas contra las dictaduras y los grupos de poder, nos reafirmamos en los principios legados por Víctor Raúl, cuyo último y definitivo legado fue la Constitución democrática de 1979.

Lima, octubre de 2020

Javier Valle Riestra

Agustín Haya de la Torre

Hugo Otero Lanzarotti

Gustavo Saberbein Chevalier