Kuélap, una nueva oportunidad, por Mirko Lauer
"Vuelve a estar sobre el mapa turístico uno de los paseos arqueológicos más interesantes del país, clave para la economía de Amazonas".

La reapertura de Kuélap es una estupenda noticia, pues parecía que ella nunca se iba a producir. La recuperación es parcial, pero una parte grande y significativa de la ciudadela ha vuelto a ser visitable. Vuelve a estar sobre el mapa turístico uno de los paseos arqueológicos más interesantes del país, clave para la economía de Amazonas.
Los trabajos de remediación y refuerzo van a seguir por un buen tiempo, pero para todo fin práctico Kuélap está otra vez operativo, lo cual a su vez pone en valor todo el archipiélago de restos que cuentan la historia de una cultura que combatió a los incas y que se fue apagando más o menos al mismo tiempo que ellos. Aunque Kuélap es 500 años anterior a Machu Picchu.
La ciudadela exige más trabajo, pues los deslizamientos que causaron su clausura han sido parte del aumento en las lluvias sobre la zona, y por tanto parte de un proceso que no se va a detener. El cambio climático está exigiendo el paso a otro tipo de drenaje en muchos puntos sensibles del territorio. Los parches improvisados serán barridos por las aguas.
Cuando se produjo la catástrofe en algunos de sus muros, Kuélap ya ocupaba el centro de un desarrollo turístico de enorme importancia, con un circuito de restos culturales Chachapoyas, una bella capital colonial del mismo nombre, un museo en Leymebamba y la gran cascada de Gocta, entre otras atracciones. Todo eso venía creciendo a un ritmo acelerado.
Pero con Kuélap restaurado, ese turismo se está reencontrando con sus problemas previos a la clausura. Sobre todo, tiene Amazonas un déficit de comunicación con las corrientes del turismo. El aeropuerto más cercano, en Jaén, está a 200 km, dos horas en auto, casi cuatro en bus. También tiene problemas con las lluvias.
De otra parte, en ningún momento fue suficiente la oferta hotelera de la zona.
La historia de la incuria frente a la ciudadela merece ser explorada. Mientras se avanzaba en la instalación del teleférico para modernizar y abreviar el ascenso, se iba descuidando el monumento arqueológico que justificaba la obra. Sorprende que nadie hubiera advertido las señales del deterioro en marcha. Hace pensar en el resto del patrimonio cultural peruano.
















