Nada que celebrar

Roberto Ochoa
14 Aug. 2019 | 05:18h

Seamos sinceros. Una mano en el pecho y la otra en el bolsillo derecho: los únicos ganadores con el caso Tía María son la banda de “nacionalistas” (así, entre comillas) dirigidos desde prisión por Antauro Humala. Y no es que se trate de defensores del medio ambiente. Todo lo contrario. No es amor al chancho sino al chicharrón que provocan. Ellos apoyan y brindan protección a los mineros informales desde Puno hasta las selvas de Amazonas, pasando por Madre de Dios y en el propio territorio de Arequipa. En Chala, por ejemplo, pululan las relaveras que contaminan a su antojo uno de los litorales más bellos del sur peruano. Ni el presidente regional arequipeño osa interrumpir la devastación que afecta Chala.

Lo patético es escuchar a los antauristas defender a la dictadura velasquista, un régimen que no respetó el medio ambiente y sólo apostó por la producción minera a la mala. Y no había prensa libre para denunciarlos. Muchos comuneros en Cerro de Pasco o en La Oroya terminaron presos por “antirrevolucionarios” y por denunciar la contaminación provocada por la minería nacionalizada. Lo peor es que hasta ahora no sabemos qué hacer con los pasivos ambientales heredados del velasquismo.

En todo caso, los grandes perdedores con el caso Tía María son los arequipeños. Este 15 de agosto no tienen nada que celebrar. Ellos son los que eligieron a su presidente regional y sólo atinaron a esgrimir argumentos racistas sobre la “invasión” puneña... cuando sabemos que todo arequipeño que se respeta también tiene de inga, de mandinga y de aymara.