Informalidad laboral crece

El Perú se constituye en la segunda tasa más elevada en Latinoamérica, según la OIT.

Un informe de la OIT señala que el Perú, después de la pandemia y cuando parecen estar estabilizándose las cifras y ubicándose como en tiempos de la prepandemia, sigue con una tasa alta de empleo informal: 75%. Entre las mujeres, el umbral es del 80% y, en el caso de los hombres, el 70%, ocupando empleos precarios y sin calidad.

Aunque estudios realizados han permitido establecer la grave afectación sufrida por las mujeres durante la pandemia, el informe Panorama Regional, que se realiza periódicamente desde hace 30 años, permite evaluar que la recuperación del empleo en el 2022 fue más intensa entre las mujeres que entre los hombres, y entre jóvenes que entre los adultos. Pero las brechas estructurales por género y por edad siguen presentes en los mercados laborales.

Según cifras regionales, una de cada dos personas ocupadas en la región está en calidad de informal. Trabajar en esta condición suele complementarse con inestabilidad laboral, bajos ingresos, sin protección social. Este indicador fue señalado por la directora regional de la OIT para América Latina y el Caribe, Claudia Coenjaerts, quien recalcó que los problemas centrales que se están percibiendo fuertemente en el inicio del 2023 son la caída en la calidad del empleo y los insuficientes ingresos laborales.

Según estimaciones de la OIT, “los trabajadores informales tienen entre 3 y 4 veces más probabilidades de ser pobres que los trabajadores formales, a la vez que explican entre 70 y 90 por ciento de la pobreza laboral total”.

Adicionalmente, el informe advierte que los ingresos reales de personas trabajadoras en la región están siendo afectados por una tasa de inflación regional que se habría ubicado por encima del 8 por ciento en el 2022 y que causó una pérdida del poder adquisitivo de los salarios.

Por ello se está presentando lo que se denomina “el fenómeno del trabajador pobre”, quien forma parte de los sectores menos favorecidos pese a tener una fuente de ingresos incluso formal. Se calcula que, en los hogares de la región, “los ingresos laborales representan el 80 por ciento de los ingresos de las familias”, y por eso son esenciales para entender las entradas y salidas de personas en situación de pobreza. Por ello, no existe otra solución que generar empleos de calidad que ayudan tanto a combatir la pobreza como a incidir en el desarrollo.