Un país corrupto y contento

La corrupción es profunda pero la justicia va avanzando.

Augusto Álvarez Rodrich.
28 Nov 2019 | 6:10 h

El que casi no haya semana, desde hace al menos un par de años, en la que no se revele un nuevo caso de alguna autoridad o exautoridad corrupta, o en la que no se añada nueva información sobre personas que ya están embarradas hasta el cuello, puede producir desesperanza en los ciudadanos, pero no debe perderse de vista el otro lado de la moneda: en el Perú, a diferencia de la mayoría de países de la región, están cayendo varios peces gordos.

Se puede sostener que esa no ha sido la costumbre en el Perú, es decir, que acá solo caían las pirañitas, pero nunca esos peces gordos que todos saben quiénes son así como su carácter de ‘intocables’, y es probable que eso aún sea bastante cierto, especialmente si se presta atención a la composición de la población penal del país, pero la verdad es que, con el nuevo siglo, han empezado a suceder avances en la justicia que han empezado a rozar a la gente percibida como con más poder.

Desde que el fujimontesinismo colapsó a inicios de este siglo, llevando en los años siguientes a la cárcel al triunvirato más poderoso del país conformado –en este orden jerárquico– por Vladimiro Montesinos, Alberto Fujimori y Nicolás Hermoza, los peces gordos ya no van tan tranquilos.

Junto con ese trío fueron a la chirona varias otras personas, y cuando se pensaba que los políticos peruanos habían aprendido la lección del riesgo que corren si mantienen invicto su entusiasmo de antaño por la corrupción, empezaron a llegar novedades que confirmaron que, en su afán por el robo al tesoro, nada los detiene.

Pero junto con la sensación legítima y justificada de que el Perú es un país muy corrupto, está la constatación positiva de que la justicia le está respirando en la nuca a expresidentes de la república, congresistas, funcionarios de alto nivel incluidos ministros, gobernadores, alcaldes provinciales y distritales, jueces, fiscales, abogados, empresarios, militares, en fin, a muchas personas que antes era difícil siquiera llevarlos a declarar ante un fiscal.

Parafraseando a la comedia de Lope de Rueda Cornudo y contento, el Perú puede ser un país Corrupto y contento. Hay muchos choros, pero varios están yendo a la olla de una justicia que tiene hoy un gran desafío pendiente.