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Chile: más preguntas que respuestas

“Quizá la respuesta es que estamos frente a una crisis de paradigma, sobre todo en Occidente. El neoliberalismo está en crisis terminal desde el 2008...”.

En las elecciones del domingo, el candidato de la ultraderecha, José Antonio Kast obtuvo el 27.9% frente al 25.8% del candidato de Apruebo Dignidad, Gabriel Boric; ambos definirán la Presidencia dentro de 3 semanas. Así, quedaron derrotadas las fuerzas que ocuparon el escenario político desde 1990, después de la victoria del no a la Constitución de Pinochet.

Dos años antes era otra cosa. En octubre del 2019 hubo millones en las calles que decían: “No son 30 pesos, son 30 años”. Ese humor llevó a que las fuerzas “independientes” y de izquierda ganaran, en mayo, las elecciones para redactar una nueva Constitución y donde la derecha no pudo obtener el 30% de escaños para bloquear cambios de fondo.

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Una pregunta es el por qué el cambio de ánimo. Dice Carlos Ominami que está preocupado pero no sorprendido, que después del carnaval ha venido la resaca, que después de propuestas de cambios radicales vuelve un sentido de orden, que se le ha regalado a la derecha el tema del narcotráfico, la violencia y la inseguridad.

Todos ellos temas recogidos por Kast, quien, a la Trump y Bolsonaro, acusa a los migrantes de la violencia (“hay que construir una zanja en la frontera”), plantea la derogatoria del aborto, la disolución del Ministerio de la Mujer y rechaza los derechos humanos. Claro, también rechaza los cambios económicos que se discuten en la Convención Constitucional.

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Daniel Matamala plantea una “geografía cultural”. En EE. UU. las ciudades votan por los demócratas y las áreas rurales por Trump por un miedo y rechazo al cambio. En Chile el voto rural se fue por Kast (está contra “las amenazas” del feminismo, el lenguaje inclusivo, el veganismo y los derechos de los animales), mientras en las ciudades, donde ganó Boric, se aceptan esos nuevos valores. El norte de Chile puede, en parte, ser la excepción: allí ganó el populista Franco Parisi (12.8% de los votos), que no vive en Chile, tiene orden de arraigo por no pagar pensión de alimentos y podría ser el “gran elector” de la segunda vuelta.

Frente a esta polarización, si bien ciertamente hay una clara crisis del modelo neoliberal en lo social y lo económico, otra pregunta es ¿cuál es la fórmula de su reemplazo? Ciertamente no lo que dijo Sebastián Depolo, socio de Apruebo Dignidad: “Vamos a meterle inestabilidad al país porque vamos a hacer transformaciones importantes”, lo que fue desaprobado por el propio Boric.

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Otra pregunta: ¿cuál es la capacidad de los mecanismos institucionales en Chile para superar la crisis política, gane quien gane? La nueva Constitución tiene que ser aprobada por plebiscito en el I Semestre del 2022 y Kast ha manifestado su desacuerdo. Ojo, si no se aprueba seguiría rigiendo la de Pinochet de 1980.

Una cosa queda clara. Esos mecanismos están agotados (o casi) en el Perú, donde la polarización de la ultraderecha en el Congreso se sale, un día sí y el otro también, de la institucionalidad y solo pide vacancia. Todo lo cual nos lleva a preguntarnos por el impacto de las elecciones chilenas en la región, donde también se aprecia polarización en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y, también viene, en Colombia.

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Quizá la respuesta es que estamos frente a una crisis de paradigma, sobre todo en Occidente. El neoliberalismo está en crisis terminal desde el 2008, cuando la Gran Recesión demostró que no hay tal cosa como los mercados autorregulados: igual entran en crisis y generan desigualdad. Una salida sería que esta crisis de paradigma nos lleve, de manera más dialogada y conversada, a otros enfoques, con una nueva definición de roles para el mercado y el Estado, como en el Sudeste Asiático.

Más allá de esta última “digresión economicista”, esperemos que el próximo 19/12 en la cuna del neoliberalismo se derrote al ultraderechista Kast, para lo cual Boric deberá encarar una apertura democrática y programática, más allá de sus propias bases. Esperemos que así sea.