Ama sua

“Aquí en Cusco no tenemos candidatos. Todos están embarrados por la corrupción”.

Roberto Ochoa
23 Oct 2019 | 0:37 h

Lunes, 9 de la mañana. Mi cita es media hora más tarde pero decidimos tomar un taxi hasta la puerta de Santo Domingo-Qoricancha.

Estamos en la cresta de San Cristóbal. No me fijo en la placa del coche pero recuerdo su color gris metálico. El color más abundante. Es un compacto de cuatro puertas. La ruta es un tobogán hasta que nos detiene el tráfico vecino a la plaza mayor del Cusco. El chofer parece un tipo amable que escucha RPP. Más que los sucesos en Chile comentamos la alianza Verónica-Cerrón. Si juntamos a los dirigentes de la izquierda tenemos cien años de cárcel. Reímos. Sólo se salva Aduviri, enjuiciado no por corrupto sino por levantisco. Y hasta Antauro está en desgracia por lo que hizo su hermano. Aquí, en Cusco, no tenemos candidatos. Todos están embarrados por la corrupción. Odebrecht también hizo de las suyas en la antigua capital inca.

Voy a llegar veinte minutos antes a mi cita y decido bajar del taxi para gozar una caminata matutina por el centro de la llaqta-ombligo. No hemos caminado ni media cuadra cuando nos dimos cuenta de que el iPhone se quedó en el taxi.

Corro hasta Santo Domingo convencido de que el taxista encontró el aparato y lo llevará hasta nuestro destino acordado. Los taxistas cusqueños son honestos, repito, casi como una conjura. Pasan veinte minutos y nada. Pregunto a un policía de tránsito y me dice que sin la placa nada puede hacer, salvo revisar los videos de las cámaras callejeras.

Ya es la hora de mi entrevista y me rindo a las circunstancias.

Señor taxista qosqoruna, devuélveme el iPhone de mi Mari y quédate con todo lo demás.