El antídoto, por Mirko Lauer

"El Congreso de la desigual alianza Fujimori-César Acuña-Vladimir Cerrón ha emprendido una ruta parecida a la del Congreso de la mayoría absoluta (73 curules) en el 2016". 

MIRKO
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Keiko Fujimori está empezando a reconstruir y fortalecer al monstruo que la devoró en tres ocasiones. Cuando despierte de su ilusión presidencialista, el antifujimorismo va a seguir aquí, quizás más fuerte que siempre. El fenómeno parecía pasajero, pero hoy se sabe que no es así, pues es el propio fujimorismo el que lo fabrica.

El Congreso de la desigual alianza Fujimori-César Acuña-Vladimir Cerrón ha emprendido una ruta parecida a la del Congreso de la mayoría absoluta (73 curules) en el 2016. Solo que ahora no hay que buscar el avasallamiento del Ejecutivo, pues este ya llegó presometido. El juego de Dina Boluarte es hacer lo que le pidan, y después ya se verá.

La imagen de un Congreso que avanza con Palacio en el bolsillo hacia la captura del Poder Judicial y el sistema electoral se ha constituido de inmediato en un horizonte de crisis. La evocación de los fiscales, jueces y funcionarios electorales de Vladimiro Montesinos ha sido automática. El reclamo se ha difundido en poco tiempo.

En medio de todo eso el fujimorismo aparece como un pulpo de variados tentáculos: Boluarte y su man de la PCM, las ambiciones dinásticas de Acuña, los delirios leninistas de Cerrón, las diversas bandas ansiosas de impunidad, el exceso mediático de la extrema derecha religiosa y laica, los voceros del susto empresarial.

Frente a semejante cargamontón el antifujimorismo es una reacción natural, como lo ha sido en todas las ocasiones en que salió a relucir. Facilita las cosas que Pedro Castillo haya liquidado la idea misma de gobierno ultraizquierdista, que Perú Libre se haya pasado al fujimorismo, y que los problemas de Fujimori con la justicia sigan.

De otra parte, la insistencia de la alianza fujimorista (la ostensible y la tácita) en atacar a los que llaman caviares indica a las claras que necesitan un punto de confluencia para mantener la sociedad. Pues esa alianza es un negocio para liquidar el centro político y sus valores, para luego pasar al reparto del Estado. Aunque no todos tienen acciones tipo A.

¿Es inevitable el antifujimorismo? Superar el antiaprismo tomó varios decenios y cambios de fondo en la personalidad del propio Partido Aprista. Aun así, la tirria al Apra se mantiene en los bordes de la política. El fujimorismo no ha cambiado desde el primer día.