Irma Del Águila

Irma Del Águila

Por ahí
Socióloga y narradora. Exdirectora académica del programa “Pueblos Indígenas y Globalización” del SIT. Observadora de derechos humanos por la OEA-ONU en Haití. Observadora electoral por la OEA en Haití, veedora del Plebiscito por la Paz en Colombia. III Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro por “El hombre que hablaba del cielo”.

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Para cuándo la política

Vladimir Lenin en “La enfermedad infantil del izquierdismo” fustigaba duramente a la izquierda alemana que resistía una alianza con la socialdemocracia.

El proyecto de ley que, en buena cuenta, se tumba a la Sunedu y mella seriamente la reforma universitaria, fue aprobado por abrumadora votación en el Congreso, 68 contra 39. El estropicio legal, presentado por Jorge Montoya, Esdras Medina, Waldemar Cerrón y otros, expone en toda su crudeza una ofensiva fuji-renovación-cerronista contra el país.

Lo segundo a destacar es la orfandad de los 39, un bloque parlamentario minoritario empecinado en defender reformas de Estado. Así las cosas, con fuerzas neoconservadoras y populistas concertadas y tomando la iniciativa, llama la atención que no exista en la escena nacional una convergencia política de voluntades para enfrentar tan adversa coyuntura.

En el Perú, las fuerzas políticas sumidas en su precariedad suelen seguir dos caminos: no asumir compromisos, más allá de acercamientos en momentos determinados para “sacar” una norma o coincidir puntualmente en esto y aquello. O comprar la peregrina idea de que los compromisos tácticos se construyen con el que se tiene al lado: entonces el aliado es aquel con quien quisiéramos “salir en la foto”, pensando en la militancia.

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Vladimir Lenin en La enfermedad infantil del izquierdismo fustigaba duramente a la izquierda alemana que resistía una alianza con la socialdemocracia, luego de la debacle que significó la I Guerra Mundial y la ofensiva militar y paramilitar contra los líderes de las revueltas políticas de 1918 y 1919:

“¡No es posible que los izquierdistas alemanes ignoren que toda la historia del bolchevismo, antes y después de la Revolución de Octubre, está llena de casos de maniobra, de acuerdos y de compromisos con otros partidos, incluidos los partidos burgueses!”.

“Compromiso” en una coyuntura concreta, delimitada en el tiempo, es algo que hacen constantemente los partidos en el sistema parlamentario europeo, sobre entendimientos puntuales. En Chile, la concertación es ancha, abarca al Partido Comunista y también a la socialdemocracia. Y ya no hablemos de Brasil, donde el PT de Lula ha sellado una pragmática alianza (no exenta de críticas) con el candidato de centro derecha Geraldo Alckmin, un cierra filas, sostiene, para derrotar a Bolsonaro y el embate de la extrema derecha.

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En el Perú, las fuerzas políticas parecen condenadas al inmovilismo de sus consignas que sirven más para asegurar lealtades en el “frente interno”. Defender la bandera de una asamblea constituyente, por ejemplo, es una consigna que merece defenderse, sí, pero en el terreno de la política, más allá de los puros deseos (“esto no va más”, “el pueblo votará esta vez por el cambio”, etc.). Siempre que se esté dispuesto a tomar decisiones políticas marcadas por la concreción, la correlación de fuerzas, el diálogo y los acuerdos contingentes, donde se gana y se pierde.

La “impaciencia”, argumentaba el revolucionario Engels, no es un “argumento teórico”, desafortunadamente. Eso no basta para hacer política. Nunca bastó.