
Que Elon Musk, huésped frecuente de la Casa Blanca, esté utilizando su empresa de comunicaciones Starlink para neutralizar a los soldados ucranianos en el campo de batalla es una bajeza. Es obvio que son instrucciones de Donald Trump, quien necesita el petróleo diésel ruso para avanzar algo en las elecciones de noviembre próximo.
Donde más revela Trump su calaña de traidor es en Ucrania. Ofrece negociaciones de paz con Rusia que no son sino aperturas del campo para los negocios de su familia. Limita el acceso de armas de EE. UU. a Kiev y, ahora mismo, le dicta a Volodímir Zelenski no atacar refinerías rusas u otras plantas de energía.
De modo que ahora Ucrania debe seguir la guerra con su jefe supremo cuestionado desde Washington y las manos atadas a la espalda. Todo para que Moscú le venda diésel a EE. UU. y así tranquilice a los votantes de ese país, cada día más inclinados hacia el Partido Demócrata. Sin duda, es una sucia triangulación política.
Para mitigar la pestilencia del acuerdo diéselero, Trump anunció una tregua en Ucrania. Pero los rusos han seguido disparando contra los ucranianos, mientras las compras estadounidenses de diésel le facilitan a Rusia seguir adelante con su guerra. Lo cual, a su vez, es una pésima noticia para la Unión Europea.
A la luz de lo que viene pasando, no sorprendería que mañana Washington cambie de bando y tome partido por la Rusia de Vladímir Putin contra el sector UE-OTAN. Así, EE. UU. se está volviendo un imperio de rapiña. En esta semana comenzó el intento de arrebatarles a Chile y otros países sus respectivas partes de la Antártida.
Volviendo a Ucrania, la lección parece ser que los países medios o chicos no deben enfrentarse a un imperio. Para Kiev, hoy Washington, Moscú y Pekín son enemigos más o menos embozados. Como va la cosa, Europa va a tener que buscar a sus aliados en el Tercer Mundo, aunque ese es un espacio trufado de agentes coloniales.
Con el avance de la derecha pro-Trump, América Latina está condenada a retornar al statu quo de antes de la Segunda Guerra Mundial: sin soberanía, sin ONU, sin justicia internacional, todo manejado por satrapías de diversos grados, para quienes todos los caminos conducen hacia el norte, donde conviven el palo, la zanahoria y la puñalada, claro.

El uso de Starlink por parte de Elon Musk en Ucrania genera tensión política, vinculándose a decisiones de Donald Trump sobre energía y elecciones.

León XIV podría ver demorada su visita a Perú debido a su cirugía pulmonar, lo que generaría cambios políticos.

"El racismo es típico vicio de personas poco seguras de su condición occidental, y con toda razón. Aún más típico entre quienes no se consideran racistas"

El reciente altercado en el hemiciclo peruano, entre el general EP (r) y el senador vinculado a Movadef, refleja tensiones históricas que aún perduran en el país.

Los promotores más notorios de esto suelen ser los partidos de la extrema derecha, convencidos de que ejecutar desanima al criminal en potencia. No es lo que dice la experiencia, y menos la de EE. UU..