Rosa Palacios

Rosa María Palacios

Contracandela
Lima, 1963. Abogada por la PUCP y Máster en Jurisprudencia Comparada por la Universidad de Texas en Austin. Su área de especialización es el periodismo político y divulgación jurídica con más de veinte años de experiencia en televisión, radio y prensa escrita. Es docente de la PUCP en la facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación.

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La trama se complica

“Lo único que a esta hora frena la vacancia navideña es decidir la transición. ¿Boluarte renuncia o se queda? ¿Por cuánto tiempo? ¿Vamos a elegir nuevo Congreso? ¿Cuál es el cronograma?”.

A estas alturas a todos les debe haber quedado claro que el gobierno de Pedro Castillo no tiene ninguna posibilidad de ser un gobierno revolucionario que instale una dictadura comunista. No porque no quiera, sino porque simplemente está fuera de todas sus posibilidades. En 120 días Castillo ha dejado en claro que no es capaz de organizar ni una pachamanca.

Pocas veces se ha visto tanta incompetencia porque hasta para robar son torpes. Los incidentes que rodean a Bruno Pacheco, el secretario favorito, son de una chabacanería digna de un sainete. Todo lo que se pueda decir sobre la incompetencia para manejar el país, se ha dicho y si bien la lista ya es larga, puede ser interminable. Parecía que Mirtha Vásquez podía darle a Castillo una breve primavera, pero su torpeza con la minería la destruyó. Ya no hay vuelta atrás.

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La capacidad del Ejecutivo de hacer daño, tanto a la política como a la economía, se ha visto limitada por la Constitución, la ley, los contratos, la prensa, el sistema de justicia y el Congreso. Guste o no, son el Estado de derecho y la sociedad los que mantienen a raya todos los alardes que por una razón u otra pretenden violar la Constitución, la economía social de mercado o las libertades fundamentales. La amenaza de una asamblea constituyente, la violación de contratos, las designaciones de impresentables, todo se ha parado a tiempo. Pero, si bien se pueden parar los desaciertos, no se consigue crear nada. Un país necesita construirse sin pausa.

El gobierno de Castillo carece de cuadros, de aliados, de programa y, lo que es peor, de propósito. Su método es el error grosero, el silencio y la enmienda tardía con victimización. Este fin de semana intenta, tal vez por última vez, conseguir un salvavidas en el Congreso. Las reuniones con los que lideran las agrupaciones políticas con presencia en el Parlamento debió sostenerlas en junio, si sabía que no tenía mayoría para gobernar y que las veinte curules que controla Vladimir Cerrón de poco le iban a servir si este no lo dejaba pactar con nadie.

La oposición manifiesta y promotora de la vacancia, con 43 votos de FP, Avanza País y RP, es la misma del cuento del fraude. Ya tomó una decisión irrevocable y van, desde el primer día, por la vacancia. Nada hay que Castillo pueda ofrecerles. La plantilla es la misma que se usó con PPK y Vizcarra. Un par de portadas estridentes y darle diario al tema de la corrupción. Para que funcione como con PPK, se necesita contar con la impopularidad del presidente (error que cometieron con Vizcarra) y que este colabore con su absoluta torpeza a ser detestado. Castillo tiene una aprobación nacional de 25% (IEP) lo cual es un desastre, pero baja a solo 16 puntos en Lima, la plaza de mayor movilización social. Los vacadores cuidarán de no aparecer como unos abusadores para que no se les pida que “se vayan todos” al día siguiente. La vacancia pasará, otra vez inconstitucional, con un Tribunal Constitucional de perfil.

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A esta hora, la suerte de Pedro Castillo está en manos de César Acuña, Raúl Diez Canseco y en menor medida de José Luna Gálvez y Vladimir Cerrón, aunque es casi seguro que este lo traicionará si ofrece cualquier cosa a los tres primeros. Castillo solo cuenta con 5 votos que le pone Mendoza, tal vez 3 morados (por institucionalistas) y los 17 maestros que él llevo. Hasta los 6 de Somos Perú podrían votar por la vacancia. ¿Qué les puede ofrecer a APP y AP? ¿Un gabinete? ¿Un cogobierno? Esos partidos no tuvieron problemas en vacar a Vizcarra, que con todos sus defectos, no tenía los de Castillo. ¿En serio hay algo que negociar?

Lo único que a esta hora frena la vacancia navideña es decidir la transición. ¿Boluarte renuncia o se queda? ¿Por cuánto tiempo? ¿Vamos a elegir nuevo Congreso? ¿Cuál es el cronograma? La vacancia fue, es y será inconstitucional, pero eso parece importar poco. Castillo ha colaborado tanto con su salida que esta parece inevitable. Pobre mi país. La anarquía republicana sigue entre nosotros y, tal vez, por mucho tiempo.